Hans Trozo

Todos los días, tanto en redes sociales como en las calles, estamos siendo invadidos por propaganda alusiva a nuevos movimientos en gestación. La amplitud ideológica y practica de estos nuevos colectivos no hace más que reafirmar un estado de dispersión completa en las cuestiones referentes al pensamiento. Pero en este contexto, ¿podemos encontrar similitudes entre los neo-feminismos de nuestra época y la nueva derecha memera que avanza en internet?  Pues si, hay algo en común que atraviesa todo el espectro, y que está presente desde la formación de estos movimientos: la figura de Hans Pozo.

El 27 de Marzo de 2006 se dio a conocer el caso del “descuartizado de Puente Alto” luego de que fuera encontrado un pie humano siendo llevado por un perro callejero. El hecho acaparó rápidamente la atención de los medios de prensa de ese entonces, siendo el hecho ampliamente difundido. Los hallazgos de las otras partes del cadáver sumado a las  investigaciones de las policías permitieron dar con la identidad del occiso, se trataba de Hans Hernan Pozo Vergara, un joven que pernoctaba en las calles de Puente Alto, con un pasado ligado al consumo de pasta base y al comercio sexual.

Y es que las circunstancias de su muerte llamaron de sobremanera la atención de los medios de comunicación, un puzzle policial de crónica roja que prosiguió con el hallazgo del “heladero”, hombre que le pagaba a Hans a cambio de favores sexuales, quien antes de querer declarar ante la justicia se suicidó en su casa. El caso de Hans Pozo se transformó en un tema comentado ampliamente en todo el país. Desde ese momento existe una asociación entre el joven adicto a la pasta base con el acto de descuartizamiento, asociación que queda aun vigente hasta nuestros días, debido a que casos como este son escasos en nuestro chilito.

El caso del descuartizado aún es recordado en medios.

Si tomamos la figura de Hans Pozo, como el descuartizado, y lo llevamos como modelo a los nuevos colectivos y movimientos que han surgido este último tiempo podemos entender de mejor manera el desarrollo de estas aberraciones.

El Neo-feminismo que ha hecho eco en las redes sociales estos últimos años posee varias características que nos deberían llamar la atención en todo momento; entre las cuales se pueden mencionar su carácter emotivo más que racional al apelar a la revelación del orgullo femenino oprimido, su intención de enaltecer las acciones opuestas a lo considerado “patriarcal” por el solo hecho de ser “machistas” (además de la victimización), o de buscar como finalidad el bienestar femenino por sobre la masculinidad (la feminización del aparato social). En resumen, la antípoda de las reivindicaciones feministas del siglo XX, que perseguían una aparente igualdad por sobre la superposición de uno de los géneros.

El Neo-feminismo destruyó el feminismo, para transformar sus reivindicaciones en algo disperso y acéfalo, un descuartizamiento del movimiento madre que lo hace asemejarse a la figura de un sistema Hanspozista.

Lo mismo ocurre con otras manifestaciones, como la nueva derecha de red social y su vaciamiento ideológico total, el moribundo movimiento estudiantil y su fragmentación identitaria, el veganismo reaccionario y totalitario. Todos estos movimientos responden a un descuartizamiento de las ideas, a una dispersión intrínseca. Caben totalmente de lo que podemos denominar movimientos “Hans Pozo”.

Zombis

Si  continuamos con la misma alegoria podemos establecer el futuro de estas manifestaciones; un cuerpo biológico descuartizado tiende a la muerte, es lo que le pasará a todo este molido de ideologías de feria de las pulgas. Lo que no sabemos hasta ahora es cuanto tiempo más de agonía tengan, o es que estamos en presencia de movimientos muertos que siguen con vida, en ese sentido estaríamos en presencia de zombis ideológicos como pasa con la mítica UDI, están tan movidas las aguas que pronosticar el futuro es algo bastante incierto.

Mientras siga esta incertidumbre los movimientos Hanspozistas seguirán desarrollándose, y descuartizándose cada vez más, hasta llegar a un punto que la dispersión no permitirá reagrupar nunca más el cuerpo.