Sabemos que Donald Trump es una distopía con patas. Que no puede más de racismo, sexismo, prejuicios y discurso redneck. Que el Tea Party queda pálido al lado de su piel naranja. Sí. Pero abramos los ojos a la dura realidad: el mundo no es aquello que está dentro de los safe spaces de los millenials.

La vida real, aquella de la gente que no estudia en la universidad cursos de estudios de género es muy distinta: desempleo, deudas inacabables, incerteza. Es en ese contexto donde Donald Trump se emerge como una figura mesiánica que bien promete “Volver a hacer grande a Estados Unidos” mediante el camino Reaganeano (que no hizo grande a Estados Unidos).

Por contra, se nos presenta como alternativa a Hillary Clinton. Hillary Clinton es por lejos el candidato más impresentable que se pudo haber presentado a la Casa Blanca. Sí, aún más que Trump. ¿Por qué?

Su trayectoria política nos muestra una vida consagrada a la defensa del capitalismo financiero internacional. A la altura de Tony Blair o Felipe González, la Clinton ha trabajado toda su vida en beneficio de la industria de la especulación financiera. Como Senadora y Secretaria de Estado, sus labores apoyando la industria armanentista han sido formidables. Eso es un antecedente que hay que tener siempre presente. Si supuestamente te presentas como el adalid de la expansión de los derechos humanos, ¿por qué debías esperar a ser presidente de tu nación para hacer algo? ¿Puede venir a estas alturas Hillary a alegar obediencia debida? No se la aguantaron al guatón Goering, no deberíamos aguantarle esa idea. No hiciste lo que debías hacer cuando pudiste hacerlo, no nos vengas a pedir que celebremos tu candidatura.

Qué mejor muestra del grosero apoyo del status quo a Hillary Clinton que el permanente sabotaje a la candidatura de Bernie Sanders. Sanders, un político de factura mucho más -y por lejos -honesta que la de Hillary Clinton, era la perfecta continuación de las historias imposibles que decantan en presidencias que comenzaron con Obama. Porque la mística de Obama consistía en que un hijo de un inmigrante africano con una nativa hawaiana, y encima negro, entró a Harvard con más becas que Gabriela Mistral y se doctoró y encima enseña Derecho Constitucional. Mucha meritocracia.

Bernie Sanders, por contra, no puede ostentar éxito. Estudió Ciencias Políticas, pero no le fue muy bien encontrando trabajo. Mientras hacía política como un outsider, ganaba dinero siendo carpintero y albañil, a ratos artesano. De paso, tuvo una vida personal desordenada: divorcios, separaciones, cesantía. No tuvo trabajo formal hasta los 40 años, cuando consiguió su puesto como… alcalde. Bernie Sanders no era un ganador, no era un tipo que pudiera demostrar éxitos apabullantes. De ahí a que, como su historia de vida representaba todo lo contrario a lo que significa Estados Unidos, una tierra sólo para ganadores, que si lograba la nominación, éste sí pudiera liderar un cambio real y profundo no solo en su país, sino en cómo éste se relaciona con el resto del mundo.

Por eso la chanchada que le hicieron a Bernie Sanders debería retratar a cuerpo entero la manzana envenenada que es Hillary Clinton. A Bernie Sanders le robaron la elección. ¿Se imagina usted que en una primaria Guiller / Lagos, dos semanas antes de la elección, los presidentes de los partidos decidieran ponderar sus votos como el 30% del total y le dieran todos esos votos a Lagos? Si la diferencia Lagos / Guiller fuera sobre 30 puntos no sería problema, pero en este caso Bernie Sanders con Hillary Clinton iban prácticamente empatados, y los resultados de las elecciones se conocían Estado por Estado. Con un abono del 30% del total de los votos, no tenía sentido alguno sostener que la elección llegaría a término, y obviamente la desesperanza cundió. Unas elecciones no manipuladas por la directiva del Partido Demócrata habrían derivado en la nominación de Bernie Sanders, un tipo que representa muy bien a los excluidos estadounidenses que, como en todo el mundo, son la inmensa mayoría.

Esto mismo hace que las acusaciones de fraude que han sido emitidas por Trump en la víspera no sean tan descabelladas como las han pretendido hacer creer. Si se torcieron las primarias, ¿por qué no habrían de hacerlo con las elecciones mismas? ¿Acaso no recuerdan el escándalo en Florida en las elecciones del año 2000 que dieron como resultado a George W. Bush? Por otra parte, Ruperto Concha nos trae a colación un antecedente no menor: en 2006, siendo senadora, afirmó que

“Estados Unidos no debía permitir una elección, sin establecer de antemano quién será el ganador, de acuerdo a los intereses de Washington y sus aliados.”
“(…) Clinton aparece afirmando que sólo se debe apoyar una elección cuando ya se haya determinado, de antemano, quiénes serán los ganadores.”

