Rekia la gaia

Por que con platita baila el monito, y con autito hay minitah, porque con autito el tio me lleva a la clínica cuando me enfermo.

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Violencia Rivas

Éste, su semanario neo-con para el nihilista cool de hoy, “Nefasto”, simpatiza ampliamente con aquello que Michel Houellebecq llamaba la ampliación del campo de batalla. En palabras menos elegantes que las que usó el francés -si es que existen formas más inelegantes comparado a como lo hizo el franchute -la ampliación del campo de batalla provocó que la lucha de clases se haya extendido de lo meramente económico, a lo social, a las relaciones interpersonales, románticas incluidas. Es así como nos hemos devenido en meros consumidores de sexo; del sexo del otro, no sólo en la tele, sino en el cortejo. El cortejo no es más que cotizar y vitrinear; y encima llegan los teóricos de teorías raras donde les falta poco para concluir que culear es malo. Ah, no, ya lo hicieron.

No es extraño ver que en redes sociales para “ligar” como Tinder y otras, las fotos de perfil de sus miembros sean evoquen de manera recurrente viajes exóticos por el mundo, subidas a la montaña perro, deportes extremos, y un sinfín de alusiones que denotan tanto riqueza social, como material. El uso de estas imágenes en ritual de cortejo virtual nos debe llamar la atención sobre cómo la ostentación se ha hace presente al momento de buscar conseguir una pareja, o coito pasajero.

Al final, si no tienes plata, no tienes posibilidades de ver una vagina… salvo en internet. Si, hablamos desde la experiencia de los hombres heterosexuales, relativamente pobres, medianamente blancos desde una óptica ploma (acá nadie es rubiecito, pero ya que andan con el trauma del WASP), así que suponemos, SUPONEMOS, que desde otras opciones la cuestión puede variar… un poco. El punto es que con plata hay vagina y no hay discusión.

A esto denominamos el flagelo del Pene-Auto. Para desarrollar mejor este concepto, repasemos algunos momentos dolorosos comunes a todos*:

Recuerdan cuando eran más lolos y veían al cuma real o al rapero cuico (el primero con auto tuneado muy flaite, el otro con una camioneta 4×4) escuchando reggaeton en altos decibeles con 5 minas en el auto, mientras tú: pobre weón con bicicleta (antes andar en cleta no era moda, ni mojaba minas lana-hipster-feministasposmodernas, sino de weones pobres que no les daba ni para la micro, aunque un escalón más arriba del que se iba a pata, porque ni para bici tenía) se quedaba mirando; sentías que te despreciaban porque eras pobre y la mayor aspiración que tenías era elevar volantín en la privacidad de tu hogar hasta que tu mamá entraba a la pieza para avisarte que la once estaba lista y te cachaba y luego eras víctima de bullying familiar. Era muy triste.

Pero, ¿sabes que es más triste? El trauma del pene-auto no desaparece ni en la universidad, ni cuando eres mayor y comienzas a trabajar como un adulto funcional al sistema.

BROOOOM CON ESTO LEVANTO MINITA

Pasan los años con la idea de que con un título bajo el brazo, un sueldo medianamente decente y una salud mental que aun no depende de medicación podrás estar con una hermosa fémina que resistirá 2 embarazos consecutivos y, aun asi, seguira siendo deseable e interesante (con eso no hablamos de buscar una mujer sumisa, NO, al contrario, queremos que tenga el germen del feminismo, pero no tan desarrollado, al punto de que sea capaz de pegarte chirlitos en el pene). La realidad es sumamente contraria, porque te das cuenta que a pesar de jotearte a esa mina y  seas runner, biker, progresista, vegano, bailarín de tap pentacampeón, oyente de música medianamente decente, ELLA preferirá al viejo facho, feo, machista, verde, alcoholico, con disfunción eréctil, parrillero de 45 años que tiene una 4×4, 2 casas y un perro de raza extraña (preferentemente un bulldog inglés) descartandote por ser un pobre weon que sigue encalillado pagando el crédito universitario que pediste para financiar tu mediocre carrera que tiene poca demanda en el mercado (Ni hablar si estudiaste Derecho, porque tienes 27 años, sigues viviendo con tus papas y no das tu grado, restando la práctica profesional. Fracasaste en la vida amigo).

Uno cree que la solución a la mano esta en pedir un credito de consumo (No, amigos automotriz no, UPSO.CL me enseño que lo mejor es pedir uno de consumo pues los intereses son menores, el 32% en la tasa de intereses te maravilllara :D ) para asi comprar un auto (usado porque la reforma tributaria destruyo nuestras vidas mas aun, ¡SEÑORA BASHELE, RENUNCIE, HAGALO POR BONVALLET!) preferentemente un Corsa o un Yaris, para así poder invitar a esa mujer que te gusta a tomar un cafecito al barrio lastarria , pero, nuevamente, la realidad te golpea (con su megapene en tu cara): Las mujeres, con los años,  se vuelven más exquisitas por ende entre más caro el auto mejor, y como tu, pobre simio, no puedes pagar más que los modelos de autos antes mencionados nuevamente estas condenado a la derrota, la soltería y los cafés con piernas baratos.

La conclusión es: Debes esperar (Como diria Pedro Engel “El tiempo cura todo”), pagar tu crédito universitario totalmente a los 40 años (junto a la mediagua que el gobierno te entrego con un subsidio) y así juntar moneda a moneda para comprar un Jeep, ojala nuevo, luego de eso busca una mina de 25 recién egresada de U privada con buen cuerpo y caderas (son las más aptas para tener hijos) y cumple el sueño americanino, de pasada engorda como cerdo, deja la enfermedad mental del veganismo e invierte en escorts.

Este ha sido el análisis sociológico de Nefasto, en la próxima entrega veremos la otra cara de la moneda: El flagelo del pene auto en la periferia, donde Byron con su auto tuneado sedujo a Yadanira (en 20 años más las minitas tendrán nombre turco), ella era bella, hasta el 3er hijo producto de la escasa educación sexual y planificación familiar, lo que tiene como consecuencia directa un estado constante de sobrepeso y maltrato. Les esperamos!

 

*Sí, a TODOS, porque somos varones heterosexuales con piel clarita, al menos un poco más clara que los vecinos inmigrantes, aunque con el bronceado de transantiago como que el blanco se puso medio rojo.