Se dice que todos los genios tienen algo de locos. Es por eso que los genios son extravagantes, desadaptados y distintos a la mayoría de sus contemporáneos.

Penosamente, hay locos que no son nada geniales y que justifican su extravagancia, estupidez y desfachatez en que de alguna forma su locura, expresada en un cóctel de patologías siquiátricas unido a una constante falta de cariño, también lo hacen genio y por lo tanto todo el planeta debe comprenderlos, además de admirarlos y aplaudirles todo lo que dicen (porque obviamente, alguien con esas carencias necesitan atención constante).

 

Al tratarse de gente con talento para generar conflictos pero no para generar dinero y dejar de ser un dolor de cabeza al menos para su desconsolada familia, suelen encontrarse en ambientes artísticos o pseudo artísticos, relacionándose inversamente la densidad poblacional de estos indeseables con las capacidades necesarias para integrar dichos ambientes: Si no les da para confeccionar moda son Fashionistas, si su incalculable talento no les da para escribir en un diario son bloggers, si los círculos literarios los miran en menos son poetas de Facebook, si no les da ni para hacer un trailer en moviemaker son youtubers y así…

 

Su obra o la carencia de ésta es comentada gracias a trascendidos completamente ajenos a la misma divulgados latamente por el autor de estos trascendidos –que coincidentemente es el autor de la obra, de los comentarios, peleas, escándalos y bochornos que opacan a la obra-

 

Así es como un generoso grupo de personas es testigo –sin quererlo- de acusaciones, amenazas, victimizaciones, quiebres amorosos, juramentos de amor, padecimientos estomacales y cientos de miles de comentarios de segunda mano escuchados a algún amigo o pareja con más instrucción, siempre escritos con el objeto de darse una importancia y aires de intelectual que los más cercanos confundirían con un tufo de interdicto.

 

Pero los más enfermos no son estos tristes personajes sino sus seguidores: ese hato de incondicionales que celebran y defienden a su ininteligible ídolo, tratando de darle de alguna forma coherencia a un discurso que se contradice y aduce a motivos personales, de género o de lo que esté a la mano para justificar sus descalificaciones a quien ose rebatir sus ideas o a encontrarle feos sus garabatos.

 

Gracias a estos parásitos carentes de gracia, quien debiera estar haciendo infeliz a su círculo familiar ahora esparce su mala onda al universo. Y la desgracia incrementa exponencialmente si los seguidores alimentan su ego encontrándolo mino (a) – que no lo es, por ningún motivo- inteligente o ingenioso – gracias a que no conocen las referencias a quien le trata de copiar pobremente- o simpático…

 

Más que llamar la atención a estos falsos genios faltos de medicamentos, haría un llamado a los amigos de sus seguidores para que traten de orientarlos hacia aficiones más sanas como la pasta base, el origami o el desarrollo de algún trastorno obsesivo para que no alimenten más la estupidez a esos mounstruos.