Cristóbal Briceño, vocalista de los ases falsos y convocante

“Nefasto” aprovechó la contingencia para hacer periodismo gonzo y, aprovechando su mala fama entre las feministas, ganar la confianza de los machistas. Sin embargo, nuestro propósito era descubrir si esta mala broma era real o una mera excusa para ir a chupar.

La habilidad machista siempre superando a la credulidad feminista

La junta era a mediodía en Plaza Italia. Sin embargo, unos días antes, a la lista de correo donde había que suscribirse por medio de la invitación de un amigo, nos señalaron que la junta cambiaba de lugar. Sería a la salida de la telefónica. El código de vestimenta era camisa a rayas. Así mismo, se anunciaba públicamente que las juntas a nivel mundial se cancelaban. De ese modo, se conseguiría evitar la temida funa feminista.

-¿La escuela de derecho?
-Es acá, amigo.
La escuela de derecho está cruzando la calle. O mejor dicho las calles. Definitivamente en el edificio de la telefónica no está la escuela de derecho, así que la respuesta errónea al turista desorientado era el santo y seña perfecto para la reunión misógena. Un extraneus no involucrado obviamente nos dirá que debemos ir a cruzar el puente. Bajo ningún supuesto decirle “acá”.

Temimos por momentos funas feministas. Sin embargo, la biología jugó a nuestro favor: el macho siempre es puntual. Llega desaseado, sin cumplir las reglas de vestimenta, sin plata y sin un zapato, pero llega. La mujer feminista siempre llega atrasada. A las 12:01 (por que es Chile y hay que dejar un márgen de error para el transporte público) nos encaminamos hacia nuestro lugar de encuentro secreto.

Se trata de un tugurio pequeño y maloliente en el corazón de Recoleta. La Báltica insólitamente está más barata que en botillerias. La puerta es estrecha; tan estrecha que al menos cinco de los asistentes, gordos sudorosos con fedora, apenas logran entrar, y uno se queda afuera en la terracita con la excusa de “esperar por si llega más gente, porque me confirmarian al celular”. Celular que por cierto no tiene cobertura, según confirmé tan pronto la mesera, una mina que usaba corset (asumo que por prescripción médica y no por fetiche) y con unas tetas enormes cerraba la puerta.

Así comenzaba la reunión-meeting, entre las cervezas baratas y un orador patético quien señalaba las principales revindicaciones del movimiento: legalización del acceso carnal no consentido en propiedad privada, reducción del diámetro del condón y la pérdida de la ciudadanía de la mujer, quien, desde la elección de Carlos Ibáñez del Campo, pero sobre todo desde la segunda de Bachelet, solo ha llevado al país al caos y la perdición. Su irresponsabilidad ha sido vital para mantenernos al borde del precipicio, y es hora de tomar acción: golpe de estado con fusil y pene. Aplausos del auditorio.

Aplaudí. No sabía muy bien si estaba en un meeting machista o en medio de un performance dadá. Las propuestas eran absurdas y repulsivas, reñidas con la más simple idea de humanidad, mezcladas con ideas de extrema derecha corporativista de libre mercado.

La única foto que pude tomar del encuentro

Sin embargo, algo me comenzó a hacer ruido. Mientras el siguiente orador comentaba sobre el servicio sexual obligatorio, análogo al militar para los hombres, que las mujeres debían prestar para hacerle frente a la baja en la tasa de natalidad, las meseras, ahora en topless, comenzaron a cerrar con pestillos y llaves puertas y ventanas. Noté que las meseras tenían rapado un costado de la cabeza. Entendí qué había pasado. ¡Era una encerrona feminista!
-Oe hueón -le dije al de al lado -hay algo raro en este lugar.
-No pasa ná, compare -me dijo. -De ahi vienen las putas que nos vamos a follar entre todos y le haremos tragar nuestra lecheeeee

La cara de este wea se me hizo conocida. ¿Dónde chucha lo había visto antes?
-¿Voh no eris el Juan, el del Colectivo poroto?- le disparé, y me hizo callar al instante. -Oye aweonao, no alumbri que estos machistas nos van a pegar con el pene si nos cachan. ¿Cómo me reconociste?
-Estábamos en la marcha por el aborto el otro día.
-Ah, ¿voh eri el de Nefasto?
-Sí po weón, si no somos machistas.
-¿Y entonces qué weá hacís en este lugar?
-Lo mismo podría preguntar por ti, poh, wea.

Melissa, atrevida activista encubierta

Desnudo en sus reproches, confesó.
-La verdad es que la idea era infiltrar el meeting machista para tomar acciones en su contra.
-¿Tú solo?
-No, venimos con las chiquillas de lx xlzadx.

Una de las meseras en topless era la mismísima Melissa Sepúlveda, quien nos guiña un ojo, entre sensualona y santo y seña.
-¿Pretenden pegarles a estos tipos? ¿Tú y las chiquillas así, medio en pelota? Perdón que dude de ellas, mi reproche va hacia el lado numérico.
-No, solo pretendemos sacarles fotos cuando estén borrachos y no se den cuenta para difundir identikits y funarlos por internet.
-Ya, pero como yo, es fácil que alguien sospeche de algo extraño.
-No, son machistas, los senos los hipnotizan y les hacen perder la concentración.
-Recién te despistaste.
-Sólo fue donde saludé a la Meli, nada más.
-Saludaste. Claro, claro, saludaste.
-En serio.

