Tecnología avanzada

Robot Jox no es mala, de hecho es una de mis películas favoritas, mala es aquella trilogía chilena (Que Pena, por su director) que es delicia de los enfermos mentales. Robot Jox es parte de esa serie B tan amable que aunque sea, por momentos, un sinsentido: igual hace que uno termine de verla y se regocije de una buena idea que en días de hoy fácilmente se habría transformado en un blockbuster lleno de secuelas y figuras de acción. Robots peleando, dándose y no consejos.

Al grano, Robot Jox (1990) es dirigida por el brillante Stuart Gordon, quien, después de triunfar en el terreno del terror con maravillosas películas que hoy son de culto, Re-Animator y From Beyond, entre otras, decide hincarle el diente a una película algo más masiva, digerible, si se quiere. Y qué mejor  que empezar con una película con robots gigantes y luchas entre ellos. Gordon ha reconocido inspiración en Macross y Transformers, ni más ni menos. En tu cara Michael Bay.

La historia es simple, sin mucho preámbulo nos presentan a un planeta devastado por la Tercera Guerra Mundial, una guerra atómica que dejó al mundo dividido en dos y en ruinas. Cuyos bandos se pelean – buenos y malos, oriente vs occidente – la conquista de pedazos de tierras ricas en minerales, petróleo y esas cosas por las que uno tontamente da la vida – cof, cof, Guerra del Pacífico –. Por la parte de los buenos están los americanos, El Mercado Occidental; y en el contrario están los rusos, La Confederación. Vamos, pleno inicios de los noventa. Pero nada es tan fácil, la lucha por estos grandes terrenos, kilómetros y kilómetros de ellos, no lo harán cualquiera: para eso la humanidad ha construido inmensos robots, que cada cierto tiempo, se enfrentarán en duelos programados. Y aquí entra nuestro flamante protagonista: Aquiles (Gary Graham) piloto del robot perteneciente  a Mercado Occidental, un genio en las peleas robot a robot. El funcionamiento de estos armatostes es obvio, el piloto, o Jox, está dentro de esta máquina, quien dirige los movimientos a través de sus piernas y manos, pura ciencia ficción. Robot y humano son uno. Como en los mejores momentos de los Power Rangers. En el lado contrario está el sanguinario Alexander (Paul Koslo), un ruso de veritas.

La historia nos sitúa en la pelea por la conquista de Alaska. La batalla se realiza en una arena con galerías y miles de personas en primera fila, como un partido de fútbol, claro que con robots y eso es mejor. El pleito comienza y se descubre que hay un espía en el equipo de Aquiles, alguien ha filtrado una nueva arma secreta a los rusos y estos han prevenido el daño, en tanto, en un descuido cientos de espectadores mueren aplastados por un golpe mal evadido. Tragedia, llamen a la Onemi. Ambos bandos se declaran ganadores, pero los árbitros deciden que los muertos no son importantes, hay un empate y la lucha debe reanudarse en una semana, Aquiles se niega, moralidad mediante y renuncia a su puesto. No puede cargar con tantas muertes. Lo que es una oportunidad para otros pilotos, que en realidad, son humanos genéticamente alterados con el gen Jox, que es básicamente la mezcla de los genes de los mejores pilotos. Entre ellos está Athena (Anne-Marie Johnson), la única mujer piloto, quien está decidida en demostrar que, sin emociones, podrá ser una buena Jox. Pura fantasía de siglo XXI.

Robot, eres formidable

Y así Stuart Gordon plantea su base, con peleas de robots diseñadas en stop-motion y conspiraciones típicas de la época y algunos giros algo torpes. Además, sutilmente plantea temas valóricos y morales, que bueno, hasta el día de hoy persisten. La escena en que los árbitros del combate sentencian que la muerte de uno o miles de personas no tienen por qué estropear la lucha de poder de dos bandos, es decidora. El poder y las riquezas están por sobre unas cuantas vidas sin valor. O la validez como seres humanos que tienen seres diseñados para triunfar y ser perfectos. Sieg Heil.

La película es entretenida, si se sitúa en el contexto en que fue hecha, uno se sorprende en que una buena idea haya pasado tan desapercibida, ejecutada de manera medianamente aceptable, que es lo mínimo que uno espera. Las actuaciones sin ser una gran maravilla cumplen, y ojo, en una época en que los efectos especiales eran prácticos, oh, en ti pienso, Evil Dead, la película cumple. Hoy muchos se han maravillado de Pacific Rim, y hay que decirlo, Robot Jox es un más que digno antepasado.

Véanla, es entretenida, sus ochenta y algo minutos que dura pasan rapídisimo. Además siempre es bueno darle la oportunidad a joyas/basuras como esta. Ya basta de tanto CGI e historias infladas.

Crash and Burn!

Winner