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Hace unos meses asistimos en el Teatro Condell a la exhibición al público en general del documental “Pena de Muerte”, que narra los sucesos y epifenómenos en torno a los llamados “Psicópatas de Viña”. El filme, estrenado en 2012 en el Festival de Cine de Viña del Mar, no solo reflexiona en torno a la irreversibilidad de la pena de muerte, sino que profundiza en una vertiente desconocida del proceso, o al menos que se suele omitir: la pista Gubler.

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Ámame mujer en la ribera del estero

Una prevención antes de seguir: la telenovela “Secretos en el jardín” no tiene mucha relación con la verdadera historia de los psicópatas de Viña. Sabemos que las inexactitudes son a propósito: así los guionistas tienen mayor libertad creativa y pueden escribir cuánto quieran. Pero es extraño que necesiten tanta libertad creativa, si la historia de los psicópatas es suficientemente truculenta. Como para toda una saga de películas de terror.

La historia oficial habla de que dos pacos bastante indisciplinados, dados de baja por algunos hurtos bastante estúpidos, se dedicaban a matar parejas random en lugares solitarios: la ribera del Estero Marga Marga, las inmediaciones del Sausalito (Pa que cachen como deben tirar en la PUCV), el camino a Limache. Se debe tener presente que la policía, tal como hoy, pero aun peor que lo actual, era muy mal pagada, lo cual explicaría tanto los pequeños hurtos como el hecho de pasar a ser “cabezas de turco”. Pues bien, ellos no eran los acusados en un principio. No.

Al principio de la investigación, se apuntó a una persona con care cuico. Los retratos hablados eran bastante mulas, pero claramente no daban cuenta de un tipo en situación de calle, o del prototipo del lanza. No. Nótese el cróquis número osho.

SAM_1373Retratos by Beyond

A pito del croquis número ocho, de pronto se apunta al empresario Luis Gubler en el entuerto.

¿Cómo se involucra a Gubler? Gubler, un reconocido empresario de la zona, parte de una familia de derecha de renombre en la alta societé viñamarina. Poseen acciones en la Compañía Sudamericana de Vapores; colaboran con la dictadura prestando el buque “Lebu” para torturar prisioneros políticos.

La policía de investigaciones, tras periciar el arma de Gubler, descubre que ésta imprime en las balas los caracteres que indican que las balas salieron de su pistola.

También se dijo que a Gubler se lo tenía por confeso; que su esposa había testificado que había encontrado a Gubler en una iglesia, bañado en sangre -presumiblemente de sus víctimas -, que a veces llegaba demasiado excitado desde fuera de casa; que Gubler había sido de Patria y Libertad en su juventud y se había dedicado a colaborar con el ejército en el exterminio de militantes del MIR… Cosas que dice la gente.

A Gubler ya lo tenían casi listo, cuando de la nada dos policías se echan la culpa a sí mismos y todo se va al carajo.

Gubler queda libre.

La señora de Gubler, se dice, es internada en el psiquiátrico. Gubler se querella por injurias y calumnias contra los periódicos que lo apuntaron como el homicida serial; logra un acuerdo extrajudicial con El Mercurio, inédito.

En tanto, Sagredo y Topp Collins, un par de pacos bastante pelotudos, se autoinculpaban. Con la pena de muerte ya dictada en contra de ellos, quisieron hablar de un supuesto “Club del Crímen” de Viña del Mar, donde Gubler participaría en fiestas llenas de droga, alcoholes de alta denominación, prostitutas carísimas, demasiado caras, y que culminaban en una auténtica cacería humana, donde estas ejecuciones sumarias se realizaban a modo de entretención. Del testimonio de Laura Soto se podía leer entre líneas que posiblemente las víctimas no eran escogidas tan al azar; quizás se trataba de personas que en algún momento ejercieron de activistas políticos.

Al menos la película “Pena de Muerte” deja varias dudas en el aire sobre la pista Gubler.

Nelson Lillo, el macabro investigador

nelson-lillo-21Carlos Romo Corvalán, para servirle a usted

Ya, todos quedamos con la idea de que Topp Collins y Sagredo eran los asesinos, ellos y ninguna persona más. Todos, salvo uno: Nelson Lillo, el detective al que se la había comisionado la investigación sobre los crímenes. Comandó por un par de años la llamada “Unidad Anti-psicópatas” y fue quien obtuvo la confesión extrajudicial de Gubler. Por eso toda su teoría del caso se va a la mierda cuando aparecen los dos pacos brutos. Y por insistir en la Pista Gubler, a Lillo se lo desvincula del caso, y más tarde, pasa a retiro de forma, sino deshonrosa, al menos poco decorosa para un detective de su “trayectoria”.