Si ya vimos que la primaria demócrata fue groseramente manipulada, que las internas nacionales de Estados Unidos lo hayan estado no sería nada de raro. Lo hacen en otros países y no lo harán con ellos mismos, los intereses financieros que están detrás, realmente, de la Clinton.

La primera guerra mundial feminista

A eso hemos de sumarle sus deseos locos de reventarle la cabeza con un dron a Julian Assange; su actitud confrontacional con Rusia con respecto a Siria, donde actualmente se libra una guerra mundial de baja intensidad, donde todas las evidencias apuntan a que Estados Unidos y sus aliados están alimentando al Estado Islámico, sólo porque éste está combatiendo al gobierno de Al Assad, gobierno, si bien autocrático, no servil a las autocracias petroleras serviles a Estados Unidos. Mientras Trump ha señalado públicamente preferir centrarse en la política interna estadounidense en lugar de gastar dinero en guerras externas, Clinton pareciera decidida a reventarlo todo solo por demostrar que tiene la razón.

Y finalmente está el asunto del machismo. Desde las primarias, cuando no se enfrentaban a un sexópata sino a una persona honesta, dialogante y ponderada como Sanders, se vino diciendo que había que votar por Hillary sólo porque “era mujer”. No tenían ningún otro argumento, porque claramente a nivel de programa, el de Clinton era vergonzosamente derechista. Pero una vez sepultado Sanders, la carta feminista es la que más relució. Hoy, Lady Gaga se disfraza de sufraguista sólo para enrostrarnos, con moralina progre barata, la importancia de votar contra Trump. Por supuesto, nada se habla que el posible primer damo cometió perjurio siendo presidente en medio de un lío sexual. Y que el asunto de los correos revela otro tipo de cosas aún más escabrosas.

El asunto de los correos de Hillary es espinoso. Habría usado un servidor hogareño, proclive a ataques de seguridad, para enviar y recibir correo electrónico. Los defensores de Clinton alega que se trata sólo de correos aburridos sobre recetas de cocina. Pero no seamos bobos, ¿qué clase de político de alto rendimiento tiene tiempo para estar discutiendo asuntos aburridos de cocina? Es evidente que están hablando de cosas en clave. Quien sepa qué significa “El pavo está en el saco” entiende a qué me refiero.

Luego, borró esos correos. Esto iría en directo detrimento de los deberes de transparencia del Estado. ¿Qué tal si Clinton envió información a potencias extranjeras? (No sería la primera vez que en EEUU se hace algo así: recuérdese Nicaragua – Irán). ¿Qué tal si en ese correo Clinton manejaba tinglados con dinero sucio? Nunca lo sabremos, esos correos no están en manos de los servicios de inteligencia. Solo de hackers avispados, solo que no se sabe si alguien logró vulnerar ese servidor.

Por otro lado, la Clinton Fundation tiene intereses financieros con Laureate International Universities. ¿Laureate? La misma, sí, la misma empresa que nos saquea con el Crédito con Aval del Estado, y pese a que todo indicaba que era cierto, ahora resulta que todos los informes indican que nunca cometió triangulación de dineros para obtener ganancias. Oh, santo cielo ¡el movimiento estudiantil ha sido tan injusto con estos filántropos que tienen agarrados de las weas a cientos de miles de estudiantes por un cartón challa que no tiene valor en el mercado laboral si es que lograron sacarlo, a veinte o treinta años! No hay que ser bobo que, con todos los grandes peces gordos de la Concertación y la Derecha cooptados por Laureate, el concluir que hay lucro en Laureate sería el derrumbe del castillo de naipes.

Así que, joven chileno: siéntete orgulloso, donaste a la campaña de Hillary.

Que Hillary Clinton haya sepultado a Trump con un “No confiaría armas nucleares a un tipo que sobrereacciona provocado por un tweet” esconde otra cosa: que Clinton, y los demócratas son en esencia hostiles a Putin, y que uno de los argumentos antiTrump usados por los demócratas, para fijar la idea de “traición a la patria” que vendría aparejado con el hecho de ser votante de Trump, es la supuesta buena voluntad de Trump para tender puentes con Rusia. Hasta acusaciones de financiamiento ruso a la campaña de Trump se han leído.
Además, más que las opiniones, es importante leer las acciones. ¿Es grave que Trump niegue el cambio climático? Lo es. Pero más grave es admitirlo y no hacer nada. Sabemos de esto hace quince años; en 2012 era el momento de tomar una decisión brusca o resignarse a entrar en una curva de no-irreversibilidad, y ni Obama ni Clinton hicieron nada. La COP21 es un saludo a la bandera que no bajará la saturación de monóxido de carbono. ¿Qué les hace pensar que Clinton tomaría medidas más radicales ahora, cuando llevamos seis años de sobregiro?
Eso devela que en la contienda Trump/Clinton hay una falsa dicotomía.
Por eso, eutanasia para el mundo. Por una eutanasia digna, que gane Trump

¿Que se acabe Chile? Que se acabe el mundo, weón