18-05-2014 14-12-57
Ante una verdad que por semanas e incluso meses pareció diluirse ante el maremagno de hechos con los que fue clausurada (por lo menos fallidamente) “Ad augusta per angusta”; la declaración de los estudiantes de la Universidad del Mar nos viene a recordar – y reafirmar – no sólo que un grupo de estudiantes estafados por el sistema universitario chileno le ganó a la mafia de quienes lucran con la educación coludidos con el gran capital. Sino que a esto es posible vencerlo desde adentro, con las reglas de la sacrosanta ley de bancos, jugando de visita y ganando por goleada.  – M.

La disolución del autor, o Fuenteovejuna se autodenuncia, como certeramente apuntara el poeta Elías Hienam. Entre un fuego cruzado sin tregua posible entre el autor de la exposición “Ad astra per áspera”, Francisco Papas Fritas, y uno de los que postulaban la transformación del acto artístico en político, encabezado por Ariel Zúñiga, quedó desnuda ya no la clásica interna de la izquierda, que tiene su origen en las rencillas entre el Frente Popular de Judea y el Frente del Pueblo Judaico, hoy se ha terminado por revelar que ninguno de los apuntados es, en verdad, el autor del acto central: la quema de los pagarés.
Los autores materiales de la quema de los pagarés de la Universidad del Mar son sus mismos estudiantes.
Su ostentación pública era una necesidad accesoria, de la cual, tanto Papas Fritas como Zúñiga posibilitaron su acertada difusión. Sin las acciones, cuestionables o no, certeras o no, de cada uno de los involucrados en el “Proyecto Kombi”, ciertamente la difusión habría resultado más difícil de comunicar, habría pasado por mero vandalismo escandaloso.
Pero esa etapa terminó. He aquí la declaración donde los estudiantes de la Universidad del Mar confiesan ser ellos mismos los responsables de la quema de 250 millones de millones de pesos chilenos. -PM.

¿HASTA DÓNDE DEBEMOS PRACTICAR LAS VERDADES? La historia sobre las letras de los estudiantes de la Universidad del Mar.

Frente a privados que nos estafaron, nos robaron y se enriquecieron a costa de nuestros sueños, y nuestras familias. Frente a un estado negligente y, por sobre todo, cómplice de la mafia de la educación chilena. Frente a una justicia claramente injusta, ciega y corrompida… ¿Qué más podíamos hacer los estudiantes de la Universidad del Mar? Reclamamos, pataleamos en las calles, cortamos carreteras, nos metimos a cuanto edificio público veíamos, nos tomamos la Universidad, hicimos huelga de hambre, destituimos a un Ministro, prohibimos la entrada de una síndico de quiebra a la U, nos subimos a un monumento, hicimos clases en la calle, hasta un banco nos tomamos, pero nadie nos pescó… ¿Qué más podíamos hacer los estudiantes de la Universidad del Mar? O nos sentábamos a esperar que nos pescaran y seguir viendo como nos metían el dedo en la boca o, definitivamente, hacíamos algo… ¿Qué más podíamos hacer los estudiantes de la Universidad del Mar? Defendernos.

Esta historia, decidimos escribirla con nuestras propias manos y no de valientes ni atrevidos, sino de cansancio de ver que nuestros gritos no eran escuchados, de ver a nuestras familias sufrir con la incertidumbre de no saber si sus hijos, la primera generación de futuros profesionales, podría obtener su título. De ver a nuestros viejos agotados de tanto trabajar para pagar un título que, a estas alturas, valía nada. Nos cansamos, nos cansamos de esperar a que alguien hiciera algo por nosotros. ¿Qué más podíamos hacer los estudiantes de la Universidad del Mar? Quemar las letras.

