GRA361. MADRID, 09/10/2013.- Las activistas del movimiento femenista Femen, la ucraniana Inna Shevchenko (c), la española Lara Alcázar (2ªd) y la francesa Pauline (d), que han interrumpido esta mañana el pleno del Congreso con el torso desnudo, se unen a una concentración al salir de los Juzgados de Plaza Castilla donde han estado detenidas. EFE/Fernando Alvarado
GRA361. MADRID, 09/10/2013.- Las activistas del movimiento femenista Femen, la ucraniana Inna Shevchenko (c), la española Lara Alcázar (2ªd) y la francesa Pauline (d), que interrumpiendo el pleno del Congreso con el torso desnudo, se unieron a una concentración al salir de los Juzgados de Plaza Castilla donde han estado detenidas. EFE/Fernando Alvarado

Hola a todos, somos sus amigos machistas de Nefasto.cl. Hoy hemos vuelto a escribir de algo serio, para comentar unos artículos shúper progresh ashí que se mandó un medio electrónico tchileno. De ese tipo de artículos que carecen por completo de contexto histórico-económico-social y que, en ‘periodistés’, se limitan a poco más que dar cuenta de la realidad. Pero lo hacen con análisis burdos, asociaciones que por parte baja podemos denominar como forzadas y con conclusiones que a veces parecen el producto de complejas y azarosas epifanías. A menudo estos artículos pretenden actuar como verdaderos censores, en pro de un ideal de control del pensamiento social, más que como una lucha por la emancipación femenina. Aculturación y concientización (con la tremenda carga que este último concepto trae consigo) suelen ser algunas de las vías propuestas. ¿Y si no? La cárcel. Porque en Chile en presidio es la gran escuela adonde hay que enviar a los pobres a corregirse.

En el artículo “Madres, zorras, monjas y el fútbol: las mujeres como sinónimo de inferioridad” de El Desconcierto, se realiza un análisis del discurso que rodea al fútbol sin contexto alguno. ¿De dónde viene la utilización de este tipo de adjetivos para denostar a los rivales? ¿Se encuentra ligado a la existencia de las barras bravas o nació simplemente de un par de hinchas de internet que un día decidieron hacer un meme con la paternidad/maternidad como tópico? La autora parece no cuestionárselo, convenientemente. Al no hacerlo, establece a un sujeto difuso, cuyo origen social puede ir desde la más absoluta marginalidad (como muchos de los barristas) hasta los “zorrones” hinchas redes sociales. Lo puede culpar de no actuar como el sentido común manda y hasta de actuar conscientemente de forma machista. “El fútbol continúa siendo uno de los escenarios principales de la idiosincrasia machista que caracteriza a la sociedad chilena” nos dice el artículo, en una conclusión apoyada simplemente en la subjetiva opinión de la autora. Lo que no es de extrañar en un texto en el cual las lógicas no apuntan a cambios estructurales, sino a modificaciones en relaciones interpersonales a nivel de discurso; preocupándose de un epifenómeno que no tiene más solución que el acceso desde la más tierna infancia a una educación de calidad; junto con una calidad de vida que no deje el ir al estadio como otra forma de enajenación, junto con el alcohol y las drogas. Solucionar esos problemas sociales es la base para avanzar en todo el resto. Porque inexorablemente la violencia social a la que viven expuestos quienes ocupan el fútbol como catarsis, generará violencia en muchos otros ámbitos, más allá incluso de la vandalización de medios de transporte e infraestructura vial.