Por que Lillo parece que también esconde algunas yayitas.

No son pocas las voces que acusan a Lillo de torturador durante el régimen militar. Media novedad, si toda la policía estaba metida en las locuras manu militari. Pero respecto de Lillo, señalan, resulta una cuestión ya de pura vocación torturadora.

Así, hurgando en internet, hallamos una página donde se presentan varios testimonios que sindican a Lillo como un torturador, vinculado con la CNI, que obtenía las confesiones mediante apremios mortales terribles. Todos aquellos antecedentes están recopilados en la página torturador.cl.

Claro, como en loserpower tenemos la mala costumbre de mirar bajo el agua…

Formulario de Dominio, NIC Chile - 2013-12-18_16.26.15Luis Gubler, el sindicado como el psicópata -o al menos su líder -por Nelson Lillo, falleció despuntando este siglo. ¿Quién es, entonces, el Luis Gubler que ha inscrito este dominio? Seguramente su hijo, heredero del imperio familiar que aún se mantiene como accionista de la CSAV. Semejantes datos hemos encontrado al revisar los registros de psicopatasdevina.cl

Así mismo, parece ser el mismo autor de un blog dedicado al director del documental “Pena de Muerte”, Tevo Díaz, donde recopila diversos textos que buscan desacreditar la investigación realizada.

Luis Gubler Diaz Torturado from Francisco Perez on Vimeo.

Por ejemplo, el dejar sentado que el documental más bien buscaba ser sensacionalista por sobre lo riguroso.

Y es que no es para menos cuando uno sale de la sala de cine se queda con severas preguntas, sino convencido de que el Club del Crímen era una realidad.

¿Por qué un elemento coadyuvante del régimen, como Gubler, a priori es el primer inculpado? Si Gubler fuera el culpable, ¿Por qué cayó preso, siendo que el Régimen lo tenía en alta estima? Si los pacos brutos fueron cabeza de turco, ¿por qué no lo fueron desde el principio? ¿Por qué apareció otro weón muerto después de fusilados los psicópatas?

Infamia o realidad, vaya uno a saber. Como sea, está claro que el problema es por el honor de la familia. Como el Gubler inculpado está muerto, ya no se pueden intentar las acciones judiciales -los muertos, dice la doctrina, no tienen honor, por lo que hablar de calumnias no cabe, y aún así, estaríamos ante una disminución de la protección del honor por tratarse de una figura pública -así que evidentemente a los Gubler no les queda otro camino que atacar comunicacionalmente a quien nuevamente apunta al difunto miembro como el verdadero autor, ora que hemos tomado conocimiento que Gubler hijo (¿O nieto?) ha demandado en sede civil a Lillo por daño moral por 200 millones de pesos, precisamente por relatar los hechos ya descritos para el documental.

A mí, por lo menos, me dejó con la duda.

Por eso, por cierto, dejamos los enlaces a los cuestionamientos de los Gubler a Lillo y a Díaz. Recomendable ir a ver el documental. Creo que aún lo están pasando por el Cine Condell. No sé, el otro día pasé, me quería colar a lo de la fiesta de Burlesque para ver minitas bailando y aún estaba el cartel del documental. No me resultó el colarme porque aún estaba el tipo cobrando en la boletería. Aparte que no era el único que se estaba intentando colar, así que no, mala onda, y me faltaban 300 pesos para pagar la entrada. Porca miseria.

Adjuntamos: Libro “Los Psicópatas de Viña: El club del crímen de Viña del Mar” cortesía de la Biblioteca Pública Santiago Severín (ok, lo copié a la mala).

Página dedicada a Luis Gubler Díaz

Como corolario, queda claro que la pena de muerte es una de las más inútiles de todas. Por que una vez reestablecido el imperio del derecho, y libre la justicia de las presiones propias del poder, ¿no era acaso admisible que saliera a la luz otra verdad? ¿O acaso las voces de Sagredo y Topp Collins debían ser no solo acalladas por hacer de chivo expiatorio, sino por que algo más sabían? MI TE RIO.