El día de hoy, nuestra sociedad fue remecida hasta sus cimientos más profundos, por el terrible homicidio de un niño de 7 años a manos de un hombre de 8. Nada menos que su primo. El horrible crimen se habría producido por una disputa en torno a un juego electrónico.

En días en que en nuestro país se debate en torno a la procedencia o no de la intervención de las fuerzas armadas y de orden para impedir el ascenso de un gobierno comunista al poder, y evitar la debacle moral inminente a que se verá enfrentada nuestra sociedad; hechos como éste nos hacen cuestionarnos sobre si no es demasiado tarde para cambiar el estado de cosas.

Nuestro mundo actual es el producto de 20 años gobernados por libertinos morales (que promovían la desintegración de la familia, el aborto y el concubinato desde el aparato estatal mismo, por ejemplo, financiando obras a-morales desde el Fondart) y otros cuatro regidos por libertinos económicos, que más preocupados por sus fortunas personales, olvidaron el rol moralizador que Dios impone a los elementos privilegiados de nuestra sociedad para decidir por aquellos que, en mayoría de edad o no, no poseen ni una capacidad de discernimiento apropiada, ni el derecho divino a hacer uso de ella.

Es así como hoy estamos frente al efecto devastador del retroceso de la educación militarizada, la de formaciones prusianas cada mañana, cantos a la bandera y castigos corporales; frente a un pseudo sistema de enseñanza que releva a la libertad como si ésta fuera un valor en sí misma. Por favor, no nos olvidemos de que no somos libres de ejercer la libertad. El poder ejercer la liberad es un don que el Señor da sólo a algunos, y sus designios son inescrutables e incuestionables para nosotros los mortales.

Volviendo al tema que da origen a este comentario, a los 8 años un hombre tiene perfecta noción de la bondad o maldad de su obra. Por lo tanto, es el momento de que los abogados patriotas y audaces, que estén dispuestos a cargar con la cruz que significa a veces ser culpable de estar en lo cierto, salgan a exigir con argumentos sólidos basados en el Derecho Natural, que se rebaje la edad de imputabilidad a los 5 años o menos, para poner en la cárcel a todos esos delincuentes que escudan sus crímenes en que supuestamente son niños de pecho. Tener 8 años no te hace una blanca paloma, pequeño asesino.

Espero que como sociedad, también nos cuestionemos si es necesario reponer la pena de muerte. Casos como estos lo ameritan ciertamente. Estamos frente al flagelo de tener en nuestro rebaño a un pequeño sicópata en potencia. Lo peor de todo es que frente a esto no hay tratamiento siquiátrico que pueda controlar esa condición. Sólo queda, por lo tanto, extirpar este tumor. Eliminar a esa manzana podrida antes de que su descomposición afecte al resto del colectivo.

En Inglaterra, una sociedad mucho más avanzada que la nuestra y ¡hasta con aviones que despegan verticalmente!, se produjo el asesinato de un niño de 5 años por otros dos que lo secuestraron desde un mall.  Los hombres fueron aislados por 20 años y hoy tienen pulseras electrónicas para que en caso de cualquier problema pueda acudir la policía a ayudarlos (a causa de las amenazas a las que están sometidos) se prohibió publicar sus identidades bajo pena de cárcel. Sin embargo, nadie allá está seguro si se hizo lo correcto, no es un problema fácil de resolver para nadie, menos para una nación regida por una mujer. Y no son pocas las voces que exigen el sacrificio de quienes cometieron un crimen imprescriptible a los ojos de Dios.

Del mismo modo, volviendo a la realidad nacional, me parece lógico que se les aplique la ley antiterrorista por los delitos que cometen en la Araucanía, excusándose en su supuesta minoría de edad y menor capacidad de discernimiento. Es hora que esos profesionales de la psicología y psiquiatría den cuenta a los medios de comunicación, y a Chile completo, que estamos frente a un portador del gen del mal, a quien sólo podemos redimir, librándolo de sí mismo. Liberándolo de su propia miserable existencia. El resto queda en manos del Parlamento y de los jueces. Esperemos que la cordura se imponga, por el bien de todos nosotros.