Ayer tuvimos que tomar una decisión amarga de emergencia: bajar un artículo de nuestro sitio, bajar la cortina y apagar los medios de difusión. Uno de nuestros columnistas demostró, en el tono demencial que le caracteriza a su sección “Picnic con los illuminattis”, su desazón ante la inepcia fatal que cometieron dos jóvenes estudiantes de la U. de Chile. Ante el reciente fallecimiento en tan trágicas circunstancias, que más que accidentales tiene ribetes de negligencia, entre el corporativismo furioso y las hordas que, identificadas, se convierten en deudos por extensión, fuimos objeto de la furia ciudadana transfigurada en escrache.

Desde ya enviamos nuestras excusas al columnista por no poder cumplir la misión con la que abrimos este sucucho: escribir no importando la opinión que se sostenga, libertad de expresión a todo evento. Ya hemos sido objeto de amenazas de querellas y escraches ante barrabravas: el estar más viejos también nos hace querer hallar la paz. No estamos para defender nuestros escritos de las hordas furiosas.

Ya nos extenderemos más extensamente sobre el punto, pero por ahora no podemos más que ofrecer esta breve explicación de por qué no está lo que antes estaba.