Fanática de las donasTuvo que aparecer un inserto patrocinado por Hermógenes Pérez para que la concerta millennial se diera cuenta que los que tienen plata pueden hacer y deshacer periódicos de papel.

Bueno, ¿se acuerdan de eso de “Libertad de expresión para decir nada” que hablábamos ayer? Hoy día es inevitable hablar de algo anejo. El inserto de La Tercera.

No poco tuitero progre rasgó vestiduras porque se colocó un inserto que buscaba empatar los actos de la dictadura con los de la resistencia. Sí, da asco. Sí, es un empate burdo. Sí, está al filo de la apología al pinochetismo. ¿Pero prohibirlo?
Prohibirlo sería caer en el juego de los opresores, siéndolo.
Cuando Pinochet ordenaba cerrar los medios de oposición, o publicar bajo censura previa, o sin fotografías, se limitaba la libertad de expresión. Eso lo tenemos claro. Si partimos de la base que los medios de comunicación no deberían discriminar a quienes buscan publicar en ellos cumpliendo los requisitos que impone la prensa, porque obvio que no publicarán gratis sino a título de “publicidad”, que es como operan los insertos, entonces no deberíamos expresar reproche al acto de publicar el inserto de un tercero. Cosa distinta es si se adhiere a él. Dado el precio cobrado, ni de lejos podría decirse que hay una adhesión. Una adhesión implicaría un cariñito en el precio, cuando menos.

Si partimos de la base, ahora bien, de que todo ese discurso de que los medios de comunicación no son democráticos sino que responder netamente a los intereses de sus dueños, el diagnóstico final no es distinto. El ke tiene plata ase lo ke kiere, decía la sabrina suvenires en los tiempos en que twitter era divertido, y vaya que tiene razón. Si los dueños quieren publicar tal cosa, bien, sino, bien también. Varias veces decisiones editoriales han dejado artículos que les han pedido expresamente para sus periódicos fuera. Yo creo que el excluir una publicación porque no te agrada es más grave que admitir una por precio. Mal que mal, los periódicos, sobre todo los de papel, no hacen caridad. Si me dieran un millón de pesos por poner un pinocho por un día lo hago muerto de la risa, po.

Por eso el financiamiento de los medios de comunicación es una cosa tan complicada. El otro día estaba leyendo El Desconcierto y me salió el medio anuncio de una agencia de novias rusas, y na que le di color con la forma en que El Desconcierto obtiene sus recursos, por mucho que se la pasan haciendo gárgaras con el feminismo.

Entonces, ya que ni por el lado de “Los medios de comunicación son para todos” y “Los medios de comunicación son cuestión de sus dueños” podemos justificar el no-publicar-bajo-precio-un-inserto-o-una-solicitada, ¿qué nos resta?

Está claro que el 11 de septiembre, en los medios de prensa diarios, solo hubo una sola voz. ¿Se acuerdan qué pasó con los periódicos de oposición en la dictadura? Los sofocó económicamente la Concertación. Mataron todos los medios de comunicación que les fueron favorables, y prefirieron quedarse con los que aceptan publicar insertos apologéticos de la dictadura por platita, de paso otorgándoles jugosos contratos comunicacionales y no cobrando el rescate que les hicieron en los 80.

Si la Concertación Millennial, esa que se hace llamar “Nueva Mayoría”, le gusta llorar tanto por el inserto, ¿por qué no mejor apunta directamente a Michelle Bachelet para que dé cumplimiento al fallo del CIADI que está olímpicamente eludiendo hace casi diez años? Eran 2000 millones de pesos de indemnización los que se debían a Víctor Pey Casado la última vez que leí sobre el asunto. Poco, considerando el avalúo actual de los inmuebles, y el lucro cesante por los 40 años sin tener las prensas andando. Con los intereses y las multas por no cumplir ya debe ser una cifra más abultada que esa.

Ya sabemos los argumentos de Bachelet I y luego Piñera para no cumplir el fallo: que supuestamente no está claro que Pey Casado sea el dueño de Clarín. Eso es un argumento formal, que sin embargo el fallo del CIADI ya desestimó. El caso lleva 20 años dilatándose, a raíz de las sucesivas apelaciones de Chile.

La realidad es otra. Se sabe que tan pronto ese dinero llegue a manos de Pey, éste se utilizará para comprar rotativas y echar a andar de nuevo el viejo Clarín. Si hace diez años atrás el problema es que la nueva competencia para El Mercurio y La Tercera dañaría la convivencia nacional, ahora dirán que no se puede permitir un nuevo periódico machista, y veremos funas feministas bacheletistas para impedir que vuelva Clarín. No, no tiene nada que ver que la Concertación y la Concertación Millennial sean íntimos amiguis con El Mercurio y La Tercera. Para nada, no, cómo se le ocurre.