A nadie.
No nos hagamos los weones. De la sarta de sobreinformaciones que hemos visto de uno y otro bando, cada cual amaña la información para acomodarla a sus intereses. Desde la derecha que busca la supresión del PSUV, se exagera en la actuación policial, o se le otorga un estatus de excesiva, al tiempo que se señala a “infiltrados” -los colectivos-como agentes provocadores. Del otro lado, la izquierda dura -no hablemos del progresismo, que en esto, en defender el libremercado se ponen del lado de la derecha -habla de que todo es feliz en Venezuela. Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

1. La democracia

Según hacía notar nuestro siempre joven amigo Ruperto Concha, lo que hemos venido en llamar “democracia” siempre ha resultado ser un espejismo, ya que de algún modo los grupos dominantes se aseguran de que los resultados, ya sea en urnas o a mano alzada, resulten según lo que ellos desean. Cada vez que esto ocurre hay más argumentos para no creer en la democracia. Si bien el viejo Churchill decía que era “el sistema menos malo”, lo decía en referencia en dejar decisiones relevantes a una masa eventualmente inculta, que podría -desde la no neutral óptica de un observador -tomar malas decisiones. Pues bien, si cambiamos el baremo, y medimos la democracia en razón de que sea la verdadera expresión del deseo de un pueblo, pues las democracias tampoco son democracias.
Primero, porque tenemos el problema de la permeabilidad de las personas irreflexivas, aquellas que viven en base a dogmas, a la opinión de un tercero que se presenta como más fiable que el resto. Si un líder de opinión opina en un sentido, todos hemos de hablar en dicho sentido.
Segundo, porque es relevante el hecho de que en manos de quién se encuentren los medios de comunicación realmente masivos. Esto es, la televisión, las radios, y los periódicos de circulación nacional con exhibición de portadas en los kioskos. Si solo un bando tiene acceso absoluto a los medios de comunicación, y se impide, ya sea por asfixia económica o barrera de ingreso, el levantamiento de unos de pensamiento disidente, hemos de temer que la ciudadanía no pueda tomar decisiones con suficientes elementos para discernir. Ahí tenemos, por ejemplo, los largos y tediosos noticieros de una hora y media donde nos muestran el completo más grande del mundo en una pelotuda nota de diez minutos. O quince para hablar de la pintoresca escuelita con un solo alumno. O los entretelones de los festivales estivales. Ah, y en la sección internacional, pifias para Maduro, en circunstancias que al menos veinte países en el mundo están pasando por trances similares. Internet no vale, pues no todos tienen, y los que tienen miran lolcats.
Tercero, porque como si esto fuera poco, el respeto a la democracia propiamente tal, es nulo. En Chile, si un miembro de junta de vecinos quiere reclamar por irregularidades en la elección de la directiva, debe estar dispuesto a desembolsar no menos de quinientos mil pesos, y las actuaciones DEBE hacerlas un abogado si no quiere dar pena. La justicia electoral es de difícil acceso y pocas veces benévola con el reclamante. Si en tu cuadra no se respeta la democracia, ¿qué podemos esperar para las elecciones generales? Basta recordar las innumerables quejas de irregularidades en las elecciones Municipales, y el papelón de Maya Fernández Allende.

2. Libertad de Prensa

¿De qué sirve la libertad de prensa si todos hablan de la Vale Roth? Cada bando muestra lo que les interesa mostrar. A veces me da julepe ver Venezolana de Televisión puesto que, en lugar de mostrar, en efecto, las protestas antigobernistas, mostraban una manifestación progobernista donde todo era buena onda y felicidad y unas morenas que están terrible buenas Maduro llévame contigo. Si esto fuera Chile, en lugar de mostrar la buena onda y felicidad, mostrarían las protestas… pero la parte de los incidentes. Los medios estatales se han cuidado de no criminalizar excesivamente la manifestación y remitirse a lo demasiado evidente. Por otro lado, le retrucan que los incidentes los provocan agentes provocadores. ¿Se acuerdan del papelón de Gabriel Boric con lo de la quema de micros? Salfate quedó chico esa vez. Reconozcámoslo de una vez: de uno y otro lado hay personas demasiado entusiastas. Por eso no las podemos demonizar a priori.

Ahora, que se hable del control estatal de los medios de comunicación en Venezuela es otro asunto. Es incomprensible para nosotros que el Estado tenga más de un canal de televisión, pero de otro modo se desbalancearía el equilibrio de medios. Y eso que ni hablar de qué pasaría en un eventual relevo de gobierno, y entren a dominar los dueños de los periódicos privados. ¿Habrá una manera de impedir que pasen a control absoluto de los gobernantes? El propósito buena onda de un medio de comunicación estatal es garantizar la pluralidad de voces y el aseguramiento de la presencia de los marginales, el mala onda es el de darle prensa gratis a los gobernistas que no pueden pagársela. Acéptelo usted de una buena vez. ¿Por qué Piñera cerró La Nación? Por que era un afiche a favor de la izquierda colgado en cada kiosko. Por eso los periódicos en papel aún no desaparecen. De ahí su importancia.

