La victoria del bus de la libertad obedece a la mala lectura de las estrategias comunicacionales de quienes defienden la descriminalización y la integración plena de las personas que no responden a los cánones mujer-hombre heterosexuales.

La mejor manera de haber enfrentado la circunstancia del llamado por sus detractores “Bus del Odio” -aunque cambiarle el nombre a las cosas solo perjudica a quien pretende encontrar un libro en una inmensa biblioteca; ellos tendrán que responder cuando todos aborrezcan la libertad -es haber hecho como hemos enfrentado esos discursos por años: ignorándolos.

Por primera vez en mucho tiempo, los predicadores salieron de las precarias casuchas que daban en llamar templos evangélicos a expresar su histeria y alarma por lo que denominan adoctrinamiento en materia sexual. Afirman que en infantes que aún no terminan de ver Peppa Pig se promoverá el beber semen. Una persona de sano juicio comprenderá que aquél es otra afirmación afiebrada como “se viene el fin de los tiempos” y pasará de largo. Pero una persona iracunda se quedará a rebatirle por largo tiempo, por inútil que sea el ejercicio: a él no lo convencerás, ni él te convencerá de lo contrario.

Lo mejor que se podría haber hecho con el bus es ignorarlo. Las personas que adhieren a sus presupuestos no lo necesitan para reafirmar sus creencias; los que se oponen a ellas no las verán seriamente cuestionadas. La homo y transfobia existen y el que venga un bus a visibilizarlo no implica que de pronto existan.

¿Dónde yace la victoria del bus?
Desde el momento que comienza el ataque. Tan pronto se aplican vías de hecho para impedir su circulación, la gente del bus gana para sí el estatus de víctima. Con el título de víctima pueden señalar a todos los que no piensan como ellos como intolerantes, y de paso pueden pintar a los contrarios como los violentistas que acuden a las vías de hecho. No importa si los que cometen los asesinatos selectivos son, precisamente, los fóbicos, porque las cámaras están apuntando al bus.

Irónicamente el lugar donde más ha pasado piola el bus en Vitacura. Nadie le da pelota, ni a favor, ni en contra.

Al final del día, todo seguirá en su lugar. Ningún parlamentario habrá cambiado su opinión respecto del proyecto de ley en aprobación, que es lo que más importa. Solo habremos atendido al triste espectáculo de reafirmación de creencias masivo de siempre.

Sí, es cierto, tanto burdo en la calle te da unos momazos increíbles, pero al final del día uno prefiere no tener que ver memes a cambio de un poco de paz social y una convivencia desafiebrada. Posiciones antagonistas hasta la náusea siempre habrán, depende de uno si las vuelve fuerte atacándolas, o las invisibilizas ignorándolas.