Señora: no le voy a dar el asiento.

En los últimos días se hizo famoso un caso donde el chofer de la micro le ofreció el asiento a una señora con guagua, ya que nadie de los que estaba sentado le quiso ceder el asiento. Y la verdad es que yo tampoco doy el asiento. Cuando encuentro uno, me quedo en él y no me salgo del mismo hasta que llego a destino. Así mismo, cuando se desocupa uno, lo tomo y me importa una raja que otro lo necesite.
Es que señor, señora, entienda: estamos en libre mercado. Todas esas basuras sentimentalistas de ay, cédale el asiento a los débiles son patrañas de tiempos antiguos con educación cívica. La educación cívica es incompatible con una sociedad con libre mercado y competencia. Acá sólo el más fuerte sobrevive y nadie recibirá dádivas graciosas por el solo hecho de ser más débil.

Estamos en libre mercado y en una sociedad de competencia, así que cualquier cosa que tenga tufillo a “solidaridad”, la voy a rechazar. Así que señora, sí, usted, no ponga esa carita porque usted todos los días le prende velitas a la sociedad de la competencia, cada vez que pone a sus hijos en un liceo particular subvencionado. Usted los coloca en un colegio particular subvencionado por el miedo a que sus hijos sean “uno más del montón”, por que vive pendiente de los resultados del SIMCE y la PSU, porque quiere que sus hijos sean siempre el mejor, mejor que nadie más. Pero usted no se detiene a pensar que, para que alguien sea el mejor, tienen que haber peores, sino, no hay punto de comparación; para que haya gente que se vaya sentada, habrán otros tantos que tendrán que ir parados. ¿Cómo priorizamos a los que se van parados o se van sentados? ¿Lo hacemos por mérito, necesidad, o por el que llega primero? ¿Ve por que no le doy el asiento, entonces?

Si quiere que le ceda el asiento, mejor deje de andar apoyando a la CONFEPA, y vaya a la próxima marcha pero con un termo con agua hirviendo para tirarle a los careta. Ahí quizás, cuando ya vea que ha renunciado a la lógica de la competencia, yo le de el asiento. Pero antes, no. Olvídese. Usted se la buscó.