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Mauricio Israel, Candidato presidencial regionalista.

Como quedó en evidencia con cierto artículo publicado en esta revista digital conocida como LumpenPower, el regionalismo resulta uno de los fanatismos más absurdos que han surgido en (las) últimas décadas. Un sentimiento de pertenencia y orgullo por el terruño que a uno lo vio nacer, que anula la autocrítica y enaltece a la provincia por sobre cualquier otra más; un invento de los Chicago Boys junto con los corporativistas de inspiración franquista que hallaron en la regionalización una manera de vender Chile de forma más fácil y sin que nadie se enojara. Si quiere ají de calidad, si quiere construir dos Hospitales Ochagavías con la arena que saldrá de sus partes pudendas, no tenga pena en leer este post de odio al Regionalismo, la posición política más agueonada del mundo.

Es derechismo encubierto.

¿Quién es el principal instigador del Regionalismo? El viejo dictador de oscura memoria, Augusto Joseph Ramón de Pinochet i Ugarte. Pese a que la idea de “regionalizar” Chile hallaba sus orígenes en el Gobierno de Frei, y luego, con Allende, como una manera de descentralizar administrativamente un Estado cada vez más grande, es Pinochet el que mete el veneno en esta herramienta de integración, y la convierte en una máquina de desintegración del país. Fácil: ¿Por qué aún los aniversarios de colegio se basan en competencias? Para desunirlos. Amistades intercursos se desarman solo porque la alianza azul es más bonita que la verde, buh, buh. Así se evita que hayan lazos de afecto, y peor aun: solidaridad. Lo mismo aplica acá. En lugar de pensar Chile como un todo, el regionalismo propugna que Solo su terruño, y ninguno más, vale la pena. Además, nos venden la pomada de que en Santiago se comen todos los recursos y a las regiones nos dejan un moco.

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Señora, Señor, Travesti: no hable pescás.
La idea del regionalismo tiene sus raíces con el municipio autónomo franquista, propio de las ideas corporativistas heredadas del fachismo italiano que Franco (Francisco, no Parisi, aunque sean parecidos) implantaron en España, manteniéndola en el retraso mental. Para nadie es desconocido que Jaime Guzmán, el ideólogo del régimen del terror, profesaba estas francocatolicistas ideas en su temprana juventud, cuando se encadenaba engrasado en la UC para que no se la tomaran; cuando el amor llegó a su vida, de la mano de los rubios economistas de la Escuela de Chicago, combinó el liberalismo desatado y delirante con sus conservadoras ideas. Y es que la regionalización era un complemento perfecto para su cometido.

La venta de todo lo que tenemos.

Antes había una sola gran empresa estatal para los grandes monopolios. Por un lado, el agua, era operada por una sanitaria estatal; la electricidad, por Chilectra; Los transportes, por la ETCE, y así, conforme la CORFO veía qué necesidades se debían de suplir. Llegada la locura Pinochética, el privatizar estas enormes empresas públicas iba a ser un cacho, pues eran de enorme valor e infraestructura (no vamos a comparar Chilectra con ENTEL, cuando casi nadie tenía teléfono). Entonces, ¿qué hacer? Dividimos estas empresas gigantes en pequeñas empresas regionales, así es más fácil de vender cuando el modelo de negocios de las mismas colapse y deje de ser “rentable”. Dicho y hecho: por más que haya sido el falangista -oh, qué sorpresa, ¿por qué los democristianos en Chile también se los conoce por “falangistas”? Para re-fle-sio-nar -Frei hijo quien concretó estos remates, no queda duda que la privatización era el motivo encubierto de la regionalización de las empresas públicas.

Como matar a la Universidad Pública

jaime-guzman-1“Universidad pública queríai, chuchetumare”

Antes de 1973 en Chile habían 2 universidades públicas nacionales. Hoy hay 17 “regionales”. Esto no obedece a las ganas de aumentar cobertura por un plan que pretenda llevar la ciencia, la luz y el conocimiento a todos los rincones del país; solo busca preparar la privatización. La Universidad de Chile y la UTE iban creciendo de a poquito: Pinochet decidió fragmentarla. Así, de la UTE y la U. de Chile, en Santiago, salieron 4 Universidades; la Chile, que debió soportar todo el pasivo de sus ex sedes regionales, la USACH, -sobre lo que fue la UTE -la UTEM -el Instituto Tecnológico de Santiago -y la UMCE -El ex instituto Pedagógico. En regiones, las Sedes Regionales de la Universidad de Chile y la UTE, o sus Colegios Regionales Universitarios se fusionaron y generaron nuevas universidades, más pequeñas, y prácticamente sin financiamiento, con tal de que compitieran por igual con sus pares privados. Así, debieran manejarse cuales empresas privadas. La estructura de financiamiento era una bomba de tiempo: desde cierres a privatizaciones han sido los mitos que se han cernido, cual espada de Damocles, sobre las Universidades Públicas. Tarde o temprano colapsarían, como lo han hecho, y el cobro de aranceles altísimos, que solo se han podido aplacar mediante la institución de créditos, han salvado a las Ues de su destino final. Mal que mal, el mismo Guzmán, en pleno 1981, justificaba la fragmentación: las sedes regionales eran un lastre para la Universidad de Chile. Aquella era la justificación que escondía la agenda oculta de esta “regionalización”: hoy, por ejemplo, tenemos dos carreras de Sociología impartidas por Universidades Estatales en Valparaíso. ¿Necesita tantos Sociólogos Valparaíso? ¿Puede la necesidad de libertad de cátedra requerir mucho más que cátedras paralelas, sino que derechamente carreras separadas? Da la impresión que el criterio es la rentabilidad en lugar del desarrollo del país o la sostenibilidad del campo laboral de las carreras. Entonces ¿qué justifica tener dos universidades del Estado en el mismo espacio geográfico? ¿Por qué las Universidades de regiones abren sedes en otras regiones? ¿No eran regionales? ¿No que por eso fragmentaron la Universidad de Chile?

