Para qué vamos a andar con cuentos. Vivir en pareja no es fácil.
Hay muchas circunstancias que pueden poner a prueba nuestra tolerancia, y una de las más graves es cuando falta el dinero. A mucha gente le llama la atención cómo esta variable puede ser más importante que la infidelidad, el maltrato o la ausencia… lo que no saben es que toda variable es importante y crítica; lo único que cambia es la forma en que te la sacan en cara una vez que te dicen que está superada. Y de todos los problemas que pueden haber, el del trabajo o dinero es el único que puede ser perdonado siempre que te vaya constantemente mejor (cosa que también tiene una fecha de vencimiento).
Mi mujer no se tomó de la mejor manera mi período de cesantía -la pobre estaba muy preocupada por mí- así que trataba de animarme recordando todos los días que no tenía trabajo; a veces mi suegra se sumaba al reforzamiento positivo. Es importante que un matrimonio sea como un equipo bien afiatado pero cuando falta el trabajo el lugar de uno es en la banca.
Pero como ella siempre piensa en el bienestar de su familia se puso en un plan de ahorro y dejó de lado todo lo que sobraba, incluyéndome.
Con el paso del tiempo uno se desespera y tu pareja ve esa desesperación como un mal presagio así que no pasan dos semanas de cesante cuando te dicen que trabajes en lo que sea, lo que en sí suena muy fácil pero cuesta combinar el trabajar con hacerse cargo de las tareas de la casa como dejar y buscar a la niña al colegio, hacer el aseo, la comida y los encargos.. ahora me explico por qué a ella le rendía tan poco el tiempo. Finalmente pude encontrar trabajos temporales por turnos de tal manera que pude finalmente combinar ambas tareas sacrificando un poco el sueño, así que a mi amorcito se le ocurrió que para que pudiera descansar mejor durmiera solo.
Las cosas fueron mejorando de a poco, ya con trabajo, por muy modesto o explotador que sea, podìa volver a ganarme el respeto de mi querida esposa, porque es claro que el trabajo dignifica y el no tenerlo te hace indigno e indigna al que tienes al lado.
Mi hijita preciosa siempre trataba de subirme el ánimo y mostrarme su cariño incondicional: Me despertaba con un desayuno a la media hora de llegar del trabajo o cuando trataban de vendernos cosas les explicaba a los vendedores que su papá tenía un trabajo muy malo y no tenía cómo pagar. Tan consciente ella.
Ahora todo aquello quedó atrás. Fue como un mal sueño. Sólo por un pequeño detalle: las deudas que también se quedaron atrás y hoy deben pagarse con intereses usureros.