Principios de mes, y es tiempo de poner manos en el teclado y escribir los cuatro artículos que son excusa para decir “Nefasto aún vive”.
Ya hemos referido en reiteradas oportunidades sobre la teoría o magufada del ciclo de los cinco años. Lo que en 2011 se convirtió en la observación de una divertida coincidencia, se está convirtiendo, cinco años después, tal vez un tanto a la fuerza, en realidad: una nueva movilización de proporciones gigantescas se divisa en ciernes. Hemos de aplaudir que, por fin, se están adoptando medidas que van conduciendo estos esfuerzos no como consecusiones desordenadas de demostración de fuerza, sino como actos al unísono. Ciertamente, llamar a un “paro indefinido” a partir del jueves por parte del Confech no fue una estrategia apropiada -todas las casas de estudio tienen sus tiempos, y esperar que la totalidad de las escuelas universitarias llegaran al jueves en huelga era una quimera -pero se vislumbra por fin una salida: estrategia en el uso de las fuerzas.

De los hippies posmo al exaltado encapuchado. ¿Quién no querría besuquear a una colegiala? Lástima ya no tener quince años

Esperemos también haya prudencia en el uso de los tiempos.
Una movilización bien ejecutada, a falta de estrategias más creativas y certeras -al menos las que se pueden decir en público, sin espoilear -debe involucrar la totalidad de los actores comprometidos efectuando el inicio de la huelga al mismo tiempo. Todos, el mismo día. Por ahora quizás sea en la misma quincena, o en el mismo mes, y algunos deban restarse por sus circunstancias particulares. Tal vez eso les toque a los estudiantes de 2021.
Otra cuestión a tomar en cuenta, para que el ciclo de cinco años sea, es que la fuerza demostrada debe ser exorbitantemente mayor al del último evento. Esto se podría considerar dificil. Sin embargo, tras Chiloé, vendrá Atacama: por allí puede estar la respuesta a esta pregunta.
Bachelet se halla frente a un abismo. Se ha propuesto reformas a medias, que no satisfacen a nadie: la economía se ha echado a perder sin siquiera tocarla. Por que convengamos: no se ha tocado ni un pelo y dio señales de cansancio. Lo dijimos en una columna anterior: Bachelet recibía ya no el precioso botín de 2005, sino un estado esquilmado y sin capacidad de recuperarse. Así las cosas, no hay fondos para políticas contracíclicas, y para financiar la expansión de los derechos sociales haría falta ponerse firme hacia el gran empresariado y las explotadoras de recursos naturales. Bachelet quiere hacer la revolución con el puro IVA y eso es imposible.

Más preocupante es que hoy Bachelet, sabiéndose al borde del abismo, busque defenderse por vía de tribunales. Ella y su clase está perdida: hoy nadie halla en ninguno de los políticos profesionales la esperanza de conducir sabia y honestamente a Chile, abandonándonos al nihilismo (y a los pocos incautos que votan por tres kilos de pan). Por mucho que diga que ejerce su derecho de resarcirse de un daño ante tribunales como persona particular, el hecho es que es Presidenta de Chile, que usa a la maquinaria estatal para anunciar su querella, que su sola presencia implica una presión hacia tribunales. Tal como con su consorte Luksic, los Tribunales no harán sino demostrar miedo y dudas a la hora de conducir su querella.

¿Pueden los políticos alegar derecho al honor?

Baste adelantar que los hechos por los cuales se querella constituyen difamación, no calumnias. La difamación es atípica en Chile. Un tribunal condenando por calumnias a un acto de difamación sería prevaricación.
Aún así, aunque Qué Pasa fuera culpable, existe un bien superior que es el interés público. En nombre del interés público es que se deben tolerar hasta las más impresentables declaraciones de los que participan en los debates públicos. Ahí sólo restan las aclaratorias de prensa, el debate, y la demostración pública de la verdad. Los personajes públicos, y esto se ha concluido en reiterados fallos en derecho comparado e internacional -CIDH -ven su honor pasar a un segundo plano al hacer una valoración de peso frente a la libertad de expresión. Si estamos en un dilema sobre cuál derecho debe primar, cuando se trata de políticos, personajes públicos que inciden en el debate público, ahí debe primar la libertad de expresión. El derecho al honor es para los anónimos, aun cuando la prensa tioemiliana y el feminista nos ha recalcado que los acusados de tocar potos y vender medio kilo de paltas en lugar de un kilo nos han dicho que no es así.

Creemos especialmente grave esta situación. De encontrarle la razón a Bachelet los tribunales, este medio se verá en serios problemas. Recordarán que un ex político ya amenazó con querellarse contra este medio, a menos que eliminásemos un artículo donde analizábamos su discurso. Esa fue la razón del receso de hace un año, en Nefasto, y del cual aún no nos recuperamos. Seguimos publicando, y con miedo, porque sabemos que no somos la revista Qué Pasa. Para nosotros, la judicialización de cualquier discrepancia con nuestras publicaciones es la ruina inmediata. He ahí la explicación, estimados lectores, porqué hemos girado hacia el shitposting en facebook: porque este país es sólo para la prensa cobarde. Por que no se puede tocar en serio ningún tema. Por que el que se atreve a confrontar al poder de a deveras termina en un estrado, intentando explicar que la Ilustración inició hace 200 años y parece que aún no acaba. El que no tiene medios para ello fenecerá. Nosotros no los tenemos. Y por ahora, no estamos dispuestos a fenecer.