Y fue la experiencia más desagradable de mi vida.

Sucedió en un estacionamiento abandonado al lado de una cancha en Pudahuel. Ese día fue la primera vez que hice la cimarra, aunque desde que entré a octavo básico ya lo había pensado muchas veces. Como todas mis amigas tengo un perfil de Facebook al que un día llegó un mensaje de un pelado horrible, que hacía unos vídeos de yutub más fomes que la callampa, hablándome weas tontas. Yo quería perder la virginidad hace rato, así que pensé ¿Por qué no? Al fin y al cabo todos mis compañeros son unos imbéciles que se juntan a masturbarse en pijamadas, así que me junté con la bestia llamada Huevito Rey. No sabía lo que me esperaba.

Estábamos acostados en una toalla sobre el pasto seco, me dio mi primer beso, sus labios hedían a vino en caja. Al momento de encontrarme con él ya había notado un olor a pichí de gato y sobacos el cual me mareó como si estuviera en una olla que flota en medio del Mar del Diablo, y ahora, junto con su lengua gruesa cubierta en una saliva sebosa revolviendo en mi cavidad oral, me sentía como si alguien estuviera hirviendo porotos dentro de mi cabeza. Sus dedos de salchichas con arestín toqueteaban mi pequeña vagina por sobre mis calzones de Hello Kitty. Mientras, hacía comentarios como “Vai a llegar a la punta de la hueá pendeja culiá, vai a llegar a la punta de la weá”. Comenzó a introducir su dedo índice en mi hoyito virgen. Estaba completamente seco y raspaba las paredes de mi sexo. Se enojó cuando chillé y me lo sacó de un sopetón, me hizo lamerlo, sabía a plástico quemado, cenizas de cigarrillo y cobre;  luego me dio un beso.

Me levantó del suelo con sus dos manos, pude ver su pantalón plomo manchado a la altura de su pene. Su calvicie relucía bajo el sol de diciembre, el que había calentado el capó del auto sobre el que Huevito Rey me había puesto. Mis manos, mis muslos y mi culo ardieron, pero no me dejó ir. Le imploré y me golpeó. Me abrió las piernas, sentía como mi piel se enrojecía, introdujo de nuevo el dedo índice mientras metía su mano derecha en su pantalón y comenzaba a masturbarse.

Las palomas apostadas en los cables de luz observaban con estupidez la escena, más allá se podían ver los autos pasar por la carretera, creo que escuché un avión. Huevito me había dejado sentada sobre el capó del auto, yo miraba el cielo de Santiago, medianamente gris, un azul deslavado. Él estaba grabando un vídeo con su celular, decía cosas como “HOLA AMIGOS DE FACEBOOK” y al hacerlo parecía como si estuviera sufriendo una clase de infarto cerebral temporal, como si un poroto de sangre le estuviera bailando dentro del coco y haciéndolo pronunciar una sarta de chuchadas propias de un enfermo de Tourette.  Comencé a preguntarme por qué era que la gente veía sus vídeos, probablemente era para reírse de aquel degenerado, qué triste es la vida de alguien que no se da cuenta que es el chiste y no el comediante.

Se levantó y caminó hasta mí y me dijo “Guachita rica que bueno que te juntaste conmigo ¿Te gusto porque soy rico cierto?” y yo le respondí “Sí, me encantan los calvos con la piel roja que trabajan en la contru, son machísimos”, él se rió y dijo que si yo te gusté entonces esto te va a encantar y sacó su verga envuelta en un matorral de color negro. Había visto algunos –muchos- penes en pornos sola, con mis amigas, había visto la de primo, había visto la de mi papá, ninguna tenía un poroto. Algo en la olla a presión que era mi cabeza me dijo que las legumbres estaban listas para ser servidas, pero yo siempre he odiado los porotos con riendas. Le dije “¿Por qué tiene un poroto?” y vi como algo se rompía y brotaba dentro de él, era ira. Ira contra la sociedad por sus juicios, ira contra Dios, contra los genes de sus padres, contra las legumbres, contra las mujeres, las plantas de frijoles, los experimentos de quinto básico –quizás por eso se culea pendejas hasta el día de hoy-, pero sobre todo, ira contra el mismo, contra la infección incurable que yacía bajo su cutis entremedio de la jungla impenetrable de su vello púbico.

Me golpeó, me pegó un puñetazo en la mandíbula y luego me puso boca abajo sobre el capó del auto. Le dije que lo sentía, que yo no tenía la culpa de que su verga fuera fea, que por favor no me penetrara con esa monstruosidad, o al menos, que no lo hiciera antes de que la eugenesia avanzara lo suficiente para quitarle los genes de legumbre a la verga de mi posible hijo de violación –no creo en el aborto, pero si en la eugenesia, viva el compañero Salvador Allende-. Grité pero lo único que hice fue espantar a las palomas, las cuales salieron volando por sobre nosotros y cagaron sobre la tula de Huevito Rey. Me dijo “Mira pendeja estai seca, con esta misma mierda te la voy a meter, mierda lubricante jejejeje” y tambaleándose, ebrio, o quizás sufriendo otro ataque cerebral, sacó su celular y comenzó a caminar hacia mí mientras grababa otro de sus vídeos de mierda. Dije “Bueno, filo” hasta el momento en que comenzó a meter su vara defectuosa entre los labios de mi vagina. Dolía, dolía mucho, algo andaba mal.

“Estai apretada, pero igual lo voy a pasar bien. WENA GENTE DEL FACEBOOOOOOOOK LADCOBRA VAGO CULIAOOOOOOOOOO” y mientras decía eso traté de pensar en algunas cosas, principalmente en VELOCIRAPTORZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ.

