Lo pienso, y pucha que debe ser penca ser Ricardo Lagos.

A donde vas, recibes una cantidad de puteadas descomunales. No puedes participar de un foro tranquilo, porque activistas de izquierda van y te funan. Y no porque seas el señor X, o tengas un velero en el Caribe, como Felipín, que profita del imperio Santillana, la editorial progre de su amiguín Cebrián, a la cual toda la progresía pequeño profesional le financia el comidillo con sus libros que se pudren o en bodegas o en librerías de Providencia, sino por que se te ocurrió que era una buena idea que los bancos se encargaran del financiamiento de los estudios.

Cuando ya era un problema financiarlo incluso con cargo a un crédito a cargo del Estado, vas y encuentras super chori meter a los bancos al baile.

Uno a los ochenta años debe estar prepárandose para morir. Es decir, eres hombre, sabes que la media de muerte es a los 74. Estás sobregirado seis años. No estás pensando en ser presidente de Chile, estás pensando en despedirte de todo el mundo a quien quieres, estimas o extrañas, en reconciliarte con los que se alejaron, en tratar de terminar tus pendientes. Lagos debe sentir que debe tener algo pendiente que está preparándose para correr la agotadora carrera a la presidencia, por mucho que el puesto definitivamente esté a la baja y cualquier pelotudo de baja estofa pretenda el cargo.

Pensemoh: Lagos, quien casi fue rector en el 71, embajador en la Unión Soviética el 73. Que hizo la mansa tesis al salir de Derecho en la venida a menos, gracias a la plaga de troskos que la aqueja como las garrapatas a los perros, Universidad de Chile; quien era el preclaro hijo de la educación pública, porque siendo hijo de una viuda temprana le ganó a la vida con su puro talento (aunque se insista con el mito de que es el hijo bastardo de Alessandri Palma), quien padeció el exilio, resucitó entre los muertos, que apuntó a la cámara a Pinochet con el dedo y se tuvo que comer una noche de canazo por no engrosar, ahora con los dos apellidos, el listado de Detenidos desaparecidos (1) tras esa noche.

Que perdió la senatorial luego de que se lo acusara de violencia de género por parte de su ex esposa.

Sí, weón, una acusación de violencia de género. Eso te mata la carrera política de una. Pero no, la resistió, en parte porque en ese entonces no había tanto fundamentalismo feminazi en esa época (por mucho que la Kena Lorenzini ya hubiese cambiado la cámara fotográfica por las teas ardientes) y le dieron tiempo de explicar que la demencia había postrado a Carmen Weber a una situación tal que cualquiera podía manipularle para decir cualquier cosa. Diez años después de eso, le ganaba la elección al santurrón de Lavín por lo mínimo, en medio de especulación del retorno de la UP, por el hecho que un socialista se sentara por tercera vez en La Moneda (2).

En medio de esos miedos, con Pinochet como una sombra, poniendo a prueba la recién estrenada jurisdicción universal (y de paso demostrando que no era más que una fantasía que Rusia hace poco se encargó de recordarnos su caracter de tal), con los militares con caras raras y una crisis externa que se estaba carcomiendo el pequeño veranito económico. Sí, debe ser difícil ser Ricardo Lagos.

Joven Alessandri

Por que en esas circunstancias, ser osado podía ser suicida. Encima, la Derecha te toma de los testículos gracias a las mañas de la camarilla; el MOP GATE era apenas la punta de lanza.
Y después de todo, la libertad de mercado parecía dar resultados.
Allí fue cuando Lagos cometió el peor error de su vida.
Ya no estábamos en los sesenta. No eran ocho universidades, la Universidad de Chile ya no era la gran universidad nacional. Habían institutos y universidades privadas piñuflas por todas partes. Hasta la misma izquierda sacaba sus propios sucuchos para sacar algo de la torta, por mucho que hayan pretendido hacerlo para resguardar la libertad académica que los militares le arrebataron a la Universidad de Chile y que, una vez idos éstos, las autoridades nuevas no pudieron restablecer (3). Así, en lugar de deshacer aquel panorama impresentable, donde nuestra idea de educación superior eran las fiestas zorronas del Instituto Simón Bolívar, lo profundiza más y mete la banca a financiar la educación superior.

