Sí, deberíamos habernos arrodillado y haber derechamente dedicado sendos reportajes a alabar sus fábricas.
Debimos haber hecho fullanálisis sobre sus políticas de recorte de costos y cómo sus productos tienen todos entre tres y cuatro sellos (los sellos de la sabrosura) y no necesitan nada poner un mono para promocionar sus productos.
Sí, debimos haberles llenado de lisonjas y loas gratuitas, loas baratas, como sus productos. Nos habían invitado a sus fábricas, nos habrían hecho un tour. La versión punga del tour que hacía Ambrosoli a los niños de básica en Viña del Mar para mirar cómo hacen los chocolates, pero ya estando grande y sin un gorrito para el pelo.
Nos había dado una cantidad nada despreciable de visitas motivada por un gusto kitsch. Es como visitar la fábrica de las papas mom’s. Subirnos a la ola de amor eterno a esa marca propia de bolsillos estrechos pero que no pueden prescindir del azúcar refinada.
¿Qué habría pasado cuando se descorriera el velo que cubría todo el desastre? Nos habrían llovido mil puteadas. Pero daría lo mismo. Ya nos habríamos labrado un espacio entre los progres, seríamos el vecino buena onda y dije que escriben cositas simpáticas. Nos habrían pedido escribir un libro, hacer unos programas de radio, nos habrían llevado a algún debate de TV. Y lo más importante, habríamos comido helado gratis, tabletones libre demanda. Con el calor que hizo este verano, bien nos habrían caído unas cajas de helados.
Total, el daño ya está hecho. Total, lo comido y lo bailado no nos lo quita naiden.

Puta que fuimos weones.