Chusma, chusma, pttttttttttttt

Soy muy fan de programas magufos. Sí, es cierto, voy por el mundo con mi polera de Carl Sagan. Alguna vez usé un chaleco de tortuga rojo y una chaqueta café encima, hasta que caí en la cuenta que estaba tan gordo que más que parecer Carl Sagan parecía un gordo que no asumía que la ropa le queda larga. Pero aún así, voy por el mundo haciéndole buling a los que leen horóscopos, consumen homeopatía, asumen que la luna tiene alguna función más allá del control de las mareas marinas (sin considerar que la luna se aleja todos los años un par de centímetros y que tuvimos un tiempo sin luna) y ocupan sus residuos biológicos con fines más allá de la elaboración de compost.

Sin embargo, los sábados por la noche solia caer de rodillas ante el radioreceptor. En ese entonces, por radio W (la que un día, de la nada, se cambió el nombre a ADN y pusieron a Paulsen de ancla. Cosas de Polanco y Cebrián) transmitían un programa que hacía unas horas, nada más, había salido en España. ¿Ah, cómo llegué? A las once y media daban un revival del Doctor Mortis, pero con actores que me caen mal. Nada de Lorenz Young, mucho Héctor Morales. Debería intentar mantener el tema y no irme por las ramas. Estoy peor que Ariel Zúñiga disertando. Es esto o veintemil notas al pie. Supongo que no te gustan las notas al pie. Como iba diciendo, tras el radioteatro, se anunciaba un programa que, por ese entonces, llegaba con desfase de una semana. Una conexión a internet ligeramente estable podría haber permitido que llegara en el mismo día de emisión, pero me imagino que la radio la dejaban funcionando con una lista de reproducción de Winamp, así que no iban a poner a un tipo a grabar el programa por streaming desde España.

Ese programa se llamaba “Milenio 3”, y su lema era “La Nave del Misterio”.

El presentador, Iker Jiménez, es una especie de Salfate pero multiplicado por veinte. Pretende dar siempre la apariencia de ser un investigador muy serio y compuesto, de nervios de acero y una dosis, muy sana, de escepticismo ante lo que cuenta (cosa que, al lado de un Salfate que chilla, grita, se caga de la risa y aúlla de miedo si algo de lo que ha dicho le ha salido cierto brinda algo de confianza). Las maratónicas sesiones semanales, tres horas cada programa, me hacían quedarme en el dial noche tras noche, incluso cuando partieron el programa en dos tandas de hora y media, una de ellas el domingo, y debía levantarme temprano al día siguiente (qué criminales, Polanco y Cebrián).

Así, con tres horas de ovnis, psicofonías, fantasmas, poltergeist, leyendas, asesinatos sin resolver, y por supuesto, conspiraciones de un poder secreto en las sombras (poderosos que nunca eran Cebrián, Polanco, o su actual jefecito Berlusconi) yo iba escuchando aquellos relatos, que no eran más que una forma moderna del Doctor Mortis, hechas para asustar a una audiencia que cada vez menos se asusta con cosas espectrales pero sí con cosas tangibles, como la cesantía y la inestabilidad de las instituciones.

Por eso me fue inevitable detenerme frente a las posiciones de Iker Jiménez sobre algunos temas muy delicados. Por ejemplo, el aborto. Iker Jiménez se ha pronunciado reiteradas veces, y de las formas más vehementes que se puedan concebir, contra el aborto. Las argumentaciones nos remiten a la teoría clásica de la conspiración: el fomentar culturalmente el aborto como un derecho, y un derecho que se posee para ejercerlo, valdría bien una invitación a abortar todo lo que se conciba. Habría aquí una estrategia, no para reconocerles derechos a las mujeres, sino para controlar a la población. Y por eso Iker Jiménez nos muestra diversas perspectivas de los teóricos de la conspiración que apoyan la tesis de que, en las sombras, un gran magnate financia campañas para que la gente de ingresos medios aborte a sus criaturas y no tengan descendencia. Es para que la tierra la hereden ellos, los hijos de los magnates, porque ya somos muchos y nuestras manos, en ese mañana de inteligencia artficial y robots habilidísimos, no les serán necesarias.

