En este día del amor romántico y patriarcal, Nefasto, tu sitio despechado enamorado te coloca este post por cumplir, porque ya el tiempo de hacer seriales en el marco de especiales por una fecha ya pasó.

Y qué mejor que celebrar el día del amor con una celebración de las parejas más románticas de la historia.

Imelda y Fernando


Él era abogado. Ella la hija de una acaudalada familia. Juntos, porque su amor era más fuerte que veinte represas de California log comenzaron a forjar un imperio de buen gobierno y provecho de los impuestos. Así, para el triste día en que Fernando fue depuesto, le descubrieron a Imelda ¡12 mil pares de zapatos! ¿Qué mujer no quiere tener zapatos divertidos y diferentes que lucir? ¿Es tan malo un poquitín de vanidad? Bueno, eso, y muchas joyas, cuentas bancarias con muchos dolarotes, prácticamente todo el tesoro del Fisco. A él lo mataron de pena por echarlo del gobierno, ella siguió luchando porque su legado viva. Y qué mejor triunfo que el de Duterte: un gobierno corrupto que hace pasar por combate a la delincuencia un genocidio. ¡Un amor!

Eric y Margot


Él era un funcionario. Ella, una maestra. Sin embargo, por medio del mérito, ascendieron a lo más alto. Pronto, él fue el líder de Alemania. La mejor Alemania. Y ella, esposa siempre fiel y hacendosa, fue la Ministra de Educación. Juntos dirigieron un país que le plantó cara al fascismo internacional, aquel que cabalgaba con el vaquero Reagan, ese capitalismo de fusta de hierro de Thatcher. Sin embargo, los deseos de tener radiocaseteras fueron mucho más; el realismo socialista fue reemplazado por la posmodernidad. A ellos los defenestraron. Hoy, Alemania está lleno de posmodernillos de burka. Eric y Margot soñaron con una Alemania unida bajo la estrella del comunismo ateo. Vinieron a morir a Chile. Él, bien pronto: en 1992. Ella le sobrevivió dolorosamente veinte años y algo más. Ése es un amor que no morirá, que ni los muros pudieron derribar.

Nicolás y Elena


Él era un triste y opaco burócrata. Ella asumió sumisa ser una opaca primera dama, aprovechando de impulsar su carrera académica en el mundo de la ciencia, porque en bajo el pacto de Varsovia la mujer en ciencia es una realidad, no una quimera a ser incentivada; pero pronto demostró que su valía iba más allá de ser una científica. Bien pronto fue la Viceprimera ministra, un cargo de suma importancia al lado del Presidente, que fue Nicolás. Ambos dirigieron Rumania por la senda de la paz, la paz que solo la madre Patria Rusia podía brindar. Sin embargo, los mal agradecidos, enojados por no poder contar con radiocaseteras en estéreo, les tendieron una trampa, motivados por el funcionariato de segunda fila que ansiaba ascender al poder. Así fue como en una triste sucesión de hechos, una revuelta popular los forzó a huir. Pero no hubo escapatoria. Les tendieron una trampa, y a ambos los condenaron a muerte. Y así murieron, juntos, tomados de la mano, firmes en sus creencias y en su amor, que lo trasciende. ¡Qué romántico!