Nefasto.cl, página oficial de la campaña de Marcel Claude a la presidencia del Congo para las elecciones de 2020, tiene el agrado y privilegio de presentar un adelanto de lo que será el libro “Me duele Chipre”, el cual ya está a la venta (en verde) por el módico precio de 50.000 Marcelos Congoleños (10.000 pesos chilenos). Para motivar a los seguidores del amado líder a comprar a ciegas a Marcel y apañarlo con la paga de la imprenta, la pensión alimenticia, el sueldo del diagramador y los periodistas. Ah, y el paleontólogo que se encargará de descifrarle la letra; en definitiva, acompañar a Marcel en su aventura de adquirir una nueva calilla, es que Nefasto.cl presenta un adelanto exclusivo con pasajes seleccionados de esta obra maestra, que seguro obtendrá el Premio Nóbel de Teología.

I. Mis tiempos en la UP

Yo aún recuerdo la primera vez que fui a ver UP. Fui con mi hijo, estaban todos mirándome en el cine, porque soy una persona famosa, porque ellos saben que yo seré el salvador de Chile. Mi doctrina frente a la UP es la de cualquier persona bien nacida; desconfiar, desconfiar, desconfiar. Una película que hace Disney no puede tener otro propósito que la enajenación mental. Mi hijo pidió un paquete de cabritas, yo le di un paipazo, que es mucho más alimenticio que cualquier porquería. Además engordan. Después tuvimos que salir arrancando porque el acomodador descubrió que nos habíamos colado.

II. Cuándo conocí a Karen Hermosilla

No me acuerdo si se llama Karen, o Karem, o Carina, yo le digo Mauricia, por que me recuerda una perra que yo tenía, que se llamaba Mauricia, que era bastante pelotuda, yo le decía que no saliera y la perra igual salía. Un día salió y la atropellaron y se murió. Bueno, Mauricia estaba bastante buena, la miré por la tele y no pude evitar que, tras años de inactividad, mi cuerpo reaccionara al rascar de cocos y tuviera por fin una erección completa. O tal vez aquello era una hernia, no sé, con Ricardo Israel compartimos experiencias y él dice que a esta edad solo salen hernias. Bueno, esta muchachita tenía unas piernas muy largas. Ella llegó a mi oficina en el Partido Humanista (que es un galpón muy sucio y húmedo, y yo tenía el único escritorio que no era compartido luego de tener que enfrentarme en un duelo de cacho con Efraín Osorio o como se llame ese weón, yo gané porque le pegué un cacho en el hocico) y me dijo que juntos podíamos conquistar el mundo, que ella podía ser mi Eva Perón y yo el Perón, y a mí se me paró el Perón y se me hizo agua en el hocico y le dije: ya, hagamos la asamblea constituyente. Además las minas ricas siempre traen votos, es cosa de ver a Michelle Bachelet, que está rica. Rica en un asao, chancha culiá. Perdón, no quise decir eso. Bueno, como les iba diciendo, ella es harto rica, tiene las medias piernas, es la media mina, la conocí en un locar de papas frita.

III. La dictadura

Cuando salí de la universidad me encontré con un mundo muy triste. Quise entrar a trabajar a la zapatería de mi abuelo anarquista, pero ni la gente tenía zapatos para reparar ni encontré a mi abuelo anarquista. Mi hija me dice que es porque mezclo los medicamentos, ella no sabe que hace rato me los dejé de tomar. Ah, que no, que borra eso, no quiero que salga. Ya. Oye, ¿cuánto le dijiste que le iban a pagar a los que iban a pasar esta grabación? Cuarenta. Ofréceles cincuenta por hora transcrita. Esta weá va a ser un éxito. Ya, sigamos. Bueno, buscaba pega, buscaba pega, tiraba currículum, nada. Un día llegué a la municipalidad y pedí trabajo, me asignaron al POJH. Así pude entrar como analista del Banco Central, un trabajo durísimo, pues teníamos que leer informes y analizarlos, con el ruido de gente siendo golpeada. Si los milicos pudieran fusilar con silencio sería estupendo. Pero bueno, tenía que hacerlo, tenía que alimentar a mi familia. Además yo fui muy opuesto a la dictadura, por ejemplo, participé en el Movimiento Sebastián Acevedo. No, en realidad no participé, participé, no, una vez les dí cien pesos en una colecta que estaban haciendo. En realidad no fui yo, en realidad era mi señora. La vio un paco y le sacó la chucha, cómo me reí ese día. Oye, si cien pesos era plata en esa época.

IV. La candidatura

Un día estaba rascándome los cocos en mi oficina de mi ONG cuando tuve una idea genial: ser presidente de Chile. Así salvaría el planeta de la devastación. Uniría los pueblos de nuestra nación. Expandiría nuestro reino hacia las estrellas. Me decidí. Asumiría el encargo que me habían hecho tantos estudiantes, tantos pobladores, tantos ciudadanos, tantas voces que no estoy seguro si son producto de la esquizofrenia, de asumir la histórica tarea de cambiar Chile. Así fue como recorrí Chile, que estaba todo en toma en ese entonces, y me encontré con un montón de gente decidida a darlo todo por el todo, y si no querían, a patás en la raja lo iban a hacer.

V. El Diario Uno

La weá es bien sencilla. Como iban a cerrar la Nación, o se iba a poner facha, bueno, había que crear un diario que fuera lo mismo y que el público que iba a perder su diario favorito pudiera tener algo que hacer en el ínterin. Lamentablemente no me di cuenta que La Nación no lo leía casi nadie. Mala idea. Encima mis esclavos se rebelaron y me acusaron con la policía del pensamiento. Con razón el comunismo fracasó, si todos se quejaban por todo.

VI. Cinco mil personas escuchándome en la calle en Valparaíso

En esa histórica jornada, vivimos la certeza de que estábamos levantando una misión histórica. Yo hablaba y bailaba embebido de una magia satánica, lanzaba espuma por la boca, pero nadie se daba cuenta porque eran muchos y tenían que pasar piola de que no se escuchaba ni una weá. Además logramos multiplicar las soyas y los panfletos. Ese día soyorizaron y leyeron panfletos más de cinco mil personas, y curamos de su alergia a la soya a siete veinte personas. Un milagro de navidad

VII. La traición de Karen Hermosilla

Yo una vez andaba un poco descontrolado porque se me había acabado la fluoxetina y me había gastado todo el dinero en unos panfletitos muy bonitos donde sale mi cara mejor que nunca, y le dije a la Karen (es que ella se agachó a recoger unos volantes y pucha, se me paró como no recordaba desde mi juventud) que quiero que su espada me atraviese solamente a mí. Al día siguiente dijo que yo era un narcisista peligroso. Neurótica culiá, por culpa de ella se perdieron los cinco millones de votos que eran míos y están guardados en la casa de José Antonio Gómez.

Recuerda, por diez mil pesos puedes leer esta y otras aventurillas más. Depositar a la cuenta 8302u1944 banco Itaú, a nombre de Servicio Electoral de Chile.