Desde hace tiempo sostengo que el “latinoamericanismo” es un concepto tan mierdero como el capitalismo globalizante. Nos trata de hacer creer que sólo hay un alma en América, cuando en realidad son muchas, ricas y con pasados raciales y culturales completamente distintos. Es otra forma de negar la historia.

¿Han pensado alguna vez que en América, antes de que fuera América, no existían “indios” como les llamaron los europeos, sino una cantidad enorme (centenas) de pueblos distintos? Desde las buenas intenciones, es fácil caer en errores fundamentales a la hora de apreciar fenómenos sociales y políticos. Si bien la América Latina exige experimentar un proceso de integración fuerte, en lo económico y social (me preocupa la integración política, porque la experiencia de la UE no ha sido satisfactoria), no es menos cierto que las bases que dividen al continente existen, son profundas, y se remontan además a antes de la llegada de las huestes ibéricas. Quiero hacer presente esto, porque es falacioso creer que existe un alma única en América, pues nunca la hubo y probablemente no la habrá, precisamente porque América no estuvo nunca habitada por “indios”, sino por una serie de culturas, tan ricas como heterogéneas. Por ello, tampoco es libre, sino que se encuentra “condenada” a un pasado que – hay que entenderlo muy bien – no es realmente común.

¿Han pensado que en América había imperialismo antes de la llegada de los europeos? La maquinaria bélica de conquista de los Incas, por ejemplo, fue cruel, abusiva, incompasiva con los pueblos sometidos, a los que condenaron a adaptarse a la llegada de la “civilización”. ¿Y sabes por qué fue tan fácil a los españoles controlar ese enorme imperio? Porque éste se encontraba en una guerra civil, entre las noblezas (que las había) de Cusco y Quito. Fue fácil, entonces, pactar con una para arrasar con la otra. Con esto sólo quiero mostrar, con una tenue pincelada, que el sentimiento de unidad es cuestionable hasta dentro de pueblos en específico.

¿Quiénes fueron los principales aliados de Hernán Cortés en su conquista de México? Los tlaxcaltecas, un pueblo de la zona que por centenas de años había vivido sojuzgado a las crueles pasiones de la cultura mexica, las guerras floridas, el sacrificio humano, el canibalismo. Tlaxcala vio, entonces, en los forasteros una oportunidad de acabar con sus crueles amos. Hay quienes creen que el tributo que pagaron por esa decisión, fue incluso menor a la esclavitud mexica.

Los llamados a la unidad obvian muchas veces que las raíces latinoamericanas no son comunes a toda la América, creer lo contrario es estereotipar a todo un continente, como comúnmente hacemos con África, tan rica en pueblos diversos como el nuestro. Ya lo éramos, antes de la llegada europea, pero lo fuimos también después. El continente no fue poblado de forma homogénea, siquiera podríamos decir que los españoles que llegaron acá compartieran las mismas culturas. España había sido unificada hacía pocas décadas, aún los dialectos regionales impregnaron el castellano que se habla en cada país América. ¿Y qué me dicen de las inmigraciones posteriores? El componente africano (y uso el término sabiendo que es forzoso) no tiene la misma presencia en todo el continente, y los esclavos africanos venidos a América, tampoco provenían de las mismas zonas, ergo, no compartían cultura en muchos casos. Lo mismo podríamos decir de Argentina y Uruguay, con una rica presencia italiana que se deja sentir hasta en el acento rioplatense. Nuestra cultura es rica, pero diversa. Creer que la América es uniforme en ese ámbito es el peor error posible, porque de esa forma negamos el derecho al ser distinto, de igual modo que lo hace el capitalismo globalizador.

Por último, y sobre la frecuente exaltación a Machu Picchu, cabe mencionar que ciertamente es una obra monumental, ¿pero han pensado en que fue erigida en base a trabajo forzoso, a esclavitud, a compulsión de un Estado tan opresor como los de nuestros días? Los mapuche nunca hicieron una obra arquitectónica de esa magnitud. Y no lo hicieron simplemente porque no tenían amos que los obligaran a hacerlo.