Mucho se dice de este día de los enamorados: que el consumismo nos consume, que los solteros sufren, que la friendzone reina entre seres que no son dignos de reproducirse y que vivirán solos por la eternidad. Pero ¿quién fue el tal Valentín? ¿Era Valentín alguien que profesaba amor al mundo?, ¿era un hombre dentro de sus facultades mentales?, ¿era un alien?, y más aún ¿por qué el tal Valentín es asociado a los enamorados? Es probable que ninguna de esas preguntas tengan respuesta jamás. Pero aquí intentamos dilucidar su origen secreto.

A ver, tenemos que remontarnos a siglos atrás en un continente muy, muy lejano. Valentín – aún no era un santo – al parecer vivía, por aceptación popular, en Roma en el siglo III o IV. Este hombre era un sacerdote y como todo sacerdocio está destinado a morir casto. Valentín casaba soldados a escondidas del Imperio Romano, Imperio que tenía prohibido el santo vínculo a su ejército. Mientras que el segundo umbral para su leyenda fue su función como acompañante espiritual para personas caídas en desgracia, sobre todo personas destinadas a la ejecución y el martirio. El tipo era más bueno que Don Francisco.

El día de los enamorados se remonta a una festividad pagana: Lupercalia, fiesta en que el desenfreno y la lascivia honraban a la fertilidad. Celebración que se hacía cada 15 de febrero; los hombres honraban a Luperco, quien evitaba que los lobos hicieran mella en sus manadas de ganado. En Lupercalia, se sacrificaba un perro y algunas cabras, para finalizar la ceremonia, corrían casi desnudos en busca de mujeres, a quienes golpeaban en la espalda con cintas de cuero. También había otra celebración a inicios de febrero, en la que los jóvenes de la ciudad ponían un billete con su nombre en una urna, llegado el momento, tomaban al azar entre  estos trozos de billetes los nombres de jovenzuelas, las escogidas se transformaban en compañeras sexuales de los afortunados. Algo mucho mejor que regalar chocolates, claro está. El pasado era más simple.

Estas dos fechas, un siglo después, se aunaron gracias al Papa Gelasio I, cambiando la fecha al 14 de febrero y poniendo como eje al buen Valentín, que había sido venerado por ser tan bonita persona.

Vamos, ¿qué relación hay entre un sacerdote buena onda y celebraciones dementes de las que gozaban los romanos?, simple: aliens y la maquinación del Nuevo Orden Mundial a manos de marcianos y su confederación galáctica.

Valentín apareció en escena en plena crisis imperial romana, siglo III, momento perfecto en que los visitantes del espacio eligen para iniciar sus maquinaciones; ya lo hicieron el 11 de septiembre del 2011, el de 1973 y el día del fallo de La Haya.

Valentín era un infiltrado en nuestro planeta que se encargaba de marcar parejas jóvenes, ‘casándolos’ para que así no pudiesen escapar a su designio: sondas y abducciones. Fue así que, durante años, el nefasto Valentín, logró abastecer a curiosos seres de tres ojos y piel escamosa. Hasta que el imperio romano logró descubrir sus artilugios decapitándolo (única forma de eliminar extraterrestres), los marcianos, en tanto, hicieron que Valentín vagara como espíritu por la tierra y así utilizarlo como un Gran Hermano del más allá que vigilara a los marcados. Así se inició una larga vida de mitos y leyendas en donde el malvado Valentín era una buena persona. Quien era secretamente adorado en las fiestas paganas romanas ya descritas: la Lupercalia era una de ellas. Luperco y Valentín eran uno solo. Resulta que durante el tiempo en que sirvió a los seres espaciales: marcianos por sobre todo, creó una pequeña congregación para que le adorase, don Valentín era el vínculo entre los celestiales y los pobres humanos. Que se sepa. Luperco/Valentín, entonces, gracias a su espíritu vagante defendía a sus adoradores, en cambio, pedía que sus perversiones fueran hechas. Un campeón.

Valentín se transformó en santo gracias a presiones de marcianos en las cúpulas de poder. Pero resulta que el Vaticano, en un intento desesperado y tonto de evitar el régimen extraterrestre, desterró la celebración en 1969. Gran error. Desde entonces Valentín, incansable servidor de las huestes que manejan el Nuevo Orden Mundial, ha intentado a través del marketing y de poetas de poca monta el anhelado sueño de obnubilar al mundo a punta de amor y regaloneos entre parejas. Ese amor que tanto proclaman no es más que una herramienta de control: el primer paso para la dominación. San Valentín, incansable peón de los poderosos no descansa.

Está ustedes en creer y prevenir este mal, como humanos debemos prevalecer: no se amen.

Llegó el día de Valentín, te lo dice tu amigo David. ¡No olvides el chaleco antibalas!