El Regionalista

Entonces, nos queda por analizar a este ser. El Regionalista. El que cree que el origen de todo mal se origina en la capital. O en la capital de la región (una especie de subregionalismo-provinciano). Que le echa la culpa de todo a que todo está en Santiago y que por eso nada llega a su comuna.

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Tzhoro Zoria

Los personajes que levantan las banderas del regionalismo tienen amplias credenciales en el mundo de la política de baja ley. Primero, el Choro Soria, quien ha vivido más de una temporada en la cárcel por sus actos en política, y no precisamente por una persecusión -por mucho que él alegue que así ha sido -Adolfo Zaldívar, que halló en el PRI un lugar donde guarecerse, y en definitiva, diversos personajes defenestrados desde la Concertación y Renovación Nacional, que encontraron en el Regionalismo una posición popular, llamativa y muy cómoda, flexible a sus intereses. Lo sorprendente es que hayan sacado un ocho por ciento en las últimas elecciones, lo que en parte se explica porque se apoyan mucho en el caudillismo local. En definitiva, el Regionalismo en política promete no solo sacar a flote a la Derecha, sino ser el refugio de tantos políticos profesionales defenestrados.

El Pequeño Regionalista

Lo vimos en el artículo donde subimos al columpio a Valparaíso. Sin preguntarse si acaso no habían personas de Valparaíso quienes escribieron el mismo, o el tono sarcástico de las palabras, acusaron a los autores de ser Santiaguinos cuyas neuronas fueron atrofiadas por el inhalar el tubo de escape -como si acaso, en Calle Prat, no se diera dicho fenómeno -y de haber sufrido desde violencia sexual hasta el despecho de alguna porteña buena moza. De inmediato comenzaron a lanzar en cara la historia de Valparaíso.

Captura de pantalla de 2013-08-22 18:24:40La defensa de la pequeña patria

Amiguitos, Grecia tiene también historia, mas de ello no quedan nada más que ruinas.

Aquello sería suficiente para alertar del hecho que si Valparaíso está en ruinas, es precisamente por el regionalismo ciego y nulamente autocrítico que profesan. Cuando tuvieron de candidatos a Castro y a Pinto para la alcaldía, cuando lo quieren llenar de Malls y no encuentran nada más que hacer que una cicletada para evitarlo. Ni pensar en una osada acción como la Plaza Taksim.

Y aún así tienen cara de decirse amantes de la ciudad, por el solo hecho de ir a mirar un equipo de fútbol y ofenderse cuando alguien osa escribir un texto humorístico al respecto, por mucho que encierre dolorosas verdades.

También está el regionalismo minero. Aquel que alega que todos los dineros de la extracción cuprífera se quedan en Santiago y no aportan en el desarrollo local, dejando una estela de contaminación y pandemias de sífilis. En fin, bastaría cuestionarse el hecho que los dueños de las empresas mineras extranjeras tengan sede en Santiago.

El subregionalismo es aquel que recela incluso de la capital regional. Es lo que lleva a pueblos como Quillota a llorar el hecho de que todo se concentre en Valparaíso. Por ello la sede regional del Ministerio de Cultura estuvo un tiempo en Quillota, pero lo poco práctico hizo que esta medida poco durase.

En fin. Da risa que, cuando el problema está en la desigualdad del ingreso, en las nulas planificaciones urbanas y en la confianza en la espontaneidad de la misma es más que suficiente, se le eche la culpa al hecho que el presupuesto supuestamente se concentre siempre en la capital. Obviamente que si la más de la mitad de las personas que viven en un país se concentran en un sector, debe aumentar la inversión. Por otra parte, nada se ha hecho para desincentivar la migración a Santiago e incentivar la migración a regiones. No, por que en nombre de la regionalización, mejor ofrezcamos cosas más chicas y desabridas, cañerías que explotan pero que son nuestras, aunque por algún motivo el gerente de la empresa tenga sonsonete español. Es la misma regionalización la que hace a las regiones apestar. Por que desvían el foco del problema. Por que termina siendo otra alegación de un alcalde de una comuna sureña porque supuestamente los ridiculizan en una teleserie, en vez de preguntarse por qué la televisora estatal transmite una teleserie tan estúpida.

Pero claro, siempre es más fácil matar al mensajero.