La campaña del terror de la derecha se ha decantado en una soterrada guerra generacional. Los pinguinos de ayer guardan silencio, mientras sus padres salen a las calles a protestar para evitar que se concrete la petición de los pinguinos de 2006 y 2011: que se terminen los colegios particular-subvencionados.

Que la responsabilidad de la educación pase al estado. Que volvamos a tener un estado docente.

Es así que la campaña del terror nos plantea una disyuntiva ineludible: o se mantiene el copago a los privados o el sistema educacional básico y secundario chileno se irá por el acantilado. Ya no se trata del viejo y muy abstracto discurso de la defensa del “derecho a elegir”; sino que apuntan a los velados intereses arribistas del cliente -el apoderado de clase media baja -que aspira a que su hijo no solo tenga una vida libre de apuros económicos, sino que aspira, también, a ingresar a las élites aristocráticas del país por su intermedio, sin considerar que como él, hay millones pujando con el mismo interés. Están defendiendo una probabilidad -si es que esto se tratase de una cuestión de probabilidades, en circunstancias que los resultados ya están hace tiempo definidos -irrisoria, mínima. Es como luchar por el derecho a pagar dos mil pesos por el Loto de todas las semanas. La Confederación de Apoderados de estudiantes de liceos particulares subvencionados -que se hace llamar Confepa, cual si se tratase de todos -hoy plantean en sus revindicaciones exactamente lo contrario a lo que en 2006 se exigió, y el 2011 se recalcó: hoy, la lucha por la educación está al borde de volverse una lucha generacional, dándole contenido a todas esas fantasías absurdas de adolescentes rebeldes por nada. El rebelde sin causa adolescente ahora pugna con su padre no por el derecho de usar el pelo largo, sino por un concepto del mundo, por un modelo económico y biopolítico, todo gracias a este simulacro orquestado desde los que manejan la “opinión pública”.

No deja de llamar la atención esta disyuntiva. En la medida que no salga otro grupo importante de asociaciones de padres y apoderados que apoyen las demandas de igualdad de sus hijos, parecerá que la única voz desde los apoderados será la Confepa. Urge que, al menos, se solifique  la idea de que al copago no se volverá. Hoy, entre los reproches de los que buscan un cambio profundo y no meras transformaciones estéticas como en 2008, y los desesperados y a menudo criminales intentos de la derecha por mantener el estatus quo, terminemos hundiéndonos consumidos por el inmovilismo, que es lo peor que podría pasarnos, más aún en estos minutos, prolegómenos de una crisis económica como hace tiempo no se había sentido en Chile.