Jorge Luis Borges señalaba que el laberinto es una casa malvada que nos lleva al extravío. Para los griegos, el laberinto era la guarida artificiosa donde se escondía el Minotauro, y solo se podia salir por la hebra de una mujer enamorada le regalara a su héroe. Extraviar o extraviarse en desorden malévolo, construido con malas intenciones.

Todas estas descripciones del laberinto tienen algo de verdad, incluso la concepción cristiana, con la promesa de alcanzar la salida aun siendo inocente, aunque la salida se halle después de morir.

Las actuales circunstancias son tan enredadas, que podemos esperar de todo.

Crónica de Ruperto Concha del domingo 22 de junio de 2014, por Radio Bío Bío de Santiago.