¿Han cachado que a cada rato aparecen publicaciones de gente que muestran unos gatitos llenos de sangre y caca, o un perrito con las tripas afuera y apenas respirando, y ponen “encontré este perrito en las afueras de la feria de la catiumba, necesita hogar temporal, yo no puedo tenerlo”, comienzan a etiquetar gente y a poner “up” de forma insistente en los comentarios. A las horas notan que a nadie le importa un carajo el bicho moribundo. Uno lee la weá y piensa “bueno, ¿no será mejor que la naturaleza haga su trabajo? la parca ya pidió a ese animal y considerando que no hay recursos ni en la salud pública pedir caridad pública para un perro es un despropósito” pero no, el weón no se aburre, al contrario, se frustra. Comienza a escribir puras puteadas: “No es posible que no haya nadie que pueda cuidar a este perrito, ¿no tienen corazón?” (¿Y voh ctm, si lo encontraste tú y querís encaletarle el cacho a otro). O sino, se dedican a rescatar bichos y a gastar cientos de miles de pesos en veterinario para rescatar a un perro que no tiene vuelta cuando se podría ocupar eso en pienso para animales que al menos les deben quedar unos meses más de vida. Pero no, por algún motivo a esta generación se le olvidó cómo priorizar labores. Debe ser donde crecieron toda su vida convencidos de ser únicos y especiales, niños indigo que van a cambiar el mundo con sus acciones, grandes o pequeñas, componiendo canciones y haciendo trabajo voluntario, siendo que los problemas que atacan requieren políticas públicas de gran envergadura. En otras palabras, milenials reculiaos engrupidos que juran que pueden salvar el planeta comiendo porotos y compostando su caca. Aweonaos.