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Entre las ideas del gremialismo jaimeguzmanista se encuentra como pilar fundacional el morir por las ideas. Esto, que solo se veía en revolucionarios latinoamericanos de corte marxista pero en un contexto de lucha armada, acá tiene la función de una entrega a la muerte cual cordero caminando al matadero. Esta idea tiene sus remotas raíces en la muerte de José Antonio Primo de Rivera, la que diera al franquismo toda una épica, toda una narrativa, de martirologio cristiano que les permitió justificar su violenta descarga de ira vindicativa contra “los rojos”. Más remotamente, sin duda alguna, tiene sus raíces en la idea de martirio cristiano por el cual se llega a la santidad, por haber sido perseguido por sus ideas. En el fondo, ellos hacen política los postulados de la cristiandad y si mueren por ello es que han muerto por llevar la palabra de Dios. De allí, cuenta el mito, que Jaime Guzmán habría sabido perfectamente que lo iban a cagar a tiros los del Frente, pero no hizo ningún esfuerzo ni se molestó en arrancar de que la muerte lo encontrara en Samarra. Tampoco llamó a la Oficina. Quería demostrar, en fin, que sus ideas eran más fuerte que toda violencia roja; que su muerte podía terminar enalteciendo su obra.

Es historia conocida, amigos. Todos la recordamos.

En el discurso público de la posmodernidad, donde la política se ha vuelto una mercancía más, el que se pica pierde. Nuestra política, nuestra democracia débil y de simulacro no es más que un baile de máscaras donde la mayor parte de las posturas son, en rigor, imposturas. Por ello, el debate acalorado es una cuestión que ha quedado relegado a las asambleas universitarias y que en el hemiciclo no son más que la sazón que consta en los libros de Lira Massi. No hay más ceniceros lanzados por Carmen Lazo a Jorge Lavandero. No hay más patadas en la raja en medio del hemiciclo. Todo es un simulacro: los disensos en el cafetín de la Cámara son meros detalles. Si hasta comparten directorios de universidades.

José Antonio Kast sabe perfectamente cómo funciona la política universitaria, sobre todo la post 2011. La juventud que hizo 2011 no es la que se encuentra en las aulas. La actual es una de ideas aún más extrañas, confusas y contradictorias, que bebe directamente de los aires norteamericanos de creación de espacios seguros. Es una juventud de emociones descontroladas, que reacciona airada y busca escrachar a todo aquel que se atreva desviarse lo más mínimo de sus creencias. Gabriel Salazar no anda fondeado por disfrutar de la vejez, es porque fue defenestrado por esa juventud que no le perdonó plantearse una duda.

Kast sabe de esto. Está consciente de la situación actual de las universidades. Por ello, en su idea de martirologio, no hace sino ir a provocar a esa izquierda universitaria descontrolada.

Hasta el año pasado, las visitas de Kast a las universidades pasaban piola. Tal vez sea en parte porque sus convocatorias eran al filo de la clandestinidad, pero que acumulan gente y se realizan de todos modos. Es difícil encasillar a Kast en el margen del discurso de odio. Solo se encuentra entre los grupos más conservadores de la sociedad, lo que sazonado con un poco de mala uva al hablar -decir sarcasmo sería ser demasiado generoso – resulta un conservador que hace afirmaciones chirriantes; pero son sus seguidores quienes le otorgan consecuencias propias del discurso de odio.

Por ello, queda claro que la idea de Kast, al irse a presentar a los edificios universitarios, busca desmontar dos mitos:

Que las universidades chilenas estatales son antros de pluralismo, tolerancia y difusión y crítica de las ideas;
Que la izquierda es un actor racional y tolerante, compatible con un sistema democrático.

Si las Universidades buscan desconvocar a Kast con el argumento de que en sus aulas están prohibidas las actividades de proselitismo político, se coloca en un grave aprieto a todas las entidades políticas que han surgido en su seno. Cuestiones tan sencillas como la elección de federación podrían verse reducidas a la elección de una productora de eventos. Tal como ha quedado de manifiesto en la incongruencia de condenar a Cuba por su rechazo a la visita de activistas políticos cuando Chile tiene una norma vigente y enérgicamente aplicada para impedir la visita ya sea de ácratas u otros personeros políticos, queda de manifiesto el absurdo de pretender prohibir las actividades políticas de un claustro fuertemente politizado. Pretender prohibir la política partidista al interior de las Universidades es una costumbre que se heredó desde la dictadura, donde los reglamentos internos todavía prohíben expresamente estos actos, solo que no se les había dado fuerza coercitiva, teniéndolos derogados por desuso.

Otro asunto que buscaba Kast con hacerse el odiado es probar y obtener argumentos para desfinanciar a las universidades estatales. Al ponerse como víctima de agresiones por parte del estusiantado, Kast tendrá evidencia fuerte para afirmar que las universidades no son una corporación que busca el cultivo de las ciencias y el conocimiento, sino meros espacios físicos cooptados por partidos políticos de izquierda radicalizada para sus propios fines; un centro de estudios, un think tank, una sede de agentes políticos peligrosos que financian sus vidas con cargo al fisco. Como ello no solo pone en entredicho el uso de dineros de la gratuidad, también queda en entredicho la existencia de las universidades estatales, ¿Por qué todos deberíamos pagar para que los niñitos revo tengan su espacio seguro? ¿No que la Universidad era para todos, si la pagamos todos?

Claro que el párrafo anterior supone que la Universidad es un lugar donde las ideas se ponen a prueba en razón de su mérito en medio de un debate desapasionado que busca determinar cuál es la vía más sostenible. Si las Universidades son explícitamente centros de adoctrinamiento donde los grupos que lo controlan, ya sea financiera o políticamente, imponen la visión de mundo que se dictará en ella, lo dicho en el párrafo anterior no tiene validez. Pero esa conclusión abre la puerta para que derechamente se eliminen las Universidades estatales y solo pueda hacer Universidad aquél que la pueda pagar.

Buenaventura Durrti siempre dice que al fascismo no se le rebate, se le combate. Pero ocurre que, más allá de bravatas por escrito, lo de Kast no está al nivel de violencia previa al estallido de la Guerra Civil española. Podrían dedicarse a mirar mejor qué está ocurriendo con la burbuja inmobiliaria y la tugurización de la inmigración, que es realmente más duro y violento que cualquier discurso del Mac deMarco de Buin.

Podrá sonar amarillo, pero en el juego de la política espectáculo, el que se pica pierde. Piñera lo tuvo que aprender el 4 de agosto de 12011, y ahí está, contando chauchas y pidiendo un cometa Halley a ver si se puede deshacer de la gratuidad. No vayamos nosotros a tener nuestro propio 4 de agosto, cuando nuestra violencia, inepcia y testarudez se nos termine volviendo en contra.