De aquello,  saltamos al ridículo y la histera. Desde el mismo púlpito del nazionalfeminismo, unos meses antes que el artículo anterior, se publicaba “Uso del espacio público y machismo: ¿cómo se sientan los hombres en el Metro?”, firmado por Víctor Guillou Vásquez; una curiosa nota que se hacía eco de una supuesta campaña que pretendía lograr que los hombres se sentaran con las piernas juntas en lugar de abiertas, porque eso denotaba lo mucho muy machistas y malos que son los varones. Entre un collage de tipos con las piernas abiertas (en una fotografía también se aprecia a una dama con las piernas ‘no tan juntas’ jijiji… quizá los niveles de testosterona era elevados (?)) Del planteamiento introductorio, poco más se podría desprender que lo incómodo que resulta que los hombres se sienten con las piernas abiertas, ni siquiera quedando claro que esta ocupación del espacio se lleve a cabo de forma deliberada. Sin embargo, para tensionar y extremar más el argumento, el autor recurre a la vieja fórmula de citar a ‘experto’ (una psicóloga feminista, en este caso), representante infalible de la ciencia, y por lo tanto, cuya opinión puede tener mucho más peso que la de cualquiera de nosotros. Pese a una exposición inicial del fenómeno, que bien podríamos compartir, la psicóloga se matricula con esta frase de antología:

“La pregunta por el cómo ocupa el espacio un hombre que abre sus piernas, o que justamente se siente con el derecho de correrle mano a alguien cuando van apretados en el metro, es algo que hoy día, al estar en una situación política-cultural es posible de denunciar, de cuestionar.”

¡Wait! ¿En qué momento pasamos de sentarse con las piernas abiertas al acoso y abuso sexual (correr mano)? Están bien, entendemos que sentarse con las piernas abiertas es molesto. Incómodo para los que se sientan junto a ti, para los que pasan a tu lado, para los que circulan en los pasillos de los buses y trenes. Pero de ahí a transformarlo en una acción consciente y, todavía más, que ese mismo hombre sea un potencial acosador y/o manoseador de mujeres… El salto es cuantitativo, ¿no?

Manifestación-feminista-960x623

Independiente de que se esté de acuerdo o no, llama la atención como la psicología (y específicamente el psicoanálisis, su variante más literaria) se han naturalizado de tal forma que la gente lo usa como sustento en sí mismo. Y el problema es que, de nuevo, independiente de si la tesis tiene o no asidero, el uso de la psicología y sus grados académicos para respaldar teorías. Y eso es peligrosísimo, cuando en los medios se habla de los “expertos”. Ha ocurrido un fenómeno similar con la economía, una ciencia casi tan precisa como la astrología. Aquí puedes encontrar puntos a favor o en contra de casi cualquier cosa, pero todos sin distinción usan “la ciencia”, el “conocimiento empírico”, el “saber economicista” para sustentar sus tesis que son tan arbitrarias como la de cualquier hijo de vecino. El daño nefasto de esta peligrosa manipulación, radica en que la gente vea sus conocimientos anulados y deslegitimados, conocimientos basados en la experiencia cotidiana, o sea en su vida misma, por teorías revestidas de supuesta legitimidad científica. La psicología y la economía son armas poderosísimas de control social, porque pretenden naturalizar prácticas y conocimientos que son históricos, no naturales. No hay nada de “natural” en tal o cual modo de producción, así como no hay nada de intrínsecamente bueno o malo en el comportamiento humano.

En estas dos breves reseñas hemos podido dejar en evidencia el afán de superioridad intelectual progre y la ceguera de mantener constantes las variables socioeconómicas, sólo alterando la versión machista. Si bien no negamos que debe ser incómodo para muchas mujeres moverse en estas condiciones (podríamos sumar el ya cansino tema del ‘acoso callejero’), no se puede sino sentir rechazo hacia esa pseudo izquierda (porque es un discurso que viene desde personas que se llaman izquierdistas) que se alinea con el poder Estatal para reprimir, criminalizar y hasta encarcelar a los mismos que llaman “pueblo”. Es políticamente correcto concebirse como izquierda, cuando la mayoría de quienes lo hace son en estricto rigor liberales. Y no hay problema, está bien que exista gente que crea en el individuo y que los problemas se solucionan con leyes. Pero ser de izquierda es otra cosa, es cuestionar el tipo de reproducción de la sociedad, como ésta se organiza productivamente. Vivimos tiempos violentos, pero la principal violencia no está ni en sentarse con las piernas abiertas ni en llamar con adjetivos femeninos a los rivales del fútbol, está en el tremendo atraso en justicia social y económica de este país. Ese es el pilar de todos los males.