Mendocinas

En los últimos días hemos visto el impacto que causó el asesinato de dos viajeras que pasaban sus vacaciones en Montañita. En un mundo donde la información viaja a velocidades que en décadas atrás era inimaginable la respuesta de la sociedad ha sido inmediata: Cartas donde supuestamente la victima relata lo que ella ve desde el más allá, artículos y columnas de opinión tratando el tema, memes, pancartas, etc. El gran culpable al cual apuntan los dardos de los hechos ocurridos en Ecuador es el patriarcado ¿Será tan así?

¿Viajar seguro es un Derecho? 

Partamos con lo más sencillo de todo este asunto. Más allá de que los hechos siguen siendo un total misterio y se esta llevando una investigación a cabo, de mala manera, con una gran presión político-social, nos enfocaremos en uno de los puntos que mas se ha visto en pancartas y toda forma de manifestación digital: “Tengo derecho a viajar segura” ¿En serio?

Desde hace siglos viajar ha sido un riesgo de por sí, sea por aire, mar o tierra emprender el camino a un destino  implica una serie de riesgos. Ningún estado tiene la capacidad para desplegar una ruta 100% segura con mecanismos suficientes para prevenir cualquier hecho delictivo que se pueda suscitar. Por tanto la respuesta a la pregunta en el subtitulo es un rotundo y frío “No”. Ahora, hay diferencias si eres alguien con la suficiente capacidad adquisitiva para comprar un paquete de viaje con las suficientes garantías y estas mismas aseguren que los riesgos disminuyan en gran parte. Los incumplimientos claramente pueden tener una respuesta en la normativa de consumidores de cada País o el contrato mismo. Aún así, ningún estado ni comunidad suficientemente informada y carente de visión patriarcal pueden asegurar un viaje donde los riesgos se vuelvan un mito.

Los riesgos van desde un simple accidente hasta sufrir un hecho delictivo. Claramente las víctimas de Montañita sufrieron la peor situación donde perdieron la vida y, presuntamente, un ataque sexual. Pero, evidentemente,  esto pudo suceder estando solas o con hombres, la situación de vulnerabilidad se multiplicó debido  a que los supuestos victimarios aprovecharon la situación de desventaja física en que se encontraban, pero ahondar en que fue un delito donde se les ataco solo por ser mujeres me parece un aprovechamiento comunicacional por parte de determinadas agrupaciones feministas y, a la vez, la clásica sobrerreacción a la cual nos tienen acostumbrados las redes sociales.

La problemática de los delitos sexuales

El problema no es que los delitos sean realizados por hombres que buscan dañar a mujeres por ser mujeres. El problema es que vivimos en una sociedad donde reina la desinformación en cuanto a educación sexual, subordinado esto a un sin fin de intereses (religiosos, políticos, etc.), con graves problemas de desigualdad y acceso a instrucción de calidad. Sumado a lo anterior podemos nombrar la carente preocupación e incapacidad de los estados de enfrentar las cifras de trastornos mentales asociados a este tipo de hechos . Es cosa de ver estadísticas respecto a delitos sexuales en Ecuador:

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http://www.elcomercio.com/actualidad/denuncias-violaciones-ecuador-estadisticas-abusosexual.html

Dentro de estas cifras no solo encontramos delitos contra mujeres, sino también contra niños sin considerar género ¿De qué manera entonces enfrentamos estos Delitos?

Un artículo de investigación de la revista chilena de neuro-psiquiatría titulado: “Percepción parental temprana y experiencias del desarrollo en violadores” (http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-92272010000300002) señala lo siguiente:

“De nuestros datos se deduce que si bien este tipo de agresores provienen mayoritariamente de familias desestructuradas y disfuncionales, parece ser que la experiencia temprana para el futuro agresor no se manifiesta específicamente por la presencia de agresión sexual, sino por un contexto generalizado de abuso físico y psicológico donde el que el padre es consistentemente percibido como figura principal de abuso (apareciendo en algunos casos la madre y otras figuras familiares).

Estos resultados concuerdan con las investigaciones que han observado disfunciones parentales en las familias de origen de agresores sexuales, y relacionado el comportamiento delincuencial agresivo y sexual con experiencias tempranas como el maltrato infantil, las agresiones sexuales, la violencia intrafamiliar y el abandono parental, entre otros. Ryan et al, ha caracterizado el entorno familiar de los agresores sexuales como dañino para el establecimiento de relaciones interpersonales tempranas.”

De aquel fragmento podemos deducir que la constante generación de agresores sexuales no va de la mano con una sociedad patriarcal, sino que con una sociedad donde abundan familias disfuncionales en que las personas simplemente buscan forjar hogares con el mero objeto de ser aceptados socialmente. El problema es mucho más que una cuestión de género. Es un asunto donde debemos ver más allá e identificar donde estamos fallando y aglutinar las preguntas correctas frente a la problemática. Si me preguntan a mi es en la educación que entregamos a nuestros hijos, donde estos son meros trofeos y superponemos nuestros egos (preocuparnos por parecer los mejores padres del mundo compitiendo con otros)  por sobre la entrega de valores que prioricen la proliferación de comunidades con un mayor nivel de empatía por el resto. Si no tenemos la capacidad de poder ser personas que puedan sostenerse a si mismos ¿Por qué pretendemos poder sostener familias si finalmente generaremos un hoyo negro de carencias? Mejor es ser honestos y simplemente no embarrarla, usar métodos anticonceptivos y evitar generar más miseria. Pero bueno, esto no es mas que una visión utópica.

¿Por qué victimas calificadas?

De la mano con lo anterior, nos llama enormemente la atención el caso de las víctimas de Montañita por una cuestión meramente estética: jovenes, lindas, con un futuro por delante con ganas de conocer el mundo. Pero día a día personas son víctimas de violencia en sus hogares o en la calle y somos incapaces de intervenir porque simplemente no nos interesa esa gente. Pues claro, es gente fea, las tildamos de flaites y nos sentimos superiores a ellas ¿Como vamos a ser empáticos si no quiero que existan? Sí solo me preocupo de parecer shuer del pueblo, pero en verdad odio a toda esa gente.  Me preocupa más que el viejo ordinario de la construcción no me piropee que solicitar una inversión mayor por parte de los servicios del estado para prevenir la agresión física-psicológica  que sufren mujeres y niños en riesgo social.

Por otro lado, llega a ser atroz ver cartas en cadena donde se interpreta el papel de la víctima diciendo cómo se siente por lo que pasó. El mismo hecho parece ser transformado en un show pobre de circo donde en vez de generar mayor aprendizaje sobre el asunto se genera un rechazo per se.

Pero bueno ¿Qué más podemos pedir? ¿Vieron el caso de la mujer que cortó la cabeza de la niña que cuidaba en Moscú? ¿Hubo bulla por este caso? ¿Se imaginan hubiera sido un hombre el que cortaba la cabeza de una mujer de mas edad? ¿Conocen el movimiento de neofeministas decolonialistas? Les dejo el link: http://www.latercera.com/noticia/mundo/2016/02/678-670281-9-mujer-es-detenida-en-moscu-por-pasear-con-la-cabeza-de-una-nina-que-mato.shtml

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Seamos mas honestos: Culpar al patriarcado es una pildorita intelectual bastante cómoda. Simplemente vivimos en un mundo profundamente enfermo que no sabe comunicarse ni hacerse las preguntas correctas para enfrentar sus problemas y mientras sigamos así vamos camino a la autodestrucción.