Por Alejandro Tumulto

¿Quién dijo que ser cuico y de izquierda es malo? Es bacán.

Nacer en cuna de oro brinda grandes oportunidades a las personas: primero, tienes muchas o p o r t u n i d a d e s. Eso es innegable.

Uno puede llegar a ser cuico izquierda de dos maneras: ser pobre y de izquierda y ganarse el loto. Pero eso no sirve para este ensayo sociológico ISI. La otra manera es crear conciencia de clase en los ricos y que éstos se sientan mal por serlo.

Así, sólo en la evidencia de que los pobres necesitan ser ayudados por los ricos, podemos generar conciencia social. La conciencia social es lo importante, y todos los cuicos deben tenerla.

Antes, en los tiempos de trasnochada actividad, los cuicos izquierdistas abogaban por pagar más impuestos y hasta los pagaban sin chistar, y pagaban adelantos de impuestos (así fue como se crearon los Pagos Provisionales Mensuales del Impuesto Global Complementario en 1972) para que el Estado, con recursos frescos, pudiese financiar programas de atención gratuita y universales, y promovían que todos los cuicos pagaran, gustáseles o no; ahora sabemos que, como lo demuestra la experiencia internacional comparada, más impuestos no hacen más que entorpecer.

La tercera vía que creó el proyecto de la Bruja de Blair nos dice claramente que lo importante es el CRECIMIENTO ECONOMICO y no la recolección de impuestos para el gasto fiscal, porque el crecimiento económico dinamiza la economía y crea mayores oportunidades, que nosotros podemos regular para distribuirlas de forma igualitaria entre aquellos que más la necesitan, por medio de ONGs y otras corporaciones de derecho privado beneficiados tributariamente con franquicias SENCE.

¿Cuál es el rol hoy del cuico de izquierda hoy? Obviamente, rajarse, llevar a todos sus amigos pobres a conocer el Liguria, poner plata para pagar el servidor de pasquines de internet de “contrainformación” y cultura pop que de otra manera irian a pérdida. Ser cuico y de izquierda es bonito, e importante. Todo lo demás, lo podemos discutir comiendo una tabla de quesos a la salida del Centro Cultural Amanda.