Los estadounidenses solo imaginan que su palacio de gobierno puede ser bombardeado por una fuerza extraterrestre. ¿Cuántos países en el mundo cuentan con la destrucción de su palacio de gobierno? Unos cuantos pocos sometidos a guerras cruentísimas. ¿Cuántos países en el mundo vivieron la destrucción de su palacio de gobierno por sus propias fuerzas armadas? Pareciera solo ser Chile. Ese solo símbolo dice demasiado respecto de cuán repudiable fue la conspiración que derrocó a Allende e inició uno de los procesos de persecusión política más cruentos que recuerde la historia reciente.

Sin embargo, en Chile, este país con autismo, no solo hay quienes se sienten orgullosos de haber alentado y sido partidarios del bombardeo al palacio de gobierno (y todo lo que vino detrás, pero insisto: la destrucción del palacio de gobierno como símbolo de toda la destrucción de la institucionalidad republicana) sino que reclaman una revindicación de aquella felonía. En condiciones normales, tales peticiones serían condenados como delitos de odio. ¿Se imagina usted una manifestación en Alemania celebrando la Noche de Cristales Rotos? ¿Una celebración por la invasión a Polonia? Acá se pagan hasta insertos en el diario a página completa para revindicar el inicio del horror.

No solo eso. Se dan el lujo de reclamar si se persiguen las responsabilidades, y buscan desesperadamente el empate, señalando que “Antes del Golpe la UP también cometía irregularidades”. Un reclamo bastante cínico, teniendo en cuenta que los secuestros y torturas que antecedieron al golpe no fueron sino el ensayo de las fuerzas represivas conspiradoras, como revela el último número de la Revista “Chile Hoy”. El Acuerdo de la Cámara de Diputados que señala que el Gobierno de Allende se ha salido de la legalidad no solo está lleno de imprecisiones y reinterpretaciones insidiosas, sino que acusa al Gobierno de males causados por la misma oposición: desabastecimiento y detenciones arbitrarias por parte de las Fuerzas de Seguridad. Por cierto que no lo hacían por orden del gobierno.

Ya en Marzo de 1973 Carabineros se dedicaban a hostigar a militantes de la Unidad Popular. Es cosa de mencionar el asedio a la Sede del Partido Comunista de Quillota en momentos en que iba pasando una marcha… ¡Del Rolando Matus! La policía llegó con Metralletas a reprimir dicha protesta… metrallazos que dieron a la sede del Partido Comunista, claro, por haberse defendido de los ataques de Patria y Libertad, la Rolando Matus y la CODE. ¿De verdad las fuerzas de orden y seguridad respondían a órdenes del gobierno o se estaban manejando -para variar -solos?

Aún así tenemos que aguantar estos insertos en la prensa.

Otra cuestión más: ¿Se imagina que los nazis, una vez que llegaron a París, se hubieran dedicado a agarrar a metrallazos el Museo del Louvre? ¿Se imagina una Gioconda agujerada por impactos de bala? Qué bueno que ese museo no está en Chile. El Museo de Bellas Artes de Santiago, en Chile, fue objeto de metrallazos, y sus obras, claro, presentan sendos agujeros de bala. La restauración se hizo en secreto, pero las pinturas fueron indesmentiblemente dañadas. Para que vea, no les bastó con quemar libros, periódicos, edificios y personas. Con esta clase de locura llevamos 41 años al lado. Y encima gritan si les tocan a los agentes torturadores, como Rosauro Martínez.

Ya basta. No más concesiones a la doctrina del empate. Aquí no hubo empate alguno.

Ni un espacio más para la felonía.