Señor Gumucio:

Yerra usted en reiteradas oportunidades a la hora de cuestionar el por qué existen personas que se avocan a cuidar de mascotas a la hora de la catástrofe.

Pero antes de entrar a eso, vamos a ver por qué le insultan tanto y por qué la “intolerancia verde” agarró con usted.Le informo, Señor Gumucio, que usted no es un desconocido. Creo que ha publicado no pocos libros, y tiene privilegiada tribuna en no pocos medios de comunicación. Lo teníamos en alta estima; mal que mal usted escribía en The Clinic cuando era barato y divertido, y hacía sketches en Plan Z, que diez años después se seguían repartiendo entre liceanos medio a escondidas. Por eso usted no puede esperar que sus opiniones pasen desapercibidas. Por eso que usted no puede lanzar una generalización así, tan al cuete.

Le informo, Señor Gumucio, que no se trata de jóvenes de altos ingresos que busquen sublimar y negar la existencia de un severo problema de inequidad, y si me apura, de conflicto entre clases. De hecho, bastantes personas de modestos recursos nos sumamos a la causa de cuidar “perritos y gatitos”, y cuanto no tenemos, al menos nos alegramos de que alguien se haga cargo. Por que también sufren. Por que no son latones de zinc ardiendo. No son cosas inertes.

Una cosa no quita la otra. Claramente hay problemas de información y canalización de la ayuda, pero créame que comida a los humanos no les va a faltar. Además que las verdaderas soluciones tienen que venir de la mano de iniciativas estatales que van más allá de las posibilidades de unos cuantos estudiantes. ¿Qué quiere, que arreglemos la desigualdad en una semana cuando no nos dejan ni hacer una Asamblea Constituyente?

Además también hay cuestiones emocionales de por medio. ¿Usted cree que las personas de los cerros no extrañarán a sus mascotas? ¿Usted no cree que hay quienes se encuentran devastados por perder a su fiel mascota entre las llamas, por no poder dar con ellas y poder huir de las llamas? Si quiere entrar a la arena de discutir sobre si los animales merecen tanta atención en tanto seres morales, entonces también dejemos a los bebés a su suerte, total, tampoco pueden discernir.

Además, lo felicito a usted, puesto que nunca tuvo carencias afectivas. Qué bueno que usted nunca haya tenido como único consuelo después de un día de mierda la incondicionalidad amistad de un perrito o un gatito, que se acurruca con usted en medio del frío. Al menos yo he encontrado, hasta en los momentos más aciagos, en aquellos en que solo teníamos un octavo de marraqueta para compartir, cariño incondicional en mi gato, que aun con aquel hambre nos apaciguó a ambos con un ronrroneo para esperar a que pasara el trance difícil. Qué bien por usted, que siempre ha tenido apoyo incondicional, redes de apoyo y nunca, nunca la ha pasado mal. Bacán, señor Gumucio. Pero deje a la gente que sufre hallar al menos consuelo en un animal.

Si no, tal parece que hay mucha más humanidad en un solo gatito que en toda la progresía que brinda con licores caros en el Bar The Clinic.