Melissa, por que le hago queques. Por que me exi… me lleva al éxito de esta operación encubierta.

El siguiente orador disertaba sobre cómo castigar el clítoris y que su lamida era la cosa más homosexual que podía hacer un hombre, aún más que chupar un pene. Ahí es cuando le pregunto.
-Ya, pero ponle que te reconozcan. Estos están a tope con la testosterona, tanto por las tetas que vieron, a juzgar por el olor a cocas que siento y porque como son, éstos llevan un par de años sin garchar. Los reconocen y nos hacen cagar.
-Ni cagando vengo solo. Vine con amigos. Mira, ahí, va Julio -y Julio saluda. -Y el que está hablando es Mauricio.
-¡Pero lo que dice es aberrante!
-Es parte del plan, hay que infiltrarse para poder identificar los grupúsculos machistas y poder desnudarlos en su tentativa.

-¿Cuándo les tomarán la foto? -nos habla un desconocido de la fila de adelante.
-Joder, si es Marcelo. Él también es feminista -me explica.
-Feminista no -corrige él. -Los hombres no podemos ser feministas, si somos parte del problema. Podemos ser aliados, como mucho. Hombres en deconstrucción, pero feministas, eso es biológicamente imposible.
-Ya, ya, ya, que si tenemos esta discusión acá no terminamos nunca. ¿Con cuántos feministas más…
-Aliados
-Aliados vienes?
-Vengo con cinco además de mí.

Aliados

O sea, de las veinte personas que habían en aquél tugurio, yo, Juan, Julio, Mauricio, Marcelo y sus cinco acompañantes no eran machistas, sino que feministas infiltrados (y bueno, yo no soy feminista… ni aliado. Yo vengo en son de hacer periodismo gonzo, vengo de imparcial, de observador. Que conste). Como sea, diez de los veinte que estaban en el tugurio eran no-machistas. ¿Qué clase de chiste es este?
-Pues todos los oradores que han pasado son de los nuestros. De hecho, ahora el que va a hablar es reina queer y se hace el partidario de los harenes.

O sea que quedaban seis en el tugurio que eran machistas. Menudo chiste.
-O sea que tienen que embriagarlos para que les puedan tomar las fotos.
-Exacto. El problema es que he visto caras conocidas: entonces solo quedan cuatro objetivos.
En cosa de media hora solo quedaba uno al que no reconocíamos de ninguna parte y pudiese ser el único y auténtico machista. Éste nos miró desconcertado y nervioso.
-Vamos ya, paciencia no tengo. ¿Qué eres tú?
Sudó la gota gorda y confesó:
-Soy periodista. Hago la práctica en El Desconcierto.
Ahí se abrieron las puertas y ventanas. Sabíamos que no tenía sentido seguir con el show. Las chiquillas se pusieron los abrigos y abandonaron el tugurio, que solo ayer había sido una casa okupa y en la tarde la habían pintado con urgencia para que pareciera un bar machista creíble. (El trabajo no fue muy exitoso, de todos modos: un poco de sobriedad y saltaba a la vista que aquél era un antro morenoestatista posmoderno promedio).

Nos fuimos despidiendo uno a uno, entre periodistas, curiosos y activistas, e incluso una lesbiana travestida que pasó bastante piola hasta que le tocó hablar. Como sea, estabamos muertos de risa porque la idea era cazar nazis, digo, machistas y a lo sumo llegaron unos cuantos femi-nazis. (Ya dije que yo no simpatizo, solo me metí de curioso. De heterocurioso). Vi a Melissa quien se tapaba con el largo abrigo la ropa de látex y vinilo. Me imaginaba que le incomodaba.

-Meli, ¿te ayudo?
-Sí, me está haciendo sudar mucho el corset… necesito ayuda.
Entramos a un cuarto. Ella se sacó el abrigo, vi su espalda desnuda. La ayudé a desatarse el nudo del corset, vi las aureolas de sus senos. Sentí sed en ese mismo instante. La imagen de su bello cuerpo desnudo es algo que nunca podré dejar de olvidar… no sin una dura erección incontrolable. Ella me agradeció que la ayudara a sacarse el corset, las botas de cuero, guardar el látigo y ponerse el sostén. La acompañé al paradero. Se despidió de un beso en la mejilla y me dijo gracias.
Me quedé mirando alejarse la micro.
Un sentimiento de vacío y tristeza me abrumó.
Suspiré. La melancolía otra vez. El dolor en el alma, siempre infinito, esa eterna sensación de miseria. Ese dolor tan intenso que ni el dolor de testículos que me espera al día siguiente será capaz de eclipsar. I’m feeling blue. I’m feeling my balls blue. And there’s nothing i can do.