Escribe     K a s p e r

Un abajista

La izquierda hoy en día tiene muchas cosas buenas de las que jactarse respecto a su homólogo del pasado. Actualmente, muchas de las deficiencias y temas que se dejaron de lado-algunas ni siquiera eran consideradas importantes- hace medio siglo atrás, hoy parecen tomar fuerza y sumarse a la bandera de lucha de sus partidos, como de sus movimientos políticos izquierdistas.

Algunos ejemplos están a la vista: La lucha feminista por la igualdad de derechos ha hecho eco en la izquierda de tal modo que hoy en día consideramos “biológicamente imposible” que alguien de aquella ideología no abogue, al menos, por igualdad de género –En comparación a la época pre golpe militar, en dónde era común escuchar en las calles la lamentable consigna “los momios al paredón, las mujeres al colchón”-. Lo mismo se puede decir de otras causas la igualdad de derechos de las minorías sexuales, la integración de los migrantes que cada día llegan en oleadas a nuestro país, siendo muchas veces víctimas de la xenofobia y el chovinismo nacional, etc.

Sin embargo, este movimiento “progre” pese a pregonar igualdad y fraternidad, comete muchas veces el error de no desmarcarse de su esfera pequeño burguesa, es decir, a veces –y muy seguido- no pasa de ser una moda propia de burgueses culposos con más ganas de renegar sus orígenes que de lograr un verdadero cambio en la sociedad.

El mejor ejemplo de ello es el movimiento estudiantil. Este movimiento, que se ha caracterizado por exigir un sinnúmero de exigencias que buscan mejorar el acceso y la calidad a la educación universitaria, ha dejado totalmente de lado algunos aspectos muy importantes, rozando o siendo derechamente inconsecuente. Por ejemplo, la mejora de la calidad de los CFT e institutos es algo que jamás fue parte de las exigencias iniciales, ya que lamentablemente estas sólo englobaron el área universitaria. Esto es paradójico si se toma en cuenta que, son las capas más bajas de la sociedad quienes asisten a estos recintos, los que a su vez se caracterizan por su baja calidad -mucho más baja que la universitaria- y por formar a personas que se especializan en áreas miradas en menos en el ámbito laboral –lo cual también tiene que ver con la cultura arribista del chileno, cosa de la que hablaré en otra ocasión- . Tampoco se ha exigido calidad en la educación pre básica, ni en los jardines infantiles. Todas estas, áreas claves dentro de la educación de los individuos.

Es absurdo e inconsecuente que la izquierda pregone que lucha por la igualdad al exigir mejoras, pero haciéndolo sólo desde y para su burbuja universitaria, la cual está compuesta en su mayoría por individuos de clases acomodadas –por mucho que tengamos uno que otro compañero de la u oriundo de alguna comuna periférica o que haya salido de algún liceo con nombre de submarino de la Primera Guerra Mundial-.

Jamás ha habido alguna iniciativa de este movimiento para mejorar las otras áreas de educación a la cual asiste la gente pobre o quienes no son parte de la elite intelectual universitaria, y las pocas que existen, nacieron exclusivamente por iniciativa propia de sus miembros–y aun así no tienen voz dentro de la esfera de dirigentes estudiantiles-.

Uno puede argumentar y decir que es responsabilidad de cada miembro el moverse para exigir sus propios derechos, pero en este caso en particular, cuando tienes a personas sin una base educativa de calidad, con personas que muchas veces trabajan de día y estudian de noche o que aparte de asistir a sus institutos o centros de formación técnica tienen otras responsabilidades –como el ser padre o madre- la cosa no es tan fácil. Al respecto, y no se trata de ser paternalista, no vendría mal la ayuda de quienes sí tuvieron oportunidades reales y que además tienen el tiempo de ocio –porque convengamos que la mayoría aún vive bajo el alero de sus padres y carecen de responsabilidades más allá de pasar los ramos o que no los echen de la u- que podrían aprovechar para ayudar a los estudiantes más desafortunados del país.

Lamentablemente, nunca ha existido una iniciativa real de integrar a las capas más bajas de la sociedad al debate por la educación. La izquierda sólo se remitió a decir un “Hola, bienvenidos a la lucha”, cuando supo de casualidad que había personas de institutos y centros de formación técnica interesados en que parte de los cambios en la educación les llegara a ellos también. Y en la actualidad siguen siendo estos estudiantes los que tienen menos beneficios y obtienen la peor educación.

Es por esta razón que, yo personalmente, en cada paro y cada toma-sin sentido y pasada a selfie y hashtag alumbrado-, en cada frase terminada con “compañeros”, en cada discursillo del tipo “esto es para el futuro de nuestros hijos”, veía a un pequeño burgués, culposo y abajista, con ganas de mejorar las condiciones sólo de su clase social, haciendo la vista gorda con sus pares menos privilegiados.

MIR

Son ellos mismos quienes desde sus hogares con banda ancha ubicados arriba de Plaza Italia se burlan de fundaciones como Techo, por considerarlas “cuicas” o asistencialistas, mientras que al mismo tiempo, ningún tipo de ayuda similar por iniciativa propia. Si antes los partidos obreros o movimientos como el MIR se acercaban a poblaciones para ayudar no sólo materialmente, sino que también con educación académica y de clase, hoy vemos a personajes que se creen los reyes del progresismo por publicar, por ejemplo, en las redes sociales imágenes con inmigrantes o textos pro igualdad, aun cuando nunca han hecho –ni harán- trabajo en terreno.

¿Cuántas veces han ido los actuales colectivos estudiantiles de izquierda a poblaciones? ¿Cuántas veces han instruido al pobre sobre la conciencia de clase o lucha social? Lo más probable es que nunca, y eso se deba al origen burgués de nuestra izquierda que, aunque le duela admitirlo, sólo se ha preocupado de los suyos durante todo este tiempo bajo la mula de que “esto es para todos”.

En tiempos en que la izquierda chilena está en una fuerte crisis, es hora de reformularla desde su base universitaria y admitir que esta ha estado, desde la dictadura, supeditada a las clases medias y medias altas de la sociedad chilena, dejando de lado a quienes más debiesen estar incluidos: Los pobres.

En cuanto al panorama político, es hora de que junto a los apellidos Jackson y Boric, legislen también los o las Melinao o Perez. No estaría mal ver a dirigentes humildes como representantes de los intereses de la ciudadanía.
Es hora de acabar con este falso progresismo elitista, de ensuciarse las patas con barro y salir a conocer el mundo real, ese en donde no hay internet ni teléfono, sólo balazos y drogas.

¿No será que bajo ese discursillo barato en busca de la igualdad se ocultan las ansias de subir en la escala social? Quizás sí, y quizás tampoco omitan esto de manera premeditada, pero el sólo hecho de hacerlo, demuestra que por mucho que critiquen a quienes viven de Los Dominicos para arriba, ellos también están dentro de una burbuja, más amplia quizás, pero burbuja al fin y al cabo.