Me dolía, puta que me dolía, comencé a llorar, ni siquiera pensando que éramos dos dinosaurios apareándose para no dejar que el imperio terrestre de los dinos cayera en la miseria, pude aguantar la situación. Así que decidí apretar la vagina, lo cual fue un craso error. En ese momento descubrí que yo era Planta Carnívora y que poseía una vagina dentada, la cual había reventado con sus colmillos de VEOLOCOCIRRAPTOOOOOORZZZZZZZZZZZZZZZZ el frijol corrupto que sobresalía de la dermis sexual de Huevito Rey. Gritó algo así como “CONCHETUMADREEEEEEEEEEEEEEEEEE MALDITO VAGO CULIAOOOOOOOOO PENDEJA CULIAAAAAAAAAAAAAA MONICAAAAAAAAAAAAAAAAAA” y sacó su verga a toda velocidad, luego salió corriendo. Quedé en cuatro sobre el capó, me di cuenta de que estaba sola y semidesnuda, lo que me produjo un hormigueo y luego unas ganas salvajes de correrme mano ahí mismo. Puse mi rostro en el capó caliente del Nissan V16 sobre el que estaba, se sentía bien, bajé mi mano hasta mi poroto, aquel pensamiento me dio risa, la que no duró mucho porque me di cuenta de que algo escurría.

De repente de los arbustos sale el Tío Emilo gritando “Corte corte corte, magnífico, ahora tenemos pruebas de que Huevito Rey es un pedófilo. LO PILLAMOS POS COMPA-” lo interrumpí diciendo “CÁLLATE CULIAO ¿Me estai diciendo que dejaste que me violaran”, a lo que respondió “-DRE. Sí, pero fue por una buena razón. Ahora amiga, nosotros te pagamos el Misotrol”, yo le dije que no creía en el aborto, pero que si me quería cargar la Bip todo estaba bien.

Cuando estaba en la micro sentí escurrir la jalea por mi pierna, pero lo raro es que era de un color naranjo, como la salsa golf. Me limpié con la manga de la blusa. Llegué a mi casa toda quemada, mi mamá me preguntó que me había pasado, le dije que me había comido un poroto rancio y que me iba a dar una ducha.

Semanas después comencé a sentir un dolor horrible en los ovarios, pensé que me había llegado la regla, pero no fue eso. Me salió un tremendo peo vaginal con olor a fumet ¿Saben lo que es l fumet? ¿No? Aquí está el link de Wikipedia, aquí está el link de los VELOCIRRAP– CÁLLATE TÍO EMILIO.

Mi clítoris comenzó a hincharse, cada día lo notaba más. El dolor en los ovarios no se detenía, así que finalmente el dolor venció al miedo y tuve que decirle a mi mamá cuando ella me pilló rodando sobre el piso de la cocina mientras el perro intentaba lamerme. Me llevó de un ala a un hospital.

El ginecólogo resultó ser el mismo Tío Emilio. Lo saludé fríamente y le pregunté qué era lo que estaba haciendo acá, me dijo que estaban tratando de pillar a una mujer que se tiraba a los ginecólogos, pero que en verdad era hombre, y yo le dije “¿O sea que les mete el pico a los ginecólogos?” y él me dijo que sí y luego me dijo que abriera las piernas y yo le dije ¿Por qué? Y él me respondió que si no lo hacía me iba a ganar una demanda y yo le hice caso porque no quiero abogados en mi vida. Luego empezó a decir que si no hacía estas cosas no podía meterse en el personaje y que esta vez su integridad anal estaba en juego, por lo que esto tenía que hacerse. No esperaba el personaje de canal 13, que cuando yo abriera mis piernas el olor a Caldillo de Congrio lo peinara y lo dejara como habitante de Talcahuano. Salió llorando de la habitación, luego de eso entró el verdadero ginecólogo.

Era un tipo frío, lo sé porque me dijo que me iba a morir.

Esa tarde morí, o al menos así lo vio la ciencia médica, pero la verdad es que mi mente fue transferida a mi clítoris, en el cual se estaba gestando el hijo de Huevito Rey, un ser infecto hecho completamente de legumbres, pus y pedofilia.

A mi antiguo cuerpo lo enterraron con el uniforme del colegio, o así pude ver cuando el nuevo ser del que formo parte rompió la piel del clítoris siete meses después, para luego excavar tierra arriba y escapar definitivamente del cementerio Parque del Recuerdo.  Tomamos un taxi hasta Patronato y luego robamos una GoPro y un Samsung de una tienda coreana.  Me había convertido en la mente del frijol del pene de nuestro bebé de violación.

Comencé un canal de yutub y hoy llevo más seguidores que Germán Garmendia, sin embargo, si me dieran a elegir entre la vida sin sentido de una escolar de 8vo básico, o tener sexo con Huevito Rey para luego transformarte en un monstruo zombie yutuber hecho de pus y maldad, elegiría la vida del colegio. Esta decisión no es porque me moleste ser un monstruo, sino porque perder mi virginidad con Huevito Rey fue un error, porque él es feo como la lepra y nadie debería ser tan piadosa como para tener sexo con alguien con un pene tan defectuoso, ni siquiera una niña de octavo básico con problemas emocionales y tíos violadores.

Moraleja: No usen Facebook para nada que no sea memes.

Nota de la redacción: para evitar problemas legales, la muchacha de la narración repitó kinder y cuarto básico. Sí, no evita los problemas, pero argh. Hola Milo.