Veamos, es difícil defender una película como Carnosaur (1993), que es parte de la serie B más pura y cutre que pueda existir sobre la galaxia, es una película de culto. Una cinta que de tan mala que es uno le agarra cariño igual, porque uno se ríe de los efectos especiales que son malos o de los actores que dan jugo tratando de ser trascendentes. Al menos a mi, como amante de todo lo malo y de mal gusto que exista y encima con un vistazo al terror, me gustó y la disfruté, así que trataré de explicar cómo una película tan nefasta es digna de verse.

Primero contextualicemos, Carnosaur está producida por el magnate de la serie B, el genio productor Roger Corman; quien desde hace décadas ha estado a cargo de maravillas como: Piraña de Joe Dante, la original; el slasher feminista Slumber Party Massacre, y más recientes cosas como Sharktopus o Pirañaconda. Y se me quedan muchas en el tintero, el vejete ha producido más de cuatrocientas películas, un crack, una verdadera leyenda. Muchas de sus producciones nacieron como copias o simple aprovechamiento a grandes producciones, entonces la similitud de Carnosaur y Jurassic Park no son antojadizas. El director de esta gran obra de arte son, a falta de uno, Adam Simon y Darren Moloney. Simon había trabajado junto a Corman en el pasado en Brain Dead, en esa película una compañía malvada hacía experimentos dementes, gran nexo, porque la misma institución es protagonista en Carnosaur: Eunice.

La historia se sitúa en Nevada, en un pueblo, no recuerdo cuál porque no es importante. En este poblado el trabajo avícola impera junto a la labor en las canteras. Es aquí en donde está situado Eunice, quien es regida por una científica algo loca, por no decir demente. La doctora Jane Tiptree (Diane Ladd), está a cargo de la investigación de pesticidas pero algo esconde. Como en Freirina, a no dudar, que se sepa.

Tengo algo malo que hacer, lo pienso

La doctora – para simplificar la historia – injertó un virus en gallinas sanas, quienes además de mutar ponen huevos muy grandes. Huevos que llevan en su interior pequeños dinosaurios, tiranosaurios en miniatura sedientos de sangre humana, obvio. Pero ese no es el único artilugio, la buena de Triptee al contaminar a todos los pollos, que eran vendidos y consumidos por todo el pueblo, hizo que la población enfermara con una fuerte fiebre, contaminados con el mismo virus deformaron su adn, dando paso a una nueva forma de vida. Aquí la explicación es burda y el guión hace aguas: resulta que las personas infectadas empezarán a parir pequeños dinosaurios, tal como harían las gallinas modificadas.

Hijito mío

La idea de la doctora es crear una raza superior, entregando la tierra a quienes fueron los reyes en ella: dinosaurios. Así mezclando el adn dinosáurico junto a la inteligencia y perspicacia humana, el reino de los mejores sería posible. Una precuela directa para Dinosaurios.

Todo iba perfecto hasta que estos fósiles vivientes escaparon, siendo pequeños, en pleno desarrollo, desatando el caos. Pero como toda película existe el héroe, encarnado en ‘Doc‘ (Raphael Sbarge), un cuidador de maquinarias justo en una de las canteras, lugar que es conocido como la carretera de los dinosaurios. Pura coincidencia. Doc conoce a Thrush (Jennifer Runyon), una hippie integrante de un grupo autosustentable, justo la noche anterior en que el caos se desata. Ambos tendrán que ingeniárselas para sobrevivir al ataque de los dinosaurios asesinos y hacer frente a las maquinaciones de la doctora demente con aires a Gendoh Ikari.

Y eso es todo, ese es el argumento. Las actuaciones son malas, tan malas que son graciosas, lo que es mejor. La historia en si podría haber dado mucho, en sus ochenta y algo minutos de duración entretiene, de verdad. No sé nada de cine, pero hubieron cosas que desarrollar: el grupo de personas autosustentables podría haber dado mucho de si, como crítica a las grandes empresas faenadoras, el subtexto perfecto. Tal vez por eso estaban ahí en el guión, pero mal, quedó en la mera anécdota. El grupo sólo es mostrado como el origen de Thrush. Por otro lado, el gore y las escenas de desmembramientos no están nada mal. Es divertida. Y aplausos por esos efectos para recrear a los dinosaurios, que crecen en cuestión de horas, esa técnica de poner un muñequito cerca de la cámara para que se viera muy grande me sacó carcajadas. Y uno piensa que cualquiera podría hacerlo: poner un pequeño robot frente a la cámara y destruir casas de cartón, mejor que en Transformers o Evangelion.

Hola, amigo

Aunque el único tope es que se toma muy en serio a si misma, pero se supera. Un guión infantil, torpe; actuaciones limitadas, pero igual disfrutable, graciosa. Y ojo, Carnosaur tuvo dos secuelas, pero ese es otro cuento. Leprechaun tuvo seis secuelas. Ni hablar de la peor película del mundo: Troll.  Las secuelas de Carnosaur tal vez sean peores o mejores, da igual. Véanla, es mejor que horas y horas de internet mal pagadas.