Esa banca que no te perdona el fracaso y la derrota.
A la cual, el fracaso académico y la derrota laboral son imperdonables. Que te embargará el colchón tantas veces sea necesario, y te hará la vida imposible metiéndote una y otra vez en Dicom, con tal que no puedas poner dinero a resguardo ni a volver a surgir en la vida; en definitiva, a garantizar tu muerte civil.

Es evidente que la juventud no le iba a perdonar eso.

Podemos pasar el hecho que fuera genuflexo con los militares. Podemos pasar que haya hecho una reforma cosmética a la Constitución y se conformara con arreglar un poco el Tribunal Constitucional y le pusiera su firma barsamente. Que el sacrosanto estatuto de la propiedad no se morigerara en lo más mínimo, permitiendo que hoy, derechos obtenidos por medio del cohecho no se puedan revocar sin obligar a otorgar una jugosa indemnización. Le podemos dejar pasar todo eso. Pero no cagar los proyectos de vida de miles de cabros que no cachaban nada de los riesgos de estudiar una carrera universitaria y entrar al mundo laboral.

Ahora, va por la calle y le echan puteadas. Se mete a twitter y lo más suave es que lo agarren pal webeo duro y parejo cada vez que intenta plantear una propuesta, por mucho que ésta sea sensata. Que hasta la nomenklatura progre le haga sendo “Repudio”.

Debe ser penca, porque como Ricardo Lagos, te crees Charles DeGaulle, el general después de las más duras de las batallas con los Nazis, y crees que, anciano, y todo, la gente te debería respetar y tener algo de gratitud. Por encima de la izquierda y la derecha, aunque en la práctica seas de derecha, y de la más dura, de esa que cree en la libertad de comercio, en que el mercado se regula por lo general solo y muy de vez en cuando hay que darle un empujoncito. Pero la realidad es que, también como a DeGaulle, la juventud lo repudia, por mucho que esa juventud más tarde terminaría por convertirse en algo peor que lo que critican, porque los del Mayo Francés son los que nos tienen a la venta hoy.

Debe ser penca ser Ricardo Lagos. Uno se esperaría que se lo tuviera más en cuenta, mal que mal, gobernó seis años y esa experiencia no es menor. El tiempo y la reflexión, la visión a la distancia bien pueden dar respuestas con las que no se contaba en aquel entonces. Hoy, una Inteligencia Artificial podría recoger datos sobre los hábitos de transporte de los Santiaguinos y crear recorridos eficientes y oportunos en el Transantiago en medio de zonas de exclusión de automóviles particulares, con el apoyo de una amplia red de metro para por fin reducir esos viajes de dos horas a media. Si, Lagos tiene razón, para que el TranSantiago funcione bien todos deberíamos estar a cinco minutos de una estación de metro, pero lo dice y lo escupen. De alguna manera lo culpan de que ahora grandes cantidades de gente no estén a cinco minutos de una estación de metro, sino a veinte del recorrido de micro más conveniente, sin reparar que el problema del transporte público pasa por, primero, su optimización, con recorridos fijos e inteligentes; segundo, el parque automotriz. Como el Transantiago funciona tan mal, cada vez más gente lo único que quiere es comprarse un auto particular propio. Así tenemos una micro abarrotada rodeada de cincuenta autos que tienen un solo asiento ocupado: el del chofer.

Ves eso, piensas que tienes la respuesta, quieres ayudar a arreglarlo. Quieres arreglar la cagada que dejaste, quieres dejarle un mundo mejor a los que vienen ahora que tu propia vida se está apagando. ¿Y qué te dan? Una puteada. Un post de Noesnalaferia.

Puta que debe ser penca ser Ricardo Lagos.

(1) Recordemos que el viejo argumento facho para desdeñar la existencia de detenidos desaparecidos era que en la primera lista, de 114 personas, aparecía “Ricardo Lagos”. Pero era un Ricardo Lagos Díaz, quien sí que está desaparecido, y no Ricardo Lagos Escobar.

(2) Marmaduke Grove se sentó. Menos de dos horas, pero se sentó. Igual lo sacaron cagando, pero le perdonaron la vida, algo que a Allende no.

(3) Baste hacer mención que Eduardo Novoa Monreal murió esperando ser reintegrado a la Universidad de la cual fue defenestrado.