Ayer escribimos en una de las páginas de difusión en facebook de este sitio (una de las tantas por avatares de la vida y el descontrol de sus escritores):

Cuando Piñera dice que una familia con ingresos de 600 mil puede pagar una carrera universitaria omitiendo las carreras de arancel 6 millones, en el fondo nos dice que estudiemos carreras para gente que puede pagar 200 lucas, no las de 6 millones. O sea, considera que hay carreras para ricos y carreras para pobres, carreras para familias que ganan 600 mil (y que seguro no pagan arriendo ni dividendo… aisheñor) y carreras para familias como la suya que declaran diez mil millones y tienen otros cien mil escondidos en las BVI.

El lectoriado de cartoun que llegó a esta pájina creyendola alt-right quedó con indigestión al leer la pintada de cara que le pegué a Piñura en este púlpito ayer, obligando a otros a dar explicaciones por afirmaciones ajenas. Pues bien, analfabeto, lee bien lo que dije: me referí a las expresiones donde Piñera dice que es perfectamente posible que una familia que gana 600 mil pesos pueda prescindir de 1/3 de su salario para pagarle la carrera a uno de sus mocosos.

Alegaba él que siempre saltábamos con el argumento emocional de llorar a moco tendido por las circunstancia en contra. Ínsito lleva ese argumento de que la solución está en “trabajar más”. Invitaría a aquel pardiez a irse a Corea del Sur y que aplicara su disciplina de trabajo allá, a ver qué tan bien le va.

Piñura cree que es fácil llegar y pagar 200 lucas al mes por una carrera porque hace tiempo que ha perdido la noción del costo de la vida. Es muy probable que no tenga idea de cuánto dinero en realidad tiene. Tiene tanta que perdió la cuenta, le da lo mismo. Debe vivir en una burbuja donde la inflación no existe. 200 mil pesos saldrá una carrera en una estatal de región extrema, acá está todo sobre 2.6 millones, y son pedagogías challa de pizarra, silla y biblioteca ajena. No sabe lo que es pagar arriendo, lo que es pagar locomoción y el costo de oportunidad que involucra moverse en ciudades reventadas, y no hablo solo de Santiago. Uno puede mandarse un discurso lacrimoso de lo que implica comerse todos los días cuatro horas en el transporte público, pero cuando lo vives es para tener ganas de darle a alguien un combo en el hocico. Varios inspectores del Transantiago se han comido combos en el hocico por eso, por ser los únicos representantes tangibles del desastre. Sea como fuere, apuntaba a la burbuja que le hace tener una percepción errónea de la realidad.

¿Si Ingeniería Comercial es cara, es su precio lo que le otorga el valor? Depende de cómo midas el mundo. Nací en un mundo donde lo que pesaba eran tus sesos. Si tus sesos trabajan rápido, vales. Si tus sesos se decantan en frugalidades, no vales. Estudié en un mundo mediocre donde mis compañeros estaban más preocupados del regetón de moda (en ese tiempo era la novedad del año, por lo visto ha llegado algo peor a desbancarlo). Las carreras más difíciles debían ser para aquellos que tuviesen las habilidades para sortearlas, no para ineptos sin talento ni capacidad. Las computadoras debían ser para aquellos que crearan cosas en ellos no importando si era con una consola de comandos, no para tarados que sólo se dedicarían a jugar y a desgastar la máquina en vano. ¿Pero qué tenemos ahora?
Jugadores de élite que van a campeonatos y que se creen jugadores de fútbol.
Una Confech que rechaza los métodos de selección universitaria por “discriminatorios”, propugnando el libre acceso y la libre demanda de carreras, no importando si hay necesidad de los puestos que se ofrecen. En cierta manera, con el “no a los filtros de selección”, la Confech se hace parte en el mito de que todos los cerebros nacen iguales en capacidad y que algo pasa en el camino que se atrofian.
Eso es desconocer que hay cuestiones de capacidad que van más allá del factor socioeconómico.
Para la otra la Confech se pone a criticar que por qué a Alexis Sánchez lo contratan en el Arsenal y no a Choche, por discriminatorio.
Es evidente que si eliminas la selección por capacidad intelectual el único criterio que te queda para priorizar u ordenar es la económica, y la única pregunta que te queda por responder es si quiero estudiar en función de cuánto prestigio y dinero ganaré durante mi vida, no en cuántos problemas comunes voy a ser capaz de resolver en mi existencia para darle continuidad a la civilización.
En la medida que sigamos midiendo la existencia como una relación comercial, claro que nos quedará como la respuesta más obvia que uno estudia en función de la capacidad de pago y de cuanto prestigio quiero obtener en el futuro.
Ahora bien, ¿necesitamos tantos ingenieros comerciales? ¿necesitamos tantos abogados? ¿Qué es lo que necesitaremos a futuro? Nadie se lo pregunta porque ya conocemos la respuesta: menos de los que estamos produciendo. Por eso nos negamos a ver la realidad. Porque implica incumplir la promesa.
Por cierto, eso va de la mano de otros asuntos que, por tiempo y espacio, no voy a desarrollar ahora, sino en unas publicaciones más. Los lectores más despiertos saben a qué me refiero. Guillotinas, guillotinas.

Por supuesto que rechazamos el tono lacrimoso, panfletero y de épica de relator de fútbol que la página que adoraba a Fruna le imprimía a sus escritos, pero el que no compartamos el tono no involucra que no veamos fenómenos criticables en el mismo lado. Será por razones distintas pero nuestra molestia nace del mismo punto de partida. Así que si van a venir con sus poleras aurinegras y su serpiente enojadita se pueden ir a laar al río sus calzones cagaos que nosotros seguimos pacientemente construyendo un pozo y un filtro de agua y unos cuantos atrapanubes.