Por Deidio

Schadenfreude es la palabra germana que, según san internet, define aquella alegría, el disfrute, el gozo de observar la desgracia del prójimo, quien quiera que fuese este.


Pero nadie es tan malo como para alegrarse de la desgracia ajena. Claro que no. Ahí tenemos la Teletón, que más que ayudar a niños y jóvenes con enfermedades invalidantes, sirve para demostrar a nosotros mismos y al resto, que somos empáticos y tremendamente solidarios con quienes lo necesitan. Usando como vehículo el morbo y esa autocomplacencia de decir: ‘hey, al menos yo puedo caminar e ir sin problemas a la esquina a comprar pan’.

La cámara enfoca a una señora llorando junto a su esposo, primerísimo primer plano. El espectador se siente bien depositando mil pesos y suspira al pensar el bien que le está haciendo al país.

Aparte de ese motor morboso, hay una especie de alivio al observar a otro sufrir y verse a sí mismo como un ente despojado de problemas.

Todos esperan ver caer al de arriba; al cuico, al político y al famoso personaje de la tv. Todos esperan que de un día a otro se derrumben esas figuras de oro que están sobre ellos.

Ver al cuico humillado; pobre y sin que nadie lo acompañe, ver al famosillo lagrimeando y sollozando en pantalla; ambos serán puntos fijos de burlas y delirios homicidas, para luego, salir a defender perritos que se pierden por la calle.

Y no me paro sobre un púlpito a escupir valores, yo también espero ver al poderoso caído y vomitado, descansando junto a vagabundos con rasgos de violador.

Siempre estarán ahí las burlas eternas a Piñera, además.

Y así, ejemplos sobran: la señora en la calle que se cae de bruces, el pobre y ciego que toma un micrófono en medio de un paseo peatonal a cantar. Todos son motivo de burla. Su miseria nos es graciosa.

Cosa que no deberíamos ocultar. Porque aunque las personas se hagan las buenas, no lo son. Ahí está ese dictamen del dios occidental, uno de ellos ordena no matarnos; seguro si no estuviese escrito ahí todos desparraríamos balazos como en las poblaciones.

Y está bien, somos mejores que ellos y por eso merecen nuestra burla. Tenemos miles de formas de resarcir eso: inscribirnos en un Techo para Chile, donar diez pesos a esas niñas que piden en la calle a cambio de un sticker que pegamos en nuestro pecho, o comprar cervezas que estén afiliadas a la Teletón.

No hay nada de malo en burlarse de la gente en desgracia, por algo los alemanes inventaron la palabra; debían de encontrar una frase que hiciera sentido cuando el olor y gritos desde los hornos les causaba risa.