Ariel Zúñiga

El texto que sigue intenta llenar un vacío en la discusión pública sobre la querella de la ciudadana Michelle Verónica, más aún cuando muchos están cegados por lo que pareciera ser una defensa a la revista Qué Pasa. Quien piense eso está rotundamente equivocado. La cuestión no tiene que ver con la libertad de prensa sino con la de opinión, y como aquí sostendré nos afectará a todos, empezando por aquellos que frecuente usamos a las redes sociales virtuales para dejar constancia de nuestro parecer, ejercer un legítimo activismo y/o expresarnos con el humor político.

I

La querella imputa los delitos de injurias graves y el de calumnia. Al de calumnia no nos referiremos pues creemos que no tiene asidero alguno, de hecho nadie ha osado a darle vueltas al asunto.

¿Qué pasa, Bachelet?

Una calumnia es la emisión de un mensaje en que se le atribuye a otro la comisión de un delito. Como podemos ver la revista en ningún momento dijo “la ciudadana cometió este u otro delito”. Quien sí lo hizo fue Juan Díaz pero dentro de una conversación privada. La calumnia es un delito que está penalizado de modo general y que, por lo tanto, no requiere un elemento subjetivo específico. Basta incurrir en la conducta con dolo, por ejemplo decir que tal persona es asesina queriendo decirlo obstante las consecuencias. Sin embargo si el calumniado se querella en contra del calumniador éste último podría excepcionarse (es decir, neutralizar su acción) probando que sí es un asesino, conforme al ejemplo. Esta acción neutralizante se llama exceptio veritatis (excepción de verdad). Pues bien, aquí nadie ve cómo lo dicho por Qué Pasa pueda ser una calumnia; de hecho ni en la querella se menciona adecuadamente.

¿Qué tipo penal se le imputa a la ciudadana? ¿Tráfico de influencias? ¿Negociación incompatible? ¿Corrupción? Si usted busca información se dará cuenta que ese tipo de figuras no son delito salvo la negociación incompatible, pero esta no aplicaría al caso. No habiendo delito imputado no hay calumnia.

II

INJURIA: Una injuria es una ofensa, y tal cual ocurre en el mundo real, en el mundo virtual del derecho penal se puede injuriar a alguien de palabra o de obra. Levantar el dedo anular con el resto de la mano empuñada es un típico caso de injuria mediante una acción. Nuestro código penal además sanciona, específicamente, a quienes injurian mediante caricaturas, dibujos etc.

Raros inventos

Es decir existirían tres tipos de injuria:

¿En cual de esas hipótesis se encuentra la mentada injuria en contra de la Michelle Verónica?
Como puede darse cuenta, en ninguna.

La disparatada teoría que usa es que habría una injuria de obra, pero no una que estuviera relacionada con gestos, sino que se trataría de una acción compleja.
Se injurió a la ciudadana recogiendo un mensaje, que no había sido autenticado bajo las reglas del periodismo y se lo había publicado parcialmente.
No creo que sea necesario extenderse en lo que todos ya han hecho, la mala praxis de un periodista no es un delito penal; a lo más sería un asunto que condujese a una sanción ética o bien redunde en una demanda civil por indemnización de perjuicios.
Pero no es delito, bajo ninguna circunstancia.

Qué bueno tener fuero

Ahora, los periodistas tienen una inmunidad respecto a lo que digan en el ejercicio de su función (la cual no deja de ser tal por ejercerla de modo antiético, torpe o negligente) y es el 10 Nº 10 del código penal (están eximidos de delitos los que actúan dentro de su oficio) el que debe interpretarse conforme a la ley de abusos de publicidad, que por lo visto aquí nadie ha sacado a la luz. En Chile, a diferencia de casi todos los países del mundo, ser periodista es un oficio público, que está protegido legalmente. Un medio de comunicación debe tener un director que sea de profesión periodista. Ser periodista implica derechos y obligaciones.

Ahora, no hay ninguna obligación para el periodista en el sentido de obligarlo a verificar una información antes de publicarla.

Si lo hace, se deteriora su credibilidad, pero no incurre en delito alguno.
La ley dota al periodista de un fuero, eso es lo que más se ha callado por estos días.
Esta especie de fuero haría imposible que incurriera en el delito de injurias; además lo impediría una particularidad de esta figura penal, la exigencia de un animus injuriandi.
Se trata de un elemento subjetivo adicional a los generales que se piden para un delito, se pide el ánimo de injuriar. Un periodista siempre tendrá, salvo prueba en contrario, un ánimo de informar o de ejercer el periodismo.

Finalmente, cada vez que un periodista difunde una información (cierta o falsa, verificada o no) está dándole difusión a la opinión de otro, por lo tanto no es él quien opina.

Dicho de otro modo la única forma en que un periodista injurie es usando de su derecho a opinión, sea en el reportaje, columna de opinión, o donde fuere. Si se limita a decir “fulano de tal dijo esto” y resulta que fulano de tal sí dijo eso no incurre en ningún delito, de hacerlo habría que derogar todas las leyes desde la revolución francesa hasta entonces. Se acaba la libertad de opinión, la libertad de información, el derecho a la información, la libertad de expresión, el debido proceso, el nullum crimen sine lege, etc.

La teoría del caso de la ciudadana debería haber sido declarada inadmisible en el mesón del tribunal por las razones que he dicho, sin embargo el juez la admitió a tramitación y eso es muy grave.

Es gravísimo porque se está afectando un principio más vetusto que los que nacieron al alero de la revolución francesa: es uno que se lo debemos a la carta magna (1215) y según algunos es anterior: Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege (no hay delito ni pena sin que exista una ley previa).

La ciudadana está inventando un delito, el delito de injuriar mediante una acción compleja basada en acciones y omisiones concatenadas.

Ese delito que imputa la ciudadana existe en otras legislaciones, y no debe ensayarse una argumentación cantinflesca como aquí. Me refiero al delito de difamación.

Difamar es difundir información que dañe la honra de otro. En Chile no existe el delito de difamación, por eso Hermosilla y CIA tuvo que inventar este chorizo de se la injurió de obra, pero no con un gesto obsceno.
Quiere decir que desde ahora la ciudadana puede querellarse en contra de cualquier tuitero, o usuario de facebook, por retuitear información “difamatoria”, tal como ocurre con la Ley mordaza.

Estos podrían ser los últimos textos que podrías leer en internet.

Ahora, pienso que la finalidad de la ciudadana es otra y peor, todo indica en que sí está involucrada en el caso CAVAL y lo que está haciendo es cambiar las reglas para negociar con COPESA una tregua y así se mantenga en silencio tal cual lo ha hecho El Mercurio.

Nota 1: Un gobierno desesperado al punto que demanda a Bolivia de forma precipitada, donde es probable que pierda.
Nota 2: Un gobierno debilitado al cual los estudiantes le paran los planteles, no queda muy claro cual es el interlocutor que creen tener.