Muchos tenemos recuerdos de navidades horrendas, la mayoría a causa de la pobreza en que vivimos cuando niños. Y otras, arruinadas por el azar. Como aquella en que nos levantamos temprano a jugar con los regalos y por accidente quemamos el árbol y los regalos de los demás, fingimos un robo y echamos la culpa a un ladrón… Oh wait, aquello es un capítulo de Los Simpsons. Como sea, hemos hecho un listado de algunas de las peores navidades, basados en recuerdos propios y ajenos:

– Les pasó a muchos de mi generación. Varias nochebuenas en que simplemente el Viejito Pascuero “se olvidó” de pasar por tu casa. Tus padres fingieron muy bien su indignación. Supusiste que esos niños que jugaban con dos o más regalos en la calle, tenían por error el tuyo. Más tarde lo comprendiste: el número de tu casa se había caído. Viejo culeáo.

– Siendo todavía un niño, no recibiste un puto juguete como regalo. En cambio, tus viejos, haciendo un esfuerzo sobrehumano por entregarte un presente simbólico de su amor, consiguieron darte un pequeño regalo. Abriste el sobre ansioso por ver el contenido, rompiendo el papel con vehemencia. Hubiéramos pagado por ver tu carita al descubrir lo que era: una toalla, probablemente estampada con un tigre o una mujer semidesnuda. La recibiste con resignación, y pasadas las doce saliste a jugar con ella fingiendo que era la capa de superhéroe. Ese recuerdo te marcó para toda la vida. Le ganaste a la vida, campeón.

homeless-pobres-del-mundobp27-580x386Probablemente es la imagen más parecida al Viejo Pascuero de tu infancia.

– Ni siquiera tuviste la suerte de que Santa se olvidara de pasar por tu casa, porque… ESE AÑO NO HUBO NAVIDAD. Tus padres prefirieron evitarte una nueva decepción en la vida, y suprimieron completamente la Navidad ese año. No hubo árbol, cena y menos regalos. Ni siquiera es parte de tus malos recuerdos, porque simplemente ignoras que esto pasó.

– Primer juguete grandioso de tu vida: un auto radiocontrolado. Es el mejor juguete que recibiste nunca, y probablemente muchos lo miraron con envidia aquella nochebuena. Daba igual, eras generoso y dejaste jugar a tus amigos y primos con él. Pero no contabas con que tus papás no podrían comprarle pilas indefinidamente. Cuando se agotaron las pilas por segunda vez, NUNCA volvieron a comprárselas. Terminaste desarmando el auto con un desatornillador. Nunca volvió a funcionar, pero daba lo msimo.

¿Tienes otros recuerdos de navidades culeadas? Comenta y comparte tus recuerdos dolorosos sobre este día.