La Beca de alimentación para la Educación Superior de la JUNAEB es un fracaso a todas luces: compras comida cara, mala, y quedas con hambre y sobrepeso. ¿Cómo es eso posible? Pase que le expongo mis argumentos.

¿A qué clase de energúmeno se le puede ocurrir aplaudir la implantación de la “Beca Junaeb”? Solo a uno que no puede sino ser tildado de conformista. A uno que se niega a ver y leer la realidad en la que se está inserto.

Cuando este país metía dinero en la educación, cuando el mérito era un factor que pesaba, cuando no había que sacar el cuarto medio con fórceps para acceder a un empleo manual, y por cierto que la matrícula universitaria era baja, era habitual que las Universidades sirvieran los almuerzos en el mismo edificio universitario, con funcionarios de la universidad misma dedicada al efecto. La liberalización y mercantilización de la Universidad, disfrazada de democratización y masividad, vino aparejado de un abandono profundo del rol del Estado como garante del acceso a los derechos más básicos, y la expansión inorgánica de la matrícula universitaria, a menudo sin infraestructura que la respalde. Entre ellos, la alimentación.

Un botín de dinerales apetecible

Es así como hemos observado desde la externalización de los servicios de alimentación que se proveen en los casinos universitarios, el recorte de las becas que se otorgaban para acceder a éste, el alza de precios, la introducción del factor de la búsqueda de ganancia por los tercerizados que se adjudican estos casinos, y el cierre, derechamente, de los casinos universitarios cuando éstos no están en situación de ser concesionados.

Así, el Ticket/Beca Junaeb pasa a ser una suerte de “salvación” para un estudiantado que había sido postergado por largo tiempo y no había podido acceder a alimentarse en o cerca de su lugar de estudio, ya sea por que el bolsillo no daba para cubrir las sumas que impone el comer fuera de casa, o por la incomodidad intrínseca de tener que andar transportando comida en envases hechos al efecto.

Es cuestionable el vehículo elegido de esta política social. Se trata de vouchers para restaurant, que habitualmente se entregan por empresas a sus empleados. El atractivo de los vouchers de restaurant estriba en la situación tributaria en que éstos caen: en lugar de consistir en un ingreso extra para los trabajadores, éste no es imponible, pues no es dinero líquido; por otro lado, las empresas pueden pasarlo como Gasto, y por ello acceder a reducciones de impuesto.

¿Por qué un organismo gubernamental le confía tamaños montos a una administradora privada de vouchers cuyo único sentido de uso son las ventajas tributarias? Ni idea. El problema de esta “Beca” (ya entraremos a revisar el fraude de etiquetas) es que está restringida al universo de locales que aceptan los vales o tarjetas como medio de pago, en más de algún caso restringidos a ciertas condiciones. Entonces, cuando uno no quiere aceptar los precios altos y la baja cantidad de contraprestaciones obtenidas, la forma de hacer rendir más la tarjeta es, supuestamente ir al Supermercado y comprar allí.

¿Pero en qué supermercados las aceptan? En los supermercados más caros: el OK market, el Unimarc y el Santa Isabel. Los dos primeros son insoportablemente caros, el tercero no tanto pero es de público conocimiento que hay lugares más baratos. Entonces, hacer rendir el dinero de la “beca” es imposible. Con las 32 lucas actuales obtienes el rendimiento de 25 en supermercados como el Mayorista 10 o el Provimarket.

Luego tenemos la captura de locales. Si supuestamente una de las ventajas frente al casino institucional es que las personas tendrán “libertad de elegir” el lugar donde van a comer. Sin embargo, la cantidad de locales que aceptan esta tarjeta no es universal. Son, a menudo, muy acotados. Encima, la JUNAEB, para autorizar la operación de sus vouchers, exigen una serie de requisitos. Es así como puede que el restorán acepte los vouchers sodexho/edenred, pero no los que son emitidos por la JUNAEB por ser distintos. Sí, así de absurdo.

Para peor, hecha la norma, hecha la trampa. Hay quienes cometen fraude de subvenciones y obtienen los fondos, que por pocos, algo suman, pero al tratarse de gente que no la necesitaba, las 32 lucas no vienen a solucionar una deficiencia sino son un ingreso accesorio y extra. Si los recursos son limitados y los cupos pocos, este fraude de subvenciones es inaceptable, y más aún cuando ese dinero extra es desviado en tugurios que no tienen problema en hacer pasar por completos sendas promos de pisco. Nuestros informantes apuntan a varios locales en Valparaíso y Santiago, en el Barrio República. No sería extraño que hubiese más.

¿Distorsiones en el mercado?