Fue esa rabia acumulada la que nos llevó a decidir, entre cigarrillos y mates, a tomar la solución en nuestras manos, sólo nosotros sabíamos el daño que nos provocaron. Ni el movimiento estudiantil ni mucho menos, los órganos del Estado sabían lo que necesitábamos, y tampoco tenían las ganas de solucionar lo que realmente nos aquejaba. Sólo nosotros y sólo nosotros, los estudiantes de la Universidad del Mar, veíamos el sufrimiento en los ojos de nuestros padres, los mismos que en un principio no nos apoyaron con la toma, porque se preocupaban de que nos fuera a pasar algo malo, que sufrían cada vez que veían en las noticias cuando nos llevaban detenidos o cuando veían que el Ministro Beyer salía en la tele diciendo “los vamos a reubicar”, sin importarle que quedáramos en primer año. Sólo nosotros sabíamos lo que teníamos que hacer.

Así, hace más de un año, un 4 de Julio de 2013 tomamos la decisión de quemar las letras que nos amarraban a años de endeudamiento y se dio inicio a la fogata más bella de la que hemos sido parte, y la más cara, por supuesto. Miles de millones pasaban por nuestros ojos, se consumían las deudas de miles de familias, familias como las nuestras, pobres, de esfuerzo. Miles de millones que, sabríamos, irían a engordar la billetera de los dueños y autoridades mafiosas de la Universidad. Irían, ya no.

En ese momento y durante los días venideros, dimos aviso de la desaparición de las letras, hicimos el llamado a que no siguieran pagando, ya que la Policía de Investigaciones ya estaba al tanto de que las deudas no estaban. La Universidad, a través de María Bruna, jefa de finanzas, en un intento desesperado por recobrar esas letras, hizo ofertones para que los estudiantes las reconocieran “Venga, acérquese, renegocie su deuda, si firma le hacemos un 20% de descuento, oferta por tiempo limitado”. Así cayeron muchos compañeros y compañeras, desesperados creyeron en las autoridades y firmaron.

Pasó el tiempo, seguimos advirtiendo que no pagaran, pero nuestros gritos, nuevamente, eran aplacados por el miedo de los que sólo querían terminar, sólo querían olvidarse de la tragedia, del paso por la universidad. Fue ahí cuando apareció Papas Fritas, que en un intento por ayudar a que esta noticia se conociera, se auto-denuncia, todo el mundo se entera y los medios intentan levantar un héroe nacional. Ese no era el mensaje, el mensaje era de auto-defensa. No de heroísmo, sino de actuar. De teoría y acción. De praxis.

Ahora buscarán ajusticiarnos. Nos interrogarán y perseguirán. Harán valer la única justicia que existe, la de los poderosos. ¿Quién decide lo que es justo? Que irónico que hoy el Ministro de Justicia, el representante máximo de la justicia en nuestro país, sea un ex miembro de la Junta Directiva de la Universidad del Mar. Que irónico que el Sr José Antonio Gómez, sea ahora, quien busque juzgarnos, a través de los diferentes órganos del Estado, por un delito económico, mientras él, uno de los hombres de confianza de los controladores, ahora hombre de confianza de la presidenta de la República, obviamente, seguirá haciendo vista gorda de la libertad que gozan en grotescas mansiones, quienes nos arruinaron o mejor dicho, intentaron arruinarnos.

Y si algo nos queda después de pataleos, reclamos, huelgas de hambre, tomas de edificios, marchas y protestas, es la pérdida del miedo. Ese miedo que muchas veces nos inmoviliza a hacer algo por nosotros mismos, esperando que alguien, un héroe, venga a rescatarnos, a salvarnos. Lo curioso es que pedimos siempre ayuda a los mismos que fomentan este sistema opresor. Pedimos educación gratuita, pedimos estatización, pedimos condonación de la deuda… y sólo recibimos a cambio, la indiferencia. Hasta que comprendimos, a golpe y porrazo, el verdadero significado de resistir.

Si alguien roba comida y después da la vida ¿Qué hacer?… ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?, ¿Hasta dónde sabemos?, que escriban pues la historia su historia los hombres…” (Silvio Rodríguez. Playa Girón)

Estudiantes Universidad del Mar. Julio de 2014