Ah, qué Kiko

Por supuesto, la canción de fondo es una que, con gran pompa y boato, canta “Illuminati, illuminati, no nos podrán dominar”. Ahí habían horas de estudio de grabación, muy buenos instrumentistas y una dirección de orquesta formidable. Tenía la épica de un himno de resistencia. Pero no esas sencillas melodías que cantaban los milicianos republicanos de la República mientras esperaban ser avasallados por las fuerzas fascistas, sino que música que bien pudo haber salido de un musical de Broadway. ¿De dónde sale tanto recurso para oponerse al Nuevo Orden Mundial?

Y claro, tres horas de radio a la semana seguro no son baratas. Dos horas más de televisión semanal, (sí, tienen un programa de televisión) por una cadena de alcance nacional en España tampoco han de ser fáciles de llenar. ¿Cómo logras estar cinco horas hablando de fantasmas, monstruos y conspiraciones sin rellenar, repetir y aburrir? Debes tener un enorme ejército de colaboradores detrás, y todos aquellos deben requerir de un sueldo, que aunque sea nivel Consultora Inacción, debe sumar no poco dinero. ¿Tanto recurso mueve la industria de la conspiración?

Es cosa de ver a Alex Jones, el de infowars. El que para que no lo declaren demente se ha declarado artista conceptual. Infowars no es un podcast que filma un anacoreta en Gorbea para reírse de Carola Canelo, no. Es un programa que sale por varias radioemisoras de Estados Unidos. Aunque tuviese un 0.1 por ciento de la población pendiente de ello, ya significan 3 millones de weones.

La teoría de la conspiración mueve plata.

¿Y si al final la teoría de la conspiración no es más que una conspiración en sí misma? ¿Y si no es más que un vehículo que las corrientes más refractarias de la derecha han hallado para imponernos su agenda? Qué mejor que decirle a las niñas: no, estos tipos no quieren que abortes porque aprecien tus derechos, es por que les interesa que no tengas hijos y que consideres que no tengas hijos. Y no quieren que no tengas hijos porque un hijo involucra gastos, y tener que reconocerte otros derechos que son notoriamente más caros que un aborto: sala cuna, pre natal, pos natal, exigir más a la previsión de salud, educación y salud gratuita. ¿Para qué tomarse esa molestia, si podemos tener aborto? Mira qué ventaja: desarmamos todo el sistema de protección social, solo te dejamos abortar. Te sentirás empujada a abortar porque parir un hijo implicará interrumpir tu vida, quizás para siempre, todo para demandar un ser más egoísta y demandante que una colonia de gatos. Y mira, hoy no hay ninguna, pero ninguna posibilidad de que el Estado te eche una mano con ello. Nadie te contratará, todos te cobrarán por los suplementos para atender al niño, y deberás pujar en dinero por un cupo en una escuela que le de al menos una chance de no ser un perdedor como tú.
Por eso te quieren abortando. No porque te reconozcan un derecho.

Y el argumento es bueno, eh, es totalmente lógico. Claro, viene de un derechista recalcitrante al que solo le interesa mantener la tasa de fecundidad para que la economía en que vivimos, que, por si no se han dado cuenta, es una estafa piramidal controlada por auténticos Rafa Garay en su cima (eso ya es otra teoría de la conspiración) no se vuelva insostenible (los sistemas de reparto, para mantenerse sanos, requieren de un incremento de población constante. El reparto está colapsando en los países donde la tasa de fecundidad es menor a 3. Nada mejor que encontrar argumentos de izquierda para imponer ideas de derecha. Bueno, digamos que “Las venas abiertas de América Latina” hicieron buena parte de su trabajo por adelantado. Sino, ¿cómo explicamos tanto Baby boom en el Frente Amplio? Y no hablamos de dirigentes con la vida resuelta, sino de perros bomba repartepanfletos y pagacuotas.

¿Será que la teoría de la conspiración es una conspiración en sí misma, para mantenernos distraídos de la verdadera conspiración que hay detrás? ¿Será que Soros es el menos malo de todos los malos, si es que hay malos? ¿Será que hay algo más grande detrás, algo tan grande que no nos podemos dar cuenta? ¿Será que todo esto es un maldito teatro guiñol y nosotros jurando que vivimos en un reality show?

Me está haciendo mal estudiar para el grado.