Si se tratase de no perjudicar la economía de los restoranes incentivando una competencia perversa, primero, debemos tener en cuenta que hablamos de clientes que no existían; sin la “beca” estos comensales buscarían otras estrategias, o derechamente pasan por el alambre, pero no irían a comer a esos restoranes. Por otro lado, los montos son tan exiguos que no alcanzan a cubrir los montos que se piden. Un restorán no ofrece nada por menos de 3000 pesos. La JUNAEB no otorga montos que cubran más allá de 1600 pesos diarios. Así, los restoranes que se suman a la Beca Junaeb están obligados a ofrecer un “menú saludable” por 1300 y 1600 pesos. Por supuesto, se trata de platos que dan pena: un poco de lechuga con un poco de atún y sería. O una fajita enana. Uno no sabe si está estudiando una carrera profesional o para modelo de alta pasarela a juzgar por esa cantidad de comida que queda en la muela. Mientras tanto, el carrito de la esquina te ofrece 2 completos por luca y a la vuelta venden la bebida fruna de medio en 350. Claro, hay que pagarlo en efectivo.

También está el restorán que tiene las “opciones saludables” al lado de los contundentes platos para el publico general, y el completo que está a medio camino. Por eso terminan todos usando la Tarjeta Junaeb para comer el completo con papas por 1500 pesos. La sensación de saciedad es mayor que la lograda con las magras “opciones saludables” que el mercado ofrece. Y luego uno se pregunta, si se supone que los vegetales son más baratos que la carne, ¿por qué un plato sin carne es más caro que uno que tiene carne? Misterios del mercado.

Si el propósito de la JUNAEB es controlar la alimentación de los estudiantes pero sin perder la “Libertad” de elegir, pues está generando un sistema completamente distorsionado y al borde de la enfermedad mental. Así tenemos gente que a principios de mes se puede gastar 10 mil pesos en alguna exquisitez, como sushi, o chacareros y churrascos, y el resto del mes pasan a modo hambre, recurriendo incluso a aquellas situaciones donde terminan comiendo en carritos.

Fraude de etiquetas

Al final queda desnuda la situación. Desde la misma JUNAEB leemos su descripción como un “subsidio” de alimentación: es decir, la idea no es cubrir por completo las necesidades de alimentación, sino ser un aporte para el copago de alimentos.
¿No me cree? Cito:

Beca de Alimentación para la Educación Superior

¿En qué consiste?

Consiste en un subsidio de alimentación entregado a través de una tarjeta electrónica de canje, que es utilizada en una red de locales especializados en la venta de productos alimenticios y Supermercados.

¿Por qué llamarle “Beca” a algo que no es más que un copago? De todos modos ya estamos acostumbrados a este tipo de fraude de etiquetas. Hubo que pedir gratuidad para que se instaurase una Beca en razón de la situación socioeconómica (el mérito académico está determinado por la PSU), pues la Beca Bicentenario no era más que un arancel diferenciado pero con más burocracia y pruebas diabólicas para acceder a ellas. No es raro, entonces, que estemos habituados a llamar a las cosas por otras que no son su nombre, a establecer expectativas desmedidas sobre cosas que en realidad son de entidad menor.

Es cierto, cuando vemos la situación de la alimentación de los liceos, nos sentimos desconfiados de volver a tener un sistema de alimentación así de dirigido. Pero la baja en la calidad de la alimentación en los liceos está directamente relacionada, también, a la racha tercerizadora: no solo los empleados que manipulan los alimentos son de empresas externas, sino los alimentos llegan precocinados en bolsas plásticas, todo con tal de cortar presupuestos. Hasta los ranchos de los presidiarios son más dignos que los alimentos que se sirven en algunos liceos.

Hay una prohibición constitucional para el Estado para desarrollar actividades empresariales. El rubro de la alimentación sería una de ellas, pero este tipo de tercerizaciones parece más movido por la búsqueda de llevarse el dinero público a casa bajo la siempre prestigiosa etiqueta de la privatización que una real búsqueda de ahorrar dinero. La dignidad cuesta dinero.

Lero lero

Esto podría quedar aquí, sino fuera porque el tipo que maneja el facebook de la tarjeta junaeb, no sé si por hacerse el chistoso o caer bien, no hace sino hacer mofa de los vicios, excesos y verguenzas asociadas al uso y abuso de la tarjeta.

Pensé en colocar unas glosas, pero creo que el asunto se explica solo.

Viene siendo hora que dejemos los “homenajes” gratuitos a políticas públicas que se han demostrado de sobra fracasadas y comencemos ya a plantear la urgente necesidad de políticas públicas más amables, dignas, que nos llenen y que no nos tengan en la disyuntiva de comer como modelo anoréxica o terminar con un sobrepeso a razón de siete kilos por año. Que vuelvan los casinos institucionales con desayuno, almuerzo y oncescomida, por favor.