Cuando era pequeño era fanático de Éxito. Por eso lloré y quise suicidarme el día que cancelaron ese programa. Pero eso no fue todo: cuando comenzaron a dar Venga Conmigo me hice un seguidor obsesivo. Grababa cada capítulo, sin falta. Gastaba grandes sumas de dinero en casetes vírgenes, intentaba usarlos en LP, pese a que la calidad de imagen se deterioraba, con tal de tener cada emisión de Venga Conmigo en mis archivos. Alguna vez, en la inopia, llegué a ceder y decidirme en aceptar el guardar registro sólo de audio, en casets que colocaba en una radio y un micrófono pegado al parlante.
Aquella afición lindaba con la obsesión, y resultó ser la verguenza de la familia, y la que gatilló su fin. Un domingo, en desesperación por no encontrar dónde grabar, tomé por accidente las cintas de porno que mi padre guardaba en secreto y las sobreescribí. La revelación del hecho hizo que el matrimonio de mis padres terminara. Pero a mí no me importaba: yo sólo quería tener la rutina de Carlitos Núñez Núñez en mis archivos.

Con el tiempo me olvidé de todas estas obsesiones. La vida se puso seria, la crisis asiática desoló el entorno, las responsabilidades se hicieron más pesadas y no había tiempo para mirar la televisión. Eso, hasta que hasta hace unos días encontré un reproductor de videocasetes desechado en la calle. Funcionaba. Encontré los videocasetes.

Los fui viendo uno por uno, recordando, volviendo a masticar esos grandes momentos de locura y delirio. El Pollo Fuentes en el Monumental, sodomizando en sintonía al remedo de Rafael Araneda. El Malo siendo malo. La Generación 2000, qué tiempos. Yo quería ser uno de ellos, guapo, apuesto, varonil. Me compré una capturadora de video. No podía dejar que esos recuerdos se quedaran en los casets.

Un día decidí que sería buena idea subir esos archivos al youtube. De a poco la gente me comenzó a mandar mensajes de apoyo y felicitaciones, porque todos tenían fragmentos de repeticiones breves y no programas completos (con comerciales incluidos), por lo que mis más de doscientas horas de grabaciones eran una joya. En torno a eso se comenzó a generar una pequeña comunidad con la que intercambiaba correos, con la cual logré salir de mi aislación autoimpuesta que comencé desde el fallecimiento de mi madre y pasé a cobrar la pensión por discapacidad.

Sin embargo, todo se derrumbó cuando, ayer, a las cuatro de la mañana, vi que en un canal de cable estaban comenzando a pasar los capítulos de Venga Conmigo ¡Completos! ¡Y en alta definición! ¡Jamás podré competir con eso! ¡Estoy ruinado! Golpeé con el puño la pantalla del televisor. La sangre mana de mis muñecas. Mi vida se ha roto en mil pedazos, y juro que alguien pagará por ello, aunque sea con boletas falsas.