Holi

El diputado Sabag está acostumbrado a hacer noticia por cosas poco gratificantes. No, sus iniciativas de ley no le han salvado la vida a nadie, no le financiaron la educación a ningún niño talento o ayudaron a hallar la cura al cáncer o la diabeti. Sencillamente se ha dedicado a ganarse puteos varios de todas partes, y como su salud mental está cada vez más deteriorada por la diprisión y el bulin que le hacen por su labor legislativa, se le ocurrió el hacer delito el hacer chistes con autoridades públicas. Algo así como la ley Hinzpeter pero en chiquitito. ¿No me cree? Come with me, y de paso, mande las últimas chuchás anónimas antes que sea tarde (hay que aprovechar).

Nuestro amigo y ex colaborador Patasho, quien se marchó a la matriz de la mano de su concubina, nos llamó la atención respecto de un proyecto de ley muy divertido que acaba de entrar a tramitación, y que con una celeridad inusitada está siendo tramitada en la cámara de diputados. La iniciativa, de Jorge Sabag, tan nefasto como Hosaín, busca criminalizar los atentados a “la honra de las autoridades para resguardar el prestigio de las instituciones republicanas”. Esto crearía un bien jurídico que solo encontramos en países monárquicos, donde esta clase de regalías se les otorgan a los miembros de la realeza. ¿Se acuerdan del secuestro de “El Jueves” cuando pusieron una caricatura de Felipe VI tirando con Letizia para cobrar el bono por guagua? Bueno, acá tendremos secuestros de publicaciones, pero hasta con chistes sobre el concejal de Huariligue.

Veamos las razones que justifican los cambios a nuestra legislación punitiva:

Que la protección de la honra de las autoridades es un elemento coadyuvante en el deber de resguardar el prestigio de las instituciones republicanas, y que las mismas autoridades encarnan, y respecto de las cuales debe haber un permanente esfuerzo pedagógico respecto de su relevancia y dignidad para asegurar la estabilidad del sistema democrático.

Es decir, es como la versión contemporánea de “Honrarás padre y madre”, pero en clave “Ministro y presidenta”. Desde chiquititos saludando romanamente a la bandera, cantando la canción nacional, lamiendo el cuadro donde yace el retratro frío de nuestras autoridades. La obediencia es libertad.

Desde otro punto de vista, reconocer la importancia derivada del hecho que la protección del principio de autoridad requiere que las personas que han desempeñado funciones públicas sigan siendo resguardadas después de dejar de hacerlo, con el fin de evitar actos agraviantes en su contra que afectan igualmente la dignidad de las instituciones republicanas.

Ah chucha, o sea te eligen para un cargo y cagamos, no podis inventar ni una talla sobre él para toda la eternidad. (Pobre Marcel, no le tocará, lo seguirán guebiando por la pensión). Y ya que así estamos, los que ya detentaron cargos antes de la promulgación de la ley también tendrían acceso a esta protección. Así que no se les ocurra dibujar a O’Higgins y a Carrera dándose un beso con lengua.
Además, por la chucha, el principio de autoridad. PRINCIPIO DE AUTORIDAD PO WEON, como se nota que al himno de la DC no es más que una readaptación del de la Falange Española. CARA AL SOOOOOL

El Roto, en “Hermano Lobo”, circa 1975

La parte medular de la reforma la encontramos en la añadición al artículo 261 lo que sigue:

3° Quienes realicen amenazas o profieran insultos contra la autoridad por medio de plataformas electrónicas, ya sea de forma textual o gráfica, considerándose como agravante que no lo hagan con su verdadera identidad o que intenten obstaculizar la identificación del computador desde el cual se difunde el mensaje.

Lo que es preocupante es el tema de “proferir insultos”. ¿Qué es proferir insultos, en definitiva? Si recordamos otras reformas imbéciles, nos encontraremos con la Ley Mi Cabo, que penalizaba el mero hecho de tratar a un policia como “paco”. La reforma -por fortuna -no prosperó, pero la formulación del tipo no hablaba de prohibición de decir paco, sino que cualquiera otra expresión insultante. ¿Cómo se realiza el insulto? ¿Las finas ironías constituyen insulto? Se teme que se busque incluso enmarcar la sátira -Kramer – el humor político -lo que alguna vez fue The Clinic -y la discusión campechana de internet -acá; otros sitios semejantes. Quizás en Emol se tengan que moderar un poco. Naaah. – En definitiva, si bien proferir insultos consiste en decirle “Conchetumare” a alguna autoridad pública, en relación a las motivaciones bien el humor gráfico puede caber en la idea de “proferir insultos” si el propósito de esta nueva norma es el de reforzar el principio de autoridad. El no sancionar la burla por medio de imagenes con letritas, o con fotomontajes, o mediante imitaciones, también horada la imagen pública de nuestras autoridades. De nuestras magnánimas y bellas autoridades públicas. Así que hacer humor político en Chile será ilegal.

Por cierto, también agrava la figura de atentado a la autoridad, así que los jarrazos de agua en la cara ya no saldrán gratis. Así que dará lo mismo echarle agua o romperle el jarro en la jeta.

Por supuesto, todo esto en sentido contrario de las tendencias -las sanas tendencias -iberoamericanas en materia de protección de la libertad de expresión, al punto que se ha reconocido que las figuras públicas tienen una protección menor a su imagen por su sola investidura, pues el derecho a escrutar a las autoridades prevalecería por sobre su derecho a la imagen y a la honra. Eso en España -salvo por la monarquía -, y desde la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Si en la horrenda y distópica eventualidad de que esta reforma prospere, cabros, hagan las maletas, NOS VAMOS A COSTA RICA, PAGA EL ESTADO POR QUE SE VA A TENER QUE COMER LAS COSTAS!!!

 

Actualización:

Juan, muy acertadamente, nos llama la atención respecto a una cláusula que extiende la protección penal a los familiares de las autoridades:

4a Si la agresión, sea verbal o física, se dirige contra parientes por consanguineidad o afinidad de la autoridad hasta el segundo grado.

lo que solo dice relación con el espíritu monárquico de esta norma. Qué país.