Ilustración de Fiestóforo

3. El origen de las protestas

Se habla de que el origen de las protestas fue en contra de la inseguridad, que llevó a la violación de una muchacha universitaria en en Táchira (como si eso acá no pasara.) Que luego de las protestas apresaron a otros cabros, y que hicieron otra protesta por la liberación de esos y así… todo sonaría muy plausible si no las estuvieran azuzando Leopoldo López y Corina Machado, quienes hace seis meses estaban pidiendo magnicidio. ¿Se imaginan a Alejandro Navarro pidiendo una bala en la cabeza para Piñera el 2011? ¿Qué hubiera pasado si, en vez de Educación Gratuita, hubiésemos pedido el 2011 la renuncia del presidente y nueva Constitución? Mucho me temo que estaríamos como en Venezuela. Ahora, no sea usted burro y vaya a echarle la culpa al garantismo penal la situación en Venezuela. No sea burro. Hay cuestiones más profundas, y tiene que ver con lo poco que se ha respetado históricamente la vida en un país cercano al caribe. Cuestiones de criminología que escapan a este análisis.

4. La respuesta estatal a la protesta

Sí, violencia, por supuesto. No los iban a tratar muy bien. Pero ocurre, por si no se han dado cuenta, que cada régimen busca asegurar su permanencia. Todas las policías reaccionan así. Todos buscan garantizar el permanecer imperturbables en el poder. ¿O acaso la policía chilena es un ejemplo de respeto a los derechos humanos? No, al contrario. El baremo en el mundo es “ser tan brutales como en Chile”. Hasta la semana pasada, al menos, no se hablaba del uso de lacrimógenas, que nosotros en Chile compramos a Israel como si se tratara de dulces, o carne de cerdo. Carne de cerdo, judíos, he he he, qué buen chiste de la Toráh. Ah, por cierto, acá en Chile también disparan balazos en la protestas. En todo el mundo disuelven protestas a balazos. Para qué nos vamos a hacer los weones. Que sean más o menos letales, da lo mismo. De hecho: es una torpeza matar o encarcelar opositores, porque les das estátus de héroe y pah, caudillo. Por algo Capriles salió de su posición de negociante, para ver si le cae algo de la popularidad de López.

5. Preocúpate de tu país, culiao

Pésimo argumento. Si hemos de ser internacionalistas, hemos de preocuparnos de todo. Pero a menudo salen pésimos argumentos. Sí, preocupémonos de Venezuela. Pero también de Turquía, donde te llevan preso por permanecer parado en silencio en una plaza; o de España, donde mataron a varias personas desalojando las acampadas; o lo que pasó en la frontera con los inmigrantes en Ceuta. Si vamos a defender los derechos humanos, hagámoslo para todos los humanos, no solo a los de nuestro bando. Y esto va tanto para la UDI como para los de la Fech.

6. ¿Y qué hacemos con Venezuela?

Lamentablemente está pedido. Creer que Brasil podrá sostenerlo es ingenuo. Bastaría al menos una división fascista, un milico loco con ínfulas de salvador, y una razzia completa a las FANB y el golpe de la derecha sería exitoso. Eso, y tomando en cuenta que ahora la derecha tiene por moda usar a la policía para amotinarse; más efectivo y menos doloroso. El golpe es inminente e inevitable. Por un lado, el problema de la desestabilización, que ahora la derecha pretende omitir, por medio del acaparamiento de bienes, podría haberse enfrentado de otro modo. El gobierno optó por el control de precios, cuestión que incentiva el mercado negro. Lo que se debió haber hecho es competencia estatal desleal para empujar el precio a la baja. Pero imponer precios por decreto… los comerciantes no funcionan así. La industria interna de alimentos debió haberse reforzado, en lugar de andar gastando plata en weás. (En Chile también gastan plata en weás, sino, vea usted cuánto avisaje es del gobierno en los noticieros. Para allá vamos.) Pero la cagá ya está hecha; los industriales prefieren enviar sus mercancías a la mala a Colombia que venderlos a los precios estandarizados en Venezuela. Por eso la ley de fármacos Chilena está destinada al fracaso. No habrá tiempo a que Maduro pronuncie la mágica fórmula “Plebiscito revocatorio”, la derecha venezolana quiere sangre, al igual que en Ucrania. No descansarán hasta ver a los gobernantes proscritos y muertos. La cena está servida, y solo espera a que se sirva el ñachi.