La música en streaming es lejos el invento más nocivo que se haya conocido en la historia del internet, y es preciso evitar que más gente siga cayendo en ella.

El año que por primera vez usé internet, el 2003, las velocidades disponibles nos parecerían irrisorias. 56 kbps nos parecía rápido. Hoy eso haría las páginas que usamos habitualmente hoy imposibles. Gmail tenía una versión html puro muy ligero. Con 56 kbps nos alcanzaría para cargar, tal vez sin cortes, un streaming de radio con mucho ruido, codificado en windows media audio. La música en streaming era un imposible por varias razones. 128 kbps era ya en ese entonces una calidad, si bien razonable, no dejaba de ser pobre. Entonces, con un codec de peor desempeño, ir a 48 o 56 era una tortura, que daba como resultados audios “pixelados” o con gran ruido de fondo. Hoy, con los codecs actuales (aac, ogg, o el más reciente opus) 32 kbps son suficientes para tener una calidad de audio que nada envidia a la FM que lanza El Conquistador. De hecho, sobre Opus se realizan las llamadas telefónicas sobre ip cuando usamos whatsapp; se puede hablar por teléfono sobre datos con apenas 16 kbps.

Pero eso es para transmitir voz.

Cuando se trata de escuchar música, el usar streaming es un crimen. Fuera de los usos de voz o radioemisión, el streaming es un despropósito.

Todo esto partió cuando, a falta de videoclips, a la gente se le ocurrió usar youtube para difundir discos. A falta de un servicio especializado lo suficientemente accesible y difundido, armaban un video con una imagen estática con la música de fondo.

El video normalmente privilegia la transmisión de la imagen por sobre el sonido: videos de 1080p no tendrán una calidad de sonido asociada que pase los 92 kbps. El resto sólo será la transmisión de video, que salvo se use un códec de muy alta eficiencia, tipo h265, implicará de todos modos mal gastar ancho de banda, transmitiendo información que se mantiene estática. Usar youtube para escuchar música por el rato es un crimen. En un mundo donde la lucha por el acceso a datos es cada vez más fuerte, el descargar cosas para solo percibirlas (ver, oír) una sola vez es una superficialidad imperdonable.

Más de la mitad de la población del planeta aún no logra acceder a internet, a otra porción los costos que deben pagar por ella resultan prohibitivos. Y nosotros nos damos el lujo de ver streaming de video a 4k.

Netflix, por ejemplo. El negocio de Netflix es que solo percibas una sola vez el contenido, pero jamás quedarte tú con una copia. Das por sentado que no necesitarás la copia: piensas que Netflix estará para siempre, y que Netflix tendrá la copia consigo para siempre.
Los que han visto Doctor Who saben que no es así.
Cada tanto desaparece una serie de Netflix y quedan colgados con el final.
Y por eso que cobran tan barato. Pagas por el derecho a mirar una biblioteca, por un recuerdo. La biblioteca puede desaparecer.

Y aquí es donde volvemos al punto del audio. Hoy día escuchar un MP3 a 128 es solo para casos excepcionales o parlantes muy malos. Una persona que tenga un poco de cariño por la música que está escuchando no sólo le hará una transferencia a la cuenta rut del artista al que le pirateó el disco (saltarse la discográfica es siempre un placer) sino que tendrá la deferencia de tener la copia a 320 kbps (tres veces más pesado que un mp3 a 128), o lo tendrá a 160, 192 o 224 kbps en aac, ogg/vorbis u opus. (Con Opus uno puede dejarlo a 160 sin pena, el problema es que es un formato demasiado reciente y son muy pocos los reproductores que lo pueden manejar con facilidad en una librería de música).

El propósito de escuchar música no es el de meramente dejar pasar el tiempo, ni siquiera drogarse. Si uno escucha por vez 12.000 una canción no es para oír la letra. Lo hace para descubrir nuevas sonoridades.

Por eso, los mogg son tan apreciados. El ogg multipista permite apreciar de maneras diferentes canciones que hemos oído una y otra vez. “Heroes” de David Bowie suena especial a cada pista. Cambiarlas, mezclarlas uno mismo, elegir qué se debe escuchar más y qué menos, descubrir algunos instrumentos que no descubriría a priori. ¿Escuchan las campanas en Heroes?

Con un audio comprimido a 128 eso se pierde.

Instalar un servidor de streaming es costoso, el streaming de radiodifusión con ogg/vorbis, opus o incluso aac con más de 32 kbps es malgastar dinero. Hay que pujar por la adopción de tecnología de punta, es hora de sepultar el mp3.

También debemos renunciar al streaming. No dejemos que una empresa controle nuestros archivos de música. Es cierto, puede que a ellos no se les quemen los discos duros ni se les rayen los dvd. Pero el día que se les pare la raja nos pueden borrar canciones por las razones más oscuras.

Y por último, ya basta de escuchar música comprimida. El futuro es FLAC. FLAC multipista. El ogg/vorbis y el opus dejémoslo para las radios que tienen poco ancho de banda de subida. El futuro es flac. Que vuelva el